
Tembló Bagdad
Nuevamente, desde la cúspide de su poder casi omnímodo, Estados Unidos, en alianza con Inglaterra, se erigió en árbitro de la paz mundial y, saltando olímpicamente por encima de la ONU, desató una lluvia de misiles sobre el Irak del díscolo Saddam Hussein. ¿Existía, en rigor, un riesgo para la región si no se procedía de esa explosiva manera? El asunto tiene todavía muchos cabos sueltos y una sola mecha prendida.

La artillería norteamericana despegando en las inmediaciones del Golfo Pérsico. Los misiles destruidos por la UNSCOM (seguido) no atemperaron la desconfianza en Hussein y, al final, provocaron el sufrimiento de un pueblo que vive entre la represión y el temor a la agresión externa.
¿Valía la pena esta cruzada misilera? De acuerdo a Calderón, quien ha participado en numerosas reuniones sobre desarme, hay varios problemas que considerar. Uno de ellos es que se puede controlar, de manera relativamente eficaz, las armas químicas y biológicas almacenadas, mas no así su producción y desarrollo.
Durante la Guerra del Golfo y luego con las inspecciones de la UNSCOM se procedió a destruir almacenes y vehículos de lanzamiento, al punto que hay fotos de cómo se desactivan misiles Scud que poseía Irak. Pero nuevas provisiones de armas químicas se pueden preparar, de manera encubierta, en fábricas de fertilizantes o en industrias farmaceúticas. El control de los insumos es igualmente problemático.
Peor aún ocurre con las armas biológicas, cuya elaboración puede ocurrir en pequeños locales, en ocasiones aprovechando las investigaciones médicas. Si se quiere controlar el cólera, por ejemplo, se tiene que aislar el virus, pero alguna mente siniestra puede abrigar la idea de usarlo con fines militares. No se necesita de un local inmenso para hacerlo.
Ahora bien, debido a los controles de la ONU y a los golpes militares recibidos por Hussein resulta improbable que cuente con un arsenal profuso de estas armas. La sospecha es que ellas están escondidas en los varios palacios presidenciales que, se dice, tiene el dictador, pero es difícil saberlo. Hasta en el patio trasero del palacio principal podría estarse preparando uno de esos cocteles mortales.
Resulta sí evidente que la labor de la UNSCOM no fue infructosa durante 8 años, más aún en el tiempo que estuvo al frente de ella el sueco Rolf Ekeus, a quien se considera más cauto que Butler. Hoy, tras el bombardeo, lo primero que ha surgido es la propuesta de renuncia de este último, y un oscuro pronóstico para inspecciones futuras.
¿Para qué hacerlo, argüirá el gobierno iraquí, si la operación"Zorro del Desierto" ya destruyó lo supuestamente escondido? La consecuencia más próxima podría ser el fortalecimiento de Hussein, su unción como un líder árabe que resiste heroicamente. En el otro lado, sólo existe una oposición incorpórea a su régimen, que no da visos de ser alternativa sólida, por lo menos de momento.
Las Naciones Unidas, entretanto, han quedado relativizadas a un extremo peligroso. Con un Consejo de Seguridad sin poder, dividido. La real politik se ha impuesto, mientras la posibilidad de fabricar gas sarín o esparcir el mortal ébola no ha muerto con las explosiones. Sigue incrustado en las intenciones, aunque no haya recursos.
¿Cuántos muertos hubo? Se fluctúa entre los 73 proclamados oficialmente y los miles denunciados por Tarek Aziz, viceprimer ministro iraquí. La precisión computarizada con la que ahora se lanzan los misiles hace creíble que la operación militar haya sido, en cierto modo, "quirúrgica", aunque, según Calderón, pudo haber un margen de error de 40 por ciento.
En cuestión de vidas humanas, no obstante, contar es una herejía. Bastaría con un muerto para que, más allá de toda consideración política, quede claro que, en esta acción, no hubo ningún zorro sino hombres que fueron nuevamente lobos para el mismo hombre.