Al Toro Por Las Astas




Al Toro Por Las Astas
Aunque a muchos no les guste y a otros les parezcan fantasías, el Apra se prepara para un congreso que puede ser un medio democrático e inédito de relanzar a los partidos políticos.

El congreso de enero donde el APRA elegirá a su secretario general puede ser en un año electoral todavía brumoso como 1999, más importante de lo que muchos imaginan. Por lo pronto, la posibilidad de que Alan García Pérez encabece la lista parlamentaria del Apra en la contienda electoral del 2000 es aceptada en el Partido del Pueblo. Y eso nomás ya está sacando roncha.

Febrero de 1980. Armando Villanueva señalaba el camino, Andrés Townsend trazó el suyo propio poco después, Luis Negreiros prefirió la disciplina.

Escribe Raul VargasUN viejo político, al ver la inquietud que causa el próximo congreso aprista de finales de enero que elegirá un nuevo secretario general y que, incluso, puede ser el trampolín para la reaparición política de Alan García Pérez, confiesa paladinamente que "cuando el Apra causa tantos resquemores es porque se vienen grandes cambios políticos".
Nostalgias aparte, (pues estamos muy lejos de 1931, 1936, 1945, 1962, 1980 ó 1985), es sintomático que no obstante el común aserto de la muerte de los partidos y, sobre todo, de AGP, se acepte que lo que sobrevenga en el Partido del Pueblo puede ser importante para el curso de un año electoral todavía brumoso como 1999.
Cuando se habla de este partido (hasta escandalizarse porque por el contrario no se celebren sus exequias) en medio de lo que se supone es una marcha nacional inequívoca a preferir a los independientes, es señal de que una parte del electorado está atenta a alternativas políticas que supongan vertebración, ideología y un cierto equipo.
Los independientes, si se los mira como gobierno, han terminado siendo una cúpula de improvisados que se empecinan en el error sin que haya un aparato partidario que los fiscalice. Si se los mira como oposición, ocurre más o menos lo mismo: cada quien se dispara por su lado y se siente, en la hipótesis de la cancelación del shogunato de Alberto Fujimori, un virtual llamado a la presidencia.

Alan García Pérez: nadie discute que encabece lista parlamentaria,¿pero eso ayudará a la renovación del Apra? Derecha, Luis Alva, repetir el plato sin quebrar la cocina; Carlos Roca, trabajo de bases, simpatía, silencios.

Incluso un independiente con partido propio y relativamente victorioso en las ultimas justas electorales municipales como Alberto Andrade exhibe una debilidad congénita a todo conglomerado fortuito: desconoce lo que son congresos, cónclaves, consultas con las bases. Los hilos del poder son un misterio y una incógnita.
El Apra,desmedrada y gerontocrática según sus críticos, puede sin embargo darse el lujo de hacer un congreso, con delegados nacionales y exponerse a una lucha por renovar sus cuadros dirigenciales. Lo que debiera ser una práctica generalizada para acreditar, cuando menos, que el Perú tiene una clase y una organización políticas a la altura de las democracias contemporáneas.
Este congreso de enero, por otra parte, persigue el objetivo de poner al Apra en la modernidad, cosa que no es fácil, pues se trata de un partido con historia, con sucesivas generaciones de militantes, con costumbres, ritos y cláusulas no escritas que forman olas, tempestades y remansos inesperados.
Hay cuatro figuras en la contienda hasta ahora. Ninguno es enemigo del otro, como tampoco lo fueron en su momento Ramiro Prialé cuando disputó la secretaría general con Manuel Seoane, derrotándolo, en el Apra legendaria; Armando Villanueva con Andrés Townsend, Alan García con Carlos Enrique Melgar, en el Apra post-Haya de la Torre.

Mauricio Mulder, cabeza visible de la tendencia juvenil.

Jorge del Castillo, Mauricio Mulder, Carlos Roca y Luis Alva saben que en esta contienda no se fundan simonías ni escisiones, pero que cada quien tiene su perfil y sus apetencias.
En lo formal, se acepta que AGP debe presidir la lista parlamentaria del Apra, incluso por el aspecto práctico del factor "arrastre" de un candidato cuyo verbo puede aumentar el caudal en las urnas y el número de las curules.
Sin embargo, AGP, a estas alturas del debate interno, no es Haya de la Torre. Nadie osó preguntarse con respecto al líder trujillano si el APRA debería o no continuar uncida a su primacía. Lo que sí es una pregunta retintineante en el caso del ex Presidente.
Hay quienes creen que la implícita regeneración del Apra en este congreso pasa por la definición explícita de si AGP es o no el verdadero (y de pronto el único) líder capaz de acabar con la modorra y aproximar al partido una vez más al poder.
"Es legítimo que AGP aspire a formar parte de la célula parlamentaria aprista, pero eso lo tienen que decidir las bases en libre elección" señala Jorge del Castillo, marcando una distancia puntual pero significativa.
Alva Castro acepta que AGP no es un problema, que el partido apoyaría su postulación como cabeza de lista al Congreso, pero es probable que, en el fondo de su alma, sospeche que la reaparición en la escena de AGP tendría un efecto de escándalo que disuadiría a los compañeros de apoyarlo con entusiasmo desmedido.
La juventud del partido podría ser la que se incline a un deslinde más enfático con AGP. Mauricio Mulder, cabeza visible de la tendencia juvenil, sin embargo,sabe que la corriente de los jóvenes no es por sí sola suficiente, pues los viejos, los maduros y los juppies son, proporcionalmente, mayoría y estas corrientes generacionales se expresan en los delegados nacionales.

Jorge del Castillo, algo más que abogado de AGP.

Hay también el convencimiento que AGP es sólo una parte, y quizá no la más decisiva, en la tarea del renovar al partido. El horizonte del Apra,claramente, no son las elecciones presidenciales del 2000, sino las del 2005. Ahora se trata de conformar una vanguardia parlamentaria (los mejores al Congreso) y de modernizar al partido en todo aquello que sea proponerle al país una vía compatible con los tiempos que han empezado a correr.
Los supuestos del Apra para este congreso no son exclusivamente nacionales. Es decir, persista o no Alberto Fujimori en su loca idea de la re-reelección (cuando lo que va marchando en cambio es el re/rebajón), el Apra cree que tendrá una mayor representación parlamentaria y que en el futuro municipal cosechará ahora candidatos con su propia camiseta.
Lo que le parece decisivo, en cambio, son las vueltas que viene dando el mundo. Lo que anuncian los claros clarines de la política mundial es la mirada y la respuesta de la social democracia, en sustitución del liberalismo dogmático. Y el Apra es social-demócrata.
Lo que hay que hacer es reinsertarla a esa corriente que no es sólo europea, sino que también cobra cuerpo en Brasil (Fernando Henrique Cardoso se ha reunido amigablemente con Lula), Argentina tiene al Frepaso, en México el PRD avanza y hasta en Panamá derrepente la reconversión favorecerá el triunfo del hijo de Omar Torrijos. Hugo Chávez de Venezuela es un signo de interrogación porque puede ser una versión tropical del fujimorismo en lo que toca a autoritarismo pero no en lo económico.
El detalle complejo para el Apra es que estos triunfos de la socialdemocracia han implicado en cada caso una renovación interna de los partidos. Tony Blair no es sólo una superación del Thatcherismo es también una revolución en el propio laborismo, como es el caso de Alemania o de España, países en los que los dirigentes históricos son relevados por nuevas promociones.
¿Tiene el Apra esas canteras? ¿Dónde se están forjando los liderazgos en el Perú? A pesar de haber sido popular, el Apra ha actuado como una Iglesia y ya no se concibe un partido como Iglesia sino como una gerencia de ideas, de participación y movilización en base a la actuación social y económica, como un complemento movilizador antes que una militancia de banderas, pitos y marchas.

Víctor Raúl Haya de la Torre: todos apelan a su doctrina y su vigencia, pero el partido debe cambiar.

Hay que abrir todas las ventanas, propugnan Del Castillo y Mulder. Hay que insistir en las fuerzas provincianas alega Alva Castro. No será fácil para los apristas aceptar que hay que desburocratizar como quiere Mulder, o que hay que aceptar nuevas adhesiones con gente que no siendo aprista coincide con el partido en base a su liderazgo personal y social.
Una prueba de fuego concreta es la modalidad que tendrá este próximo congreso. ¿Sería mucho pedir que en las primarias para nominar a los delegados no prime la mayoría de Lima? En términos de crecimiento, destacado por Alva Castro en su plataforma ("al comparar las municipales de 1998 con las generales de 1995 el partido ha doblado su ultima votación"), el Apra ha crecido en provincias, después del humillante 4.11% de las generales de 1995, y por lo tanto debería tener un mayor número de representación provinciana.
Jorge del Castillo va más lejos. Para dar una demostración de amplitud democrática propone que en esta elección haya observadores en el congreso, de modo que prácticas del pasado, que forman parte de una tradición tildada de bufalesca hoy anacrónicas, cedan paso a procesos diáfanos.
En las próximas semanas, las campañas para la Secretaría General y para la renovación no menos importante de la Comisión Política y del Comité Ejecutivo Nacional, brazos de equilibrio y fiscalización, van a ocupar la atención nacional. Será un proceso catártico y reivindicador del máximo interés ya no sólo para la vida futura del APRA sino también para la revitalización de partidos democráticos que la coyuntura actual reclama en el país.