Caretas 1552: Controversias



Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Politización Total
LOS cambios ocurridos en las FF.AA. en las últimas semanas y antes, en agosto del año pasado, cuando cayó el general Nicolás Hermoza, muestran el absoluto nivel de politización al que han llegado los institutos castrenses, sometidos al humillante comando de Vladimiro Montesinos.
Prácticamente todos los ascensos, retiros y cambios han sido realizados casi exclusivamente en función de la adhesión política de los oficiales. La trayectoria, la capacidad, el profesionalismo, la inteligencia, la honradez, el don de mando ya prácticamente no cuentan como factores de promoción en el Ejército. Al contrario, el poseer algunas de estas cualidades hacen al oficial sospechoso, merecedor de vigilancia especial y eventualmente, su retiro adelantado "por si acaso".
Aunque el comandante general del Ejército, César Saucedo, ha pretendido últimamente negar esa realidad, él mismo es un ejemplo de esa situación. Saucedo, un mediocre oficial, hizo su carrera a la sombra del general Hermoza, que lo ubicó en años recientes en varios puestos de confianza debido a su incondicional lealtad y a su poca capacidad para actuar independientemente, lo cual lo convertía en un subordinado ideal en estos tiempos en que los cabecillas buscan de rodearse de subordinados que sean fieles y que a la vez no amenacen su poder.
Así, Saucedo fue jefe de la II Región Militar (Lima), ministro del Interior y ministro de Defensa. Y desde este último puesto traicionó a su protector, cambiando de bando el 20 de agosto, cuando colaboró con la emboscada que Montesinos le tendió al longevo Hermoza. En premio, recibió el apetecido puesto de su antiguo mentor.
En los siete años que Hermoza permaneció al frente del Ejército, fue construyendo varias argollas. Sus contemporáneos de la promoción 1958 ya estaban en retiro, así es que se fue apoyando en nuevas generaciones. Una de sus favoritas era precisamente la promoción de Saucedo (1965), varios de cuyos miembros eran sus hombres de confianza y ocupaban cargos claves. Pero cuando él fue defenestrado, ellos fueron rápidamente desplazados pasando a ocupar puestos burocráticos, sin mando real.
Así, cuando eliminó a Hermoza en agosto, Montesinos cambió de inmediato a los jefes de casi todas las regiones militares, ubicando a sus allegados. Pero no todos los miembros de la promoción del jefe real del SIN pertenecen a su gavilla. Por ejemplo, el general de división Pablo Correa Falen, jefe de la II Región, estaba más vinculado a Hermoza.
Correa fue cambiado de inmediato y reemplazado por otro promocional y paisano de Montesinos, que sí respondía a las órdenes del ex capitán, Carlos Indacochea Ballón (el último en orden de méritos en el arma de infantería de la promoción 1966). Indacochea ascendió a divisionario en enero de este año y sigue al frente de la II Región.
Correa Falen fue enviado en agosto de 1998 como jefe del Comando de Personal (Copere). Pero en setiembre fue destituido porque se negó a firmar nuevos cambios de colocaciones que le ordenó Montesinos, y enviado al "huesero" del ministerio de Defensa. En diciembre fue pasado al retiro.
Otro de los compañeros de Montesinos que no la ha pasado bien es el espada de honor de su promoción, Fernando de Villena (ingeniería), distanciado desde siempre del ex capitán. Villena, que invariablemente estuvo a la cabeza de la promoción 1966, se quedó estancado como general de brigada porque así lo decidió Montesinos. Está desde hace varios años a miles de kilómetros, en Israel.
Un caso clamoroso es también el del general Roberto Chiabra, de la promoción 1969. Después de treinta años de servicios y con una carrera brillante y prometedora, fue pasado al retiro en diciembre.
En 1995 Chiabra, siendo coronel, fue director de la Escuela de Infantería y combatió en el conflicto del Cenepa como jefe de operaciones. Al año siguiente ascendió a general y fue nombrado director de la Escuela Militar de Chorrillos, cargo en el que permaneció hasta 1997. En 1998 estaba en la II Región Militar.
Chiabra era el número dos de infantería en su promoción (el uno, el coronel Edmundo Obregón, fue asesinado en circunstancias oscuras en 1992), y por su trayectoria y los cargos que había ocupado, debería haber ascendido a divisionario este fin de año.
En suma, el Ejército invirtió treinta años en Roberto Chiabra para que en un minuto Montesinos decidiera echarlo porque sospechaba que era demasiado afín a Hermoza. Y como Chiabra suman ya centenares de oficiales expulsados arbitrariamente por "renovación", en virtud del artículo 58o. del decreto legislativo 752, ley de situación militar, elaborado por Montesinos y promulgado por Alberto Fujimori en noviembre de 1991. Ese artículo fue reglamentado en noviembre de 1992, después del golpe, dejando en secreto los artículos del decreto supremo No. 83-DE que precisan los detalles de las "invitaciones al retiro".
Nunca, ni en la época del general Juan Velasco, el Ejército estuvo tan politizado como ahora. El daño causado por la politización y la desprofesionalización se dejará sentir por muchos años, tal vez décadas.

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