

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Derechos No Tan Humanos
LOS derechos humanos en realidad no son humanos, es decir, no corresponden a todos los seres humanos sino sólo a algunos. Este singular descubrimiento ha sido realizado por funcionarios del gobierno peruano, precisamente al cumplirse medio siglo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (D.U.DD.HH.), que ahora resulta que no es universal sino solamente particular, o sea que vale sólo para un grupo de los habitantes de la Tierra y no para todos.
En realidad, se trata de una justificación seudo teórica que tiene un objetivo concreto: rechazar las decisiones, recomendaciones y observaciones que organismos internacionales vienen haciendo al gobierno peruano, que se ha convertido en la oveja negra del hemisferio.
En efecto, el Perú es el país que más denuncias y resoluciones
condenatorias tiene en el sistema interamericano.
La última es una recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para que el gobierno peruano reponga a los tres magistrado del Tribunal Constitucional arbitrariamente destituidos. Si el gobierno no lo hace, el caso podría llegar a la Corte Interamericana de DD. HH., que no recomienda sino, como toda Corte de Justicia, ordena que se cumpla la decisión.
Otra media docena de denuncias hacen cola en la Comisión y la Corte y es muy probable que culminen como la anterior. De allí la desesperación de los funcionarios del gobierno para tratar de justificar lo injustificable, el desacato a las recomendaciones y decisiones de instancias de la Organización de Estados Americanos (OEA) establecidas por un tratado internacional suscrito por el Perú.
Un argumento burdo ha sido usado por el ministro de Justicia Alfredo Quispe: los miembros de la Comisión Interamericana son "marxistas" y "montoneros". Es más o menos lo mismo que dicen los pinochetistas chilenos de los jueces españoles y los lores ingleses.
El mismo Quispe Correa y la segundilla parlamentaria están tratando de justificar un posible desacato a las resoluciones de la Corte Interamericana, o una eventual desafiliación del pacto de San José, que le dio origen.
Pero no se atreven a hacerlo. Y no porque les importen los tratados internacionales, los derechos humanos o las críticas que puedan recibir, sino porque saben que eso seguramente acarrearía sanciones económicas de organismos multilaterales y países desarrollados. Es decir, la misma razón que llevó al gobierno cívico militar a restituir el Parlamento y revestirse de un barniz democrático luego del golpe de 1992.
Otro funcionario del régimen, el canciller Fernando de Trazegnies, también ha intentado teorizar una justificación para no respetar los DD.HH. De Trazegnies tuvo el desparpajo de usar la conmemoración del cincuentenario de la Declaración Universal (D.U.DD.HH.) para negar su carácter universal (Discurso en la U. Del Pacífico, 9.12.98).
Según De Trazegnies, la D.U. DD.HH. es un producto del Occidente liberal. Como en el mundo existen otras culturas, no se les puede imponer esta visión particular. Por supuesto, De Trazegnies se declara liberal y occidental. Entonces él puede censurar moralmente las violaciones de los DD.HH., pero jamás intervenir. Eso es una violación de la soberanía.
De Trazegnies no está sólo en la defensa de esta teoría. El gobierno fundamentalista de Irán sostiene lo mismo. El gobierno comunista de China también. Todos critican al unísono esta nueva manifestación del imperialismo occidental, que pretende imponer "sus" derechos humanos a todos.
Así, de acuerdo a esta teoría, debería haberse dejado a los serbios continuar con la "limpieza étnica" en Bosnia. Eso sí, hacerles una crítica moral. Tampoco debería detenerse y juzgarse a los criminales de guerra de la ex Yugoslavia, porque eso viola su soberanía. Tampoco a los culpables del genocidio de Ruanda. ¿Acaso no tienen su propia cultura y sus propios valores?
La otra falacia de De Trazegnies -referida obviamente al caso de Augusto Pinochet-, es que "si un país libremente decide resolver sus problemas", nadie "puede erigirse en autoridad supernacional" e imponerle soluciones. Pero como es evidente en el caso chileno, el propio Pinochet y las FF.AA. impusieron -y siguen imponiendo- determinadas reglas para impedir las sanciones a los violadores de los DD.HH. Es falso, pues, que los chilenos decidieran libremente no juzgar a Pinochet.
De la misma manera que es falso que los chinos, iraníes o afganos acepten la barbarie que les es impuesta por sus gobiernos. Simplemente están sometidos a ella por la fuerza.
Lamentable papel de Quispe Correa y De Trazegnies, dos juristas y profesores universitarios, defendiendo lo indefendible, para servir al régimen cívico militar del que participan.
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