

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Muchos Candidatos,
Pocas Ideas
AUNQUE el presidente Alberto Fujimori ha tratado de arreglar en los últimos días la metida de pata del ministro Jorge Baca, los peruanos ya saben cuáles son las sinceras proyecciones del equipo económico del gobierno: mejoraremos en veinte años. Así, la profunda recesión y las sombrías perspectivas para el futuro, están haciendo volver a la realidad hasta a los más optimistas, esos que durante ocho años no se han cansado de repetir que "vamos en la dirección correcta".
A estas alturas la mayoría de peruanos ya dejó de creer en las cifras maquilladas, los pronósticos color de rosa y los titulares jactanciosos. El convencimiento que la política económica del gobierno no funciona ni sirve para mejorar el nivel de vida de la población, ya se ha generalizado en la ciudadanía.
Lo muestran las crecientes manifestaciones de protesta que se han producido a lo largo de todo el año, el extenso movimiento regionalista que ha resurgido y lo confirman todas las encuestas.
Sin embargo, todavía no aparece una alternativa clara en las filas de la oposición. A la fecha ya han manifestado más o menos abiertamente su intención de convertirse en candidatos presidenciales, por lo menos una docena de personas. Todos, sin excepción, sostienen que lo primero y más importante es el programa y las alternativas de gobierno, y lo secundario la persona. Y todos hacen lo contrario, se preocupan por las personas y no por las alternativas.
El punto es que el fracaso del programa económico del gobierno demuestra que no se trata sólo de bajar la inflación, eliminar el déficit fiscal, privatizar y abrir la economía, para empezar a recorrer el camino del desarrollo. Todo eso se ha hecho y hoy día los peruanos somos tan pobres -o más- que hace una década, las desigualdades siguen tan abismales como antes y cada vez nos rezagamos más no sólo respecto al norte desarrollado, sino incluso a algunos vecinos del sur.
En otras palabras, no se trata sólo de importar recetas simples -como se ha hecho-, sino de construir un programa económico adecuado a la realidad del país. Si bien es cierto que hay determinadas normas que hoy día se aceptan universalmente, no se pueden emplear las mismas fórmulas en Tailandia, Sudáfrica, Chile o el Perú.
Hasta ahora, que se sepa, las energías y los recursos de los aspirantes a candidatos, no están invirtiéndose realmente en elaborar una alternativa de política económica. Están orientadas en conseguir adeptos que los respalden, financiación para su futura campaña y firmas para poder inscribirse.
Por supuesto, todo eso es necesario. Pero más importante es tener una propuesta de programa económico. No sólo porque es indispensable para el país, sino porque es políticamente imprescindible para enfrentar con éxito a Alberto Fujimori.
A fines de la década pasada, Mario Vargas Llosa logró difundir con éxito, durante más de dos años, una propuesta alternativa de política económica. Aunque sus errores políticos le hicieron perder la elección, sus ideas se impusieron.
Antes, en 1984-85, Alan García había conseguido, igualmente, presentar una alternativa que fue considerada viable por la mayoría.
En las elecciones de 1995 no hubo eso. El presidente Fujimori ni siquiera se molestó en proponer algo. Pero en esa ocasión, iba montado en la ola del crecimiento, producto de condiciones externas favorables y del abuso del gasto público. Sus opositores no tuvieron ningún planteamiento distinto y atractivo en el terreno de la economía.
Hoy día eso es imprescindible. Lo sorprendente es que ninguno de los potenciales candidatos lo esté tomando en serio. Cuando alguien les pregunta algo sobre el tema, salen del paso con algunas vaguedades, en las que ni siquiera creen. La falta de convicción es inocultable y el público, por supuesto, se da cuenta.
No se trata a estas alturas de decir "el programa está bien, pero requiere algunos ajustes". O que "hay que darle contenido social". Esas son tonterías. Se requiere otra política económica. Y, para empezar, se trata de romper el temor a ser acusado de alanista, partidario de la hiperinflación y otras sandeces por el estilo.
Es falso que sobre la Tierra existan sólo dos políticas económicas, la que aplicó García y llevó al país a la crisis de 1988-90 y la que puso en práctica Fujimori, que ha hundido al Perú en la recesión y la miseria.
Desgraciadamente hasta el momento sólo hay muchos candidatos y pocas ideas. Un buen deseo de año nuevo es que la relación se invierta en 1999.
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