
Terremoto En Washington
...Tentempié En Lima
Dramas del siglo XXI se observaron la semana pasada en el mundo. Fuegos no tan artificiales caían sobre Bagdad casi en el momento en que se aprobaba un juicio político al jefe del estado más poderoso del planeta, por utilizar eufemismos al responder preguntas sobre su vida sexual. En Lima, el Gobierno anunciaba medidas para evadir al Sistema Interamericano de Derechos Humanos. El tiempo que se viene parece cargado de paradojas.
El presidente norteamericano en su hora crucial El pueblo lo apoya, pero los legisladores republicanos quieren su cabeza. El se niega a renunciar. Derecha: Alberto Fujimori con sólido respaldo. Tampoco renunciará, pero a su ilegal candidatura.
PARA un Perú acostumbrado, en tiempos recientes, a los abusos del poder presidencial, el uso desmedido de poder legislativo en Washington contra Bill Clinton, la semana pasada, ha tenido visos de un surrealismo futurista.
En nuestra historia republicana hemos padecido de estos excesos (durante el primer período de Fernando Belaunde, por ejemplo, la coalición Apra-UNO trabó en tal medida al gobierno que facilitó el golpe de 1968). Pero eso de acordar un proceso para destituir al Jefe de Estado por recurrir a eufemismos (ver recuadro) durante un embarazoso interrogatorio sobre sus escarceos sexuales -con una joven consentida y entusiasta- ya es otra cosa. El panorama se vuelve aún más surrealista si tenemos en cuenta las declaraciones de Larry Flint, ese magnate de la industria pornográfica norteamericana -dueño de la revista Hustler-, convertido en ácido crítico del stablishment cultural de su país. En el umbral de la aprobación del proceso contra Clinton, afirmó tener pruebas de que por lo menos doce congresistas habían cometido adulterio, entre ellos republicanos de alto rango.
Uno de los desnudados por este industrial de la desnudez fue nada menos que Bob Livingstone, el republicano presidente de la Cámara de Representantes, quien renunció a su cargo justamente al conocer que iban a ser reveladas sus aventuras extramaritales. Quiso dar el ejemplo a Clinton, dijo, aunque en realidad lo que hizo fue hacer que esta historia fuera digna de una obra de Anthony Burguess.
Si a eso se suman los disparos sobre el cielo de Bagdad, transmitidos en vivo y en directo, y en pantalla compartida con escenas en la Cámara de Representantes, tenemos un cuadro que se sitúa en las antípodas de las angustias de George Orwell en "1984". No vivimos controlados por un "Big Brother" todopoderoso, que todo lo maneja, sino, más bien, inmersos en un shock de diversidad, acaso en ese shock del futuro que pronosticó Alvin Toffler.
Hillary en el esplendor de su popularidad, a pesar de todo.
El tema de la sexualidad, como piedra angular para iniciar un juicio político, es relativamente nuevo en Estados Unidos. De lo contrario, John Kennedy habría sido crucificado. Un veterano periodista ha preguntado "¿Hemos ingresado en una era en que todo candiato debe acreditar que nunca fue adúltero?"
No se puede pensar otra cosa cuando Kenneth Starr, un procurador especial (puesto surgido en la época del caso Watergate al promover Nixon una purga en las oficinas judiciales para protegerse) gasta 40 millones de dólares -más de lo que se ha gastado hasta la fecha en la reconstrucción post-Niño- en ver cómo caza a Clinton, buscando un tema tras otro, comenzando por el caso Withewater. Lo único que parece sólido en todo esto es que los republicanos buscan vengar el caso Watergate.
Un demócrata de Nueva York dijo que el imperio de la ley se basa también en la proporcionalidad de la pena. Si a alguien, argumentó, se le sorprende manejando demasiado rápido se le multa o se le detiene, pero no se le condena a muerte. Destituir a Clinton equivale a ejecutarlo políticamente de manera injusta.
De hecho, los republicanos no tienen los dos tercios de votos en el Senado para condenarlo y es posible que entre los senadores el voto sea menos partidario. Pero aún si sólo se llega a un voto de censura, como parece que ocurrrirá, la pena para Clinton es equivalente a la de quien cometió un crimen monstruoso.
Bill Clinton necesitará mucho más que un paracaídas para amortiguar los golpes que le quieren propinar los conservadores por su "relación impropia" con Mónica Lewinsky, una muñeca de carne y hueso pero sin escrúpulos. En las próximas semanas se verá si la sociedad norteamericana es capaz de digerir sus propias fobias y si los republicanos se quitan finalmente la máscara.
En tanto esto ocurre en el agitado Washington, en el Perú el Congreso, con gran desfachatez, parece marchar hacia la aprobación de una ley que, en términos prácticos, ignoraría los dictados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al hacerlos pasar por el tamiz del Poder Judicial. Asunto que, todo indica, contará con el beneplácito de nuestros conservadores locales, que hoy despotrican contra el presidente demócrata.
El resentimiento contra los políticos "progres" se ve aquí y allá, a pesar de que Al Gore, un hombre que está todavía más a la izquierda de Clinton, podría resultar una desagradable sorpresa para las derechas universales de prosperar el "impeachment". En Lima, columnistas como Patricio Ricketts, quien ha asumido la defensa ultramontana de Pinochet, probablemente se tocaría de nervios.
El ataque a Irak, ya consumado y presumiblemente "quirúrgico", tuvo una previsible aprobación en la opinión pública norteamericana (más del 70%) y tampoco sirvió de argumento a quienes querían destituir al "comandante en jefe en tiempos de conflicto". Resulta simplista pensar que Tony Blair y Gran Bretaña se comprometieran en la acción sólo por salvar un problema, al fin de cuentas, personal de Clinton.
Dos escenas: el presidente norteamericano, después de que parecía haberse secado unas lágrimas, salió al jardín de las rosas de la Casa Blanca del brazo de su esposa Hillary, para decir que no renunciará y que seguirá gobernando durante los dos años que le faltan. En Lima, Fujimori, con una sonrisa, se presenta en el CAEM y no dice que renunciará a una forzada e inconstitucional candidatura en el 2000, lo que le daría 7 años más de gobierno.
En algún momento, hace ya unos meses, Clinton dijo: "I did not have sex with that woman". Es decir que "no hizo el amor con esa mujer", que no hubo coito. ¿Se justifica entonces tal crisis por una relación que ni siquiera fue como Dios manda? La única heroína de esta historia parece ser Hillary, que recientemente apareció en la portada de la revista "Vogue", con la elegancia de siempre, mientras Mónica Lewinsky hunde su destino en el chisme por los siglos de los siglos.
Filtro con Finta
Maroma del oficialismo en el 50 aniversario de la
Declaración de los DD.HH., para impedir ejecución
de sentencias de la Corte Interamericana.
En vez de nombrar abogados más eficientes, ministro de Justicia Alfredo Quispe Correa enfila contra la CIDH. Al lado, Robert Goldman, próximo presidente de ese organismo, podría elevar ley Revilla a la Asamblea de la OEA. Congresista Jorge Avendaño, miembro de la Comisión de Justicia: razonadas advertencias ante disparate jurídico.
PREMUNIDO de una campanita de bronce el congresista Ricardo Marcenaro, primer vicepresidente del Congreso, inició a las once de la mañana del lunes 21 la reunión del Consejo Directivo. Pero no hubo seguidamente el esperado toque a rebato. Contra lo que se esperaba, Marcenaro informó que por la tarde de ese día la Comisión de Justicia no sesionaría. Por lo tanto el controvertido proyecto del congresista Anselmo Revilla, que en resumen propone un filtro a los dictámenes de organismos extranjeros (léase en este caso Comisión Interamericana de Derechos Humanos), volvía al partidor.
"¿No será que quieren aprobar la ley sin dictamen?", preguntó un acucioso opositor. Marcenaro sólo atinó a levantar los hombros.
Dos meses atrás, Revilla, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos, presentó un proyecto de ley que regula la ejecución de sentencias dictadas por organismos internacionales, las que deberán ser revisadas por una sala de la Corte Suprema. Es decir, esta sala, integrada en su mayoría por vocales provisionales, deberá decidir si la sentencia es aplicable o no y si es o no contraria a la Constitución.
Entonces, por cierto, ya se veía venir la reciente sentencia de la CIDH que ordena la restitución de los magistrados del Tribunal Constitucional Manuel Aguirre, Guillermo Rey y Delia Revoredo. El ministro de Justicia Alfredo Quispe Correa, ha dicho al respecto que presentará una queja ante la Comisión porque se ha vulnerado la reserva del caso. Pero lo curioso es que el fallo se remitió única y exclusivamente al gobierno.
De lo que se trata, pues, es de impedir que las resoluciones de la Comisión y de la Corte Interamericana tengan validez.
Además de este caso, la Comisión tiene en sus manos los casos de Baruch Ivcher, Leonor La Rosa y Lori Berenson, entre otros.
Al respecto el parlamentario Carlos Chipoco , sostiene que "el Perú ha suscrito la Convención Interamericana de Derechos Humanos que en su art. 67, señala que el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos será definitivo e inapelable. La única forma de aprobar este proyecto es denunciando la Convención Interamericana".
Carolina Loayza, catedrática de Derecho Internacional que siguió un proceso similar para conseguir la libertad de su hermana María Elena Loayza, injustamente acusada de terrorismo, señala que "es evidente que el congresista Revilla pretende dirigirse contra el artículo 40 de la Ley 23506. Este se refiere a que las resoluciones de la Corte Interamericana no requieren para su validez y eficacia de reconocimiento o revisión."
Loayza, asimismo, destaca que el Perú ha suscrito diversos convenios sobre protección a las inversiones, aceptando la competencia de organismos jurisdiccionales que no sean nacionales. Si se aprueba esta ley, también podría tener efectos sobre la inversión extranjera.
En opinión de Chipoco "en lugar de que sea la Cancillería la que represente al Estado, como ocurre en muchos países, la tarea recae en abogados que son asesores del Ministerio, que podrán conocer mucho sobre derecho de familia pero no conocen nada de derecho internacional".
Por lo pronto, de aprobarse este proyecto Carolina Loayza acudiría a la Corte Interamericana para que tome las acciones correspondientes porque la sentencia de reparación emitida sobre el caso de su hermana María Elena debe ser cumplida en seis meses. "Si se le comunica sobre esta situación, la Corte deberá informar a la Asamblea General de la OEA con lo que el tema se politizaría".
Al cierre de esta edición, no estaba claro si el proyecto, eximido de dictamen, se aprobaría el martes 22 en sesión del Pleno, o si lo vería la Comisión de Justicia el lunes 28. (Guillermo Gonzales Arica)
Eufemismos Intimos
Discreción e ingenio para llamar las cosas a la manera de un presidente en apuros.
" Yo no tuve sexo con esa mujer" dijo Bill Clinton a quienes lo interrogaron a propósito de sus escarceos con Mónica Lewinsky. Sin duda se trató de la estrategía abogadil para idear jerigonzas -"relación impropia" fue en su momento- que le permitieran burlar incómodas responsabilidades para con su ex becaria. Irónicamente, fue por usar este eufemismo que enfrenta juicio político.
Pero no sólo la caballerosidad (aquí también cuenta el instinto de conservación) ha hecho que desde tiempos añejos el animoso, placentero e íntimo encuentro entre hombres y mujeres -eso que algunas almas expeditivas simplifican con la palabra sexo- sea catalogado mediante intrincados eufemismos. "Hacer el amor" es el más difundido de ellos, y es que desde la aparente mansedumbre del Arcipreste de Hita hasta los desafueros de Henry Miller, muchas han sido las fórmulas ideadas. Sin ir más lejos, nuestra criolla multiplicidad de voces ensaya cada cierto tiempo un término capaz de dar noticia, entre amigos y con cierta reserva, de un feliz lance amatorio.
Las hay de viejo y nuevo cuño. Desde un García Lorca que se las llevaba al río creyendo que eran mozuelas, hasta Washington Delgado recordando que en sus mocedades "Anoche me vi con Camacho" era la fórmula obligada. Salvando las distancias, hoy basta con un escueto y marcial "Pasó por las armas", el hipodérmico "Se la apliqué", el arrabalero "Abaleamos el callejón", el matarífico "La llevé al camal", el mambístico "Hicimos liqui-liqui" (popularizado por Pérez Prado en los cincuentas y actualizado en los ochentas con "Hacer chaca-chaca"), el contable "Pasó por caja", el cosmopolita "Un buen polaco" e, inclusive, el electoral "Llegamos hasta la segunda vuelta" cuando la experiencia dio tiempo a una faena de largo aliento.
Ello, sin dejar de lado neologismos de innegable raigambre clintoniana: "Un Lewinsky" antecede a todos, sin olvidar que algunos movidos despachos de gerencia reciben hoy el significativo calificativo de "Oficina oval". Todas ellas, de uno u otro modo, conforman la festiva nomenclatura amatoria de estos tiempos. (Pedro Tenorio).