
La Ultima Contradanza Del Dragón
En una jugada inevitable, el Presidente Alberto Fujimori cambia gabinete, intenta nuevo rostro y se acuerda del mago Fumanchu.
Como quien se apresta a una danza, con inocultable gesto que recuerda al teatro oriental, el Presidente se acerca a felicitar al Primer Ministro y ministro de Economía Víctor Joy Way.
LA noche del martes 12, al ver reunido en su segunda sesión al flamante Consejo de Ministros y al escuchar la dispar información de como han recibido los ministros sus respectivos portafolios, se podría ratificar la impresión de que se trata de un equipo que tardara en afiatarse y en aprender las triquiñuelas de la política.
Y si bien éste no es un gabinete de emergencia sí lo es de urgencias, en que el tiempo juega en su contra. No pueden, pues, demorarse demasiado en aprender.
Todo nuevo gabinete obtiene el beneficio del estreno, de modo que una descalificación prematura sería inútil en un análisis político.
Hay que escuchar, por lo pronto, lo que dirá el Primer Ministro ante el Congreso.
Será, en parte, la ratificación de aquella insólita presentación presidencial en el Salón Sevillano, previa a la juramentación oficial de los ministros. Lo de Fujimori no fue precisamente una camisa de fuerza para Joy Way, pero quería decirle al país que el nuevo gabinete no era obra de la casualidad y que la decisión de oxigenar al máximo al equipo ministerial obedecía a una nueva etapa del régimen. "No crean, yo sigo estando presente", era el mensaje presidencial de fondo.
Qué diferencia con la inauguración del gabinete y el premierato de Javier Valle Riestra, que apenas mereció monosílabos presidenciales.
Lo que diga Joy Way tendrá también que contener alcances de su propia cosecha, sea para confirmar a aquellos (incluidos los empresarios) que le otorgan dotes de cazurro y rápido, sea para delinear la nueva estrategia económica ya para nada ceñida a la herencia ortodoxa de Jorge Camet y su equipo, del que Baca Campodónico fue fugaz y languideciente expresión.
Ex ministros Jorge Baca y Alfredo Quispe. Partir es morir un poco.
"Seré peón, no delfín" ha proclamado, haciendo recordar letras de valses de antaño, pero no cabe duda que estamos frente a un personaje que quiere -y debe- hacerse notar. Si mucho, acarreará los celos presidenciales. Si poco, será otro de los que Fujimori considera han demolido su otrora brillante ranking de popularidad.
La dialéctica del dúo Fujimori/Joy Way, sin embargo, tiene mucho del ilusionismo chino y la ópera pequinesa. El público está expectante pero no encandilado. Cuando se está en la pendiente hacia abajo, nada contenta al soberano (véase, por ejemplo, cómo hasta el bachillerato que elimina en el futuro los exámenes de ingreso a las universidades no entusiasma a los que estudian en academias para ser cachimbos). Y todo está en el limbo en materia de anuncios concretos que alivien las penurias de los bolsillos, la falta de empleo y la apertura de posibilidades en las provincias.
El público no percibe que mucho de los fuegos de artificio hasta hoy lanzados lo que buscan es, por un lado, protegerse de los efectos externos (ver nota económica) y, por otro, quebrar con la ortodoxia sin que por ello se vaya al extremo del populismo, inviable en la actual coyuntura.
Para volver al símil chinesco, antes se tocaba muy apegado a la partitura, desacompasando a los agentes económicos y al público, que querían aires más cercanos a su circunstancia. Ahora se trata de tocar de oído, menos académicamente, con mayor pragmatismo, pero sin alterar reglas de juego ni asustar a los operadores internos y externos.
Quienes creen que todo este montaje tiene por objeto garantizarle a Fujimori la re/reelección también se aceleran, mostrando sus nervios, como han ironizado los miembros de la mayoría.
Aún es prematuro también decir que se repetirá hoy lo que pasó en 1994, la famosa farra electoral de la reelección. Los apremios económicos no podrán gozar de los fondos y el generoso dispendio de ese entonces. Y, con una opinión en contra tan vasta como la de hoy, no se puede jugar con fuego.
Ya se ha visto el triste final de Tomás Gonzales Reátegui, un desaprensivo político que creyó que podía usar el aparato público para favorecer a Vamos Vecino en las justas municipales. Fujimori tiene ahora centinelas y una maciza opinión pública para nada dispuesta a perdonarle sus excesos.
¿Es elegido Víctor Joy Way para que encarrile el gobierno mientras Fujimori se dedica personalmente a reconstruir su imagen, es decir, a una campaña electoral monda y lironda?
Sería toda una novedad, pues hasta hoy los primeros ministros han sido sombra y calco de la voluntad presidencial.
Pero Joy Way es otra cosa, se dice. Se le ha dejado que elija su equipo económico (los "Joy Boys") y que proyecte su imagen de heterodoxo prudente, ambición que nutrió ya cuando fue ministro de Industria y se "mechó" con Carlos Boloña, perdiendo la partida.
Se dice también que la mayoría de los ministros son sus amigos (excepción hecha del de Agricultura, Belisario de las Casas, compañero de estudios de Fujimori en la Agraria. Bonachón, fiestero, gallero y criollo a carta cabal). Es cierto en parte, pues hay que reconocer que la traslación de Alberto Pandolfi, el sempiterno comodín, a Transportes, aun a costa de un hombre eficiente y cordial como Antonio Páucar, y del a veces iracundo Gustavo Caillaux a Pesquería, en vez del sosegado Ludwig Meier, es una forma de garantizarse relativos viejos conocidos.
El caso del titular de Educación, Felipe García Escudero, que en realidad soñaba con asegurarse en el tortuoso organigrama del Poder Judicial, es obra del azar. Domingo Palermo cayó por una antigua inquina que lo separaba del titular del Instituto Nacional de Cultura, Luis Arista, asunto que llegó hasta los oídos presidenciales. Arista es protegido del asesor presidencial en materia de comunicación, Carlos Orellana.
Primera reunión con empresarios y enredada rueda de prensa de ministro de Industria César Luna Victoria. Abajo, ministra Luisa María Cuculiza y vicecanciller británico, Tony Lloyd, en el Hogar de Maternidad Rosalía de Lavalle.
La jugada "pragmática" que habla bien de la habilidad de Joy Way, ha sido sin duda, la elección de Luisa María Cuculiza, alcaldesa de San Borja, mujer enérgica pero engreída y voluntariosa. ("Hay que cuidar el Cucu y ponerse liza", le han recomendado los irrespetuosos Los Chistosos de RPP). El que se suponía su aliado, el alcalde de Lima, Alberto Andrade, se enteró que la huanuqueña era ministra de Estado en el Ministerio de la Mujer, almorzando en Juliaca. Se disponía a probar una tibia sopa, cuando un flash anunció el nombramiento. Se le cayó la cuchara de las manos y una imprecación resonó en el restaurante. Por cierto, ya no la vería más. Luisa María, por su parte, anunció a los cuatro vientos que apostaba por la re-reelección de Alberto Fujimori que había despertado en ella serenidad y plenitud angelicales.
Las otras dos damas del gabinete tienen también una trayectoria de esfuerzo personal y profesional encomiable, señal a veces de independencia. Cuando menos no han hablado de apoyar la re-reelección. La titular del MIPRE, María Cristina Rizo Patrón, es la que tendrá que demostrar que no actúa guiada por criterio electorero ni oficialista y que puede, a diferencia de su predecesor, trabajar con los gobiernos locales. La titular de justicia, María Carlota Valenzuela, ha dado ya una primera muestra de independencia al declararse a favor del cumplimiento, por parte del Perú, de sus compromisos internacionales al referirse al caso de la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que demanda la restitución de los tres magistrados destituidos del Tribunal Constitucional. Un primer paso de auténtica personalidad que acentúa la triste recordación que dejará en los anales de la justicia Alfredo Quispe Correa.
Sobre los titulares de Industria y Trabajo, César Luna Victoria y Jorge Mufarech, respectivamente, hay que decir que se trata de profesionales muy destacados, pero que están ubicados allí porque el Presidente los quería como asesores pero ya no había ministerio para ellos. El primero pudo haber sido el nuevo jefe de la SUNAD, pues es docto en materia tributaria. El segundo, en cambio, hubiera sido más funcional en el Ministerio de Industria, donde sus presiones contra el contrabando (ver recuadro), hubieran tenido más efecto que desde Trabajo, cartera que dependerá ahora de la buena voluntad de sus amigos empresarios para crear vacantes y 200 mil empleos.
No ha podido o no ha querido el Presidente cambiar los términos de la correlación política con los partidos de la oposición ni con las instituciones democráticas. En el mejor de los casos, los guiños van dirigidos al sector empresarial, no sólo por razones de estrategia, sino porque el octubre y el noviembre pasados han sido demoledores en términos económicos al resultar afectados el comercio y la pequeña y mediana empresa fabril.
En general se ha recibido con expectativa al equipo recolectado por el Ing. Víctor Joy Way en esta etapa considerada la última oportunidad del Presidente Alberto Fujimori para definir si marcha a la reelección con alguna esperanza triunfal o se retira al cadalso de la ex presidencia que supondrá una catarata de acusaciones de toda índole. 15 meses de actuación mágica u operática, en un año netamente electoral, ese es el escenario que le espera a Víctor Joy Way. Lo más distante a un Shangri-La.