La Justicia Con Resaca
Mientras espera se dicte sentencia, Miguelón disfruta de libertad provisional en el Waikiki.

De acuerdo a las reglas de conducta establecidas por la sala penal que le otorgó la libertad provisional a Miguel de Osma, éste debe acercarse al juzgado todos los lunes y firmar el acta en presencia de la fiscal Alvarado. La verdad es que Miguelón, por su propia cuenta, cambió en el mes de diciembre un lunes por martes y la fiscal -la misma que piensa que la vida de Juan Succar, foto izquierda, vale 6,000 soles- jamás ha estado presente durante la firma.

Gozando por ahora del aire libre y de uno de sus deportes favoritos.

ESTE lunes 25, Miguel de Osma acudió al 45 juzgado penal para firmar el acta de libertad condicional y cumplir así la disposición judicial de no ausentarse del país. Lo hizo aproximadamente a las 10.45 a.m., en la misma camioneta Ford Taurus (placa TG 4633), modelo station wagon, de color blanco y lunas polarizadas con la que -según declaró el testigo Justo Landa Delgado ante la Policía, el Ministerio Público y el 4o. juzgado penal- la madrugada del domingo 12 de octubre de 1997, unos sujetos arrojaron el cadáver de Juan Succar Hampton en las inmediaciones del estadio de Chorrillos. El trámite no duró más de dos minutos. Inmediatamente después abordó la camioneta que lo esperaba frente al juzgado, en la Av. Abancay, ocupó el asiento del chofer y desapareció.
Al poco rato, Miguelón ingresó al Club Waikiki de Miraflores acompañado de tres fornidos guardaespaldas. Delgado, bronceado y musculoso, el único inculpado del asesinato de Succar, se dirigió al segundo piso del club e inició su rutina de levantamiento de pesas -la misma que repite de lunes a viernes entre la una y tres de la tarde- interrumpida solamente por el constante timbrado de su celular. Un fotógrafo de CARETAS que estaba consiguiendo fotos sociales lo vio casualmente y le preguntó si podía tomarle una: "No soy socio, soy invitado", respondió muy serio. El hecho es que de pronto se animó a correr tabla. En este caso sólo uno de los guardaespaldas lo siguió hasta la playa. Al salir del agua, CARETAS lo abordó. Miguel de Osma no quiso hablar, ni siquiera agachó la cabeza o impidió que el fotógrafo lo acechara. Tranquilamente él y su guardaespaldas regresaron al club.

Una de las pruebas más contundentes es ésta camioneta con la que Miguelón se pasea por Lima.

Desde que salió de prisión y aun antes CARETAS ha tratado de conversar con Miguel de Osma y escuchar su versión. No ha sido posible. Ahora, se espera la sentencia de la jueza Pilar Carbonell Vílchez quien deberá pronunciarse en estos próximos días pues está a punto de salir de vacaciones. La fiscal provincial Iliana Alvarado Galván -evidentemente parcializada (CARETAS 1534 y 1538) y quien en un momento pidió se exculpe a De Osma por falta de pruebas-, ha solicitado la pena mínima -seis años- y ha fijado la reparación civil en la irrisoria suma de 6,000 soles. Dados los antecedentes de este proceso es posible que todo termine en la Suprema, a no ser que la jueza Carbonell considere que los indicios "concurrentes, convergentes, concordantes y plurales" presentados por la parte civil constituyen prueba fehaciente de la responsabilidad del procesado.