Luz Entre Las Sombras




Luz Entre Las Sombras
Extraordinario texto en defensa del individuo, en tiempos de oscura desesperanza.

Las celebraciones por el 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre) tuvieron, en nuestro país, ingredientes diversos. La Defensoría del Pueblo lo celebra con un festival artístico en la Plaza San Martín, en donde fue premiado el padre Hubert Lanssiers, ese sacerdote belga que lleva varios años en el Perú y que desde hace varios meses brega por liberar personas injustamente presas por terrorismo. Un día antes, en la Universidad del Pacífico y durante una nueva versión de Intercampus, Lanssiers leyó este "alegato en defensa del indivduo", acaso una de las reflexiones más intensas y comprometidas que, sobre la dignidad humana, se han escuchado en los últimos tiempos.

Mirada serena y profunda lucidez. El sacerdote belga se declara un obsesionado con la dignidad humana.

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PADRE HUBERT LANSSIERS

HACE poco, Carmen, a la vez absuelta e indultada, salió de Chorrillos después de haber gozado, durante 4 años, de la hospitalidad del Gobierno; era un sábado de garúa, una mañana de perros mojados. "Pon tus dedos en la tinta y firma aquí" le dijeron. Ni un "adiós" ni un "que te vaya bien".
María había perdido la razón en la cárcel y por esto no podía ser juzgada. Al cabo de 10 años, aprovechando un momento de lucidez intermitente, la presentamos a una audiencia; mandaba besitos volados a los jueces atónitos, que nunca habían recibido tantas muestras de afecto. Fue absuelta.
A causa de un papel que se había extraviado la devolvieron a la cárcel, luego a la división de requisitoriados, de ahí a la Dincote y finalmente al Palacio. Allá la fui a rescatar. Estaba sentada en un rincón, como un bultito olvidado por su dueño; vivía en un pueblo joven del Callao y reconoció su casa por un sauce, que había plantado en la época en que un árbol en el terral de Gambeta era una curiosidad. Un vocal después dijo: "Esta mujer debe ser muy importante para el P. Lanssiers ya que él mismo la vino a buscar". Tenía razón: María era única para mí, para él era un paquete sin destinatario.
El gerente de una gran empresa de Lima convocó al jefe de personal y le ordenó "liquidar" a 60 empleados; había que "desengrasar" la compañía. Los despedidos lloraban con esas gruesas lágrimas que no son agua sino sangre del corazón. Efectuada la purga, el gerente se dejó "conmover" por los nuevos desempleados. Les propuso volver, pero desengrasando su sueldo anterior en 40%. Todos aceptaron.
Creo que hemos ingresado en el tiempo del desprecio.
Al individuo se le ha quitado todas sus aristas para que quepa en una especie de clasificación mineralógica. La gran Computadora Madre, que rige los Cielos y la Tierra, no puede introducir en su esquema matemático este ser eminentemente desordenado que es el individuo con sus angustias y sus lágrimas. Ahora son los indicativos macro-económicos -inflación, divisas, déficit presupuestal, crecimiento- los que han tomado el carácter de imperativos absolutos, a los cuales todo tiene que ser sacrificado.
El mercado define lo verdadero, lo bueno, lo bello y lo justo. Las leyes del mercado son las nuevas tablas promulgadas en el Sinaí de Wall Street y exigen una sumisión incondicional. Es un nuevo totalitarismo con sus dogmas, sus sumos sacerdotes y sus verdugos.
Los amos del mundo nunca han sido tan poco numerosos, ni tan despiadados y brutales. La acumulación inmediata de riquezas fabulosas ha sido propuesta como modelo a seguir; los tramposos han sido adulados. La revista Nikkei señala que entre los diez capitanes de industria más ricos del Japón, sólo tres deben su fortuna a una economía real, los otros siete son especuladores. Es la apoteosis de la economía-casino.
Vivimos en un período de rupturas, de recomposición de las fuerzas geo-estratégicas, y de las referencias culturales; alarma y desconcierto toman el lugar de la gran esperanza que suscitó el "Nuevo orden mundial", muerto al nacer.
Frente a estos cambios que pulverizan las bases de su existencia, la gente tiene un miedo insidioso y no logra identificar al adversario; se siente amenazada por el orden y el desorden, por los dinamismos opuestos de fusión y de fisión. La cultura, que es la conciencia que tiene el hombre de su sitio en el Universo, se desmorona, los ciudadanos tienen la impresión que los Estados, aprisionados en estructuras arcaicas, están coludidos con un sistema que hace su desgracia. La racionalidad zozobra y los náufragos se agarran a cualquier salvavidas. Probablemente por eso pululan sectas milenaristas por doquier.

Lanssiers durante la década del '70 desembarcando en Camboya. Su experiencia en éste y otros lugares templaron su pluma y su carácter.

El problema consiste en saber si el hombre ha muerto o no. Como se preguntaba Malraux, de lo cual Paul Válery le hizo eco diciendo: "Nos habían contado de mundos enteros desaparecidos, de Imperios que se fueron a pique con todos sus hombres y todas sus máquinas, engullidos en el fondo inexplorable de los siglos con sus dioses y sus leyes, sus academias y sus diccionarios. Constatamos ahora que el abismo de la historia es lo bastante inmenso como para contener a todos. Una civilización tiene la misma fragilidad que una vida."
La economía entra en contradicción con la cultura y la democracia parece haber olvidado la advertencia de Queneau: "La meta de toda transformación social es la felicidad de los individuos y no la realización de leyes económicas ineluctables".
Después de la "Revolución de terciopelo" en Praga, Václav Havel se atrevía a afirmar que la Historia y la Moral se reconciliaban, que había llegado la hora de construir esa sociedad basada sobre las virtudes democráticas, en la cual las metas esenciales no serían las ganancias y el poder sino el sentido de la comunidad y el respeto del otro. Efímero instante.
En la misma Europa de Havel estalló la Guerra de Bosnia con sus 140,000 muertos, 70,000 mutilados y 3 millones de refugiados.
Todo esto se parece a un abultado catálogo de cataclismos, que uno puede hojear con mirada distraída. Toma, sí, un sentido desgarrador cuando nos atrevemos a buscar, detrás de las estadísticas, el rostro ensangrentado de cada víctima.
Al contemplar la realidad desde la lejanía de Sirio o Alfa Centauro sólo se distingue los conjuntos y los detalles se disuelven en la masa. Son estos detalles los que hay que contemplar. Es el individuo a quien tenemos que rescatar del anonimato de las categorías que borran su identidad. No soy un entomologista de las ciencias sociales o económicas, sólo pido que éstas reconozcan su vulnerabilidad y tomen conciencia de que son un medio y no un fin.
El neoliberalismo salvaje, nos devuelve a la época de Dickens. Por otra parte, Lionel Jospin, primer ministro de Francia, advierte que hay pocas razones para creer que el socialismo, concebido como modo de producción específico, tenga un porvenir.
Estas constataciones nos invitan a imaginar un modus operandi que tenga como meta primordial el respeto al individuo. Es difícil reconciliar el orden indispensable con un no menos indispensable margen de libertad, pero hay pocas cosas que la humanidad no pueda lograr si no está animada por una pasión lúcida. En suma, es una nueva mentalidad la que tenemos que promover más allá del inmovilismo conservador de la derecha o de la izquierda.
La misma democracia, tan vinculada a los Derechos Humanos, sólo representa la dimensión social de la vida humana y si no está dinamizada por una tensión que la proyecte más allá de los límites de su definición etimológica corre el riesgo de estancarse en una especie de colectivismo. Considerar al hombre como simple elemento de una categoría lo achata y lo asfixia.
Finalmente, lo que pido, no es mucho. Simplemente que todas las instituciones, grandes y pequeñas, nacionales e internacionales, sean un poco más atentas al sufrimiento humano.
Habría que relativizar las grandes visiones estratégicas y practicar la política de lo cotidiano, de los "pasitos" como lo preconiza el nuevo canciller alemán Schroder.
Quizás surgirá un nuevo Prometeo que robará el fuego a los dioses y quizás se levantará en América Latina, este continente lleno de congenialidad y de alegría de vivir, a pesar de todas las circunstancias adversas. Este continente desordenado por cierto, pero no olvidemos que el orden no crea la vida; es la vida la que crea el orden.