Organización Desorganizada
Hasta intento de fraude hubo en el congreso aprista, pero todo acabó entre vivas y hurras.

Escribe ORAZIO POTESTA

EL XXI Congreso Nacional del Apra fue a la vez una demostración de caos y feroces disputas internas, y, con la elección de Jorge del Castillo para la secretaría general y de Alan García como cabeza de lista parlamentaria para el 2000, una apuesta por la supervivencia al borde mismo del abismo. Un ingreso en el purgatorio precedido por una temporada en el infierno.
Durante tres días con sus respectivas madrugadas, los 800 delegados discutieron casi exclusivamente sobre legitimidad de delegaciones, primero, y luego sobre la nueva dirección. Fue una pelea a gritos y zancadillas, con un final de auténtico suspenso.
Parece ser que Alva Castro, el secretario general saliente, había montado una maquinaria reeleccionista. De hecho, impuso una delegación paralela en el caso de Arequipa y Piura, y una apócrifa, nombrada a dedo, en el de Trujillo.
Jorge del Castillo, el vencedor de la disputa, dijo a CARETAS, a medianoche del martes: "debo reconocer que hubo una gran desorganización, pero fue una desorganización organizada. A los delegados de Barranco, que yo presidía, en ningún momento nos dieron credenciales. Yo, por ser parlamentario, pude ingresar como delegado nato, con derecho a voz pero no a voto".

Merecida la elección de Jorge del Castillo, en quien tirios y troyanos reconocen un secretario general que puede dar la pelea por su partido, en un momento de viraje histórico.

De hecho, si todo estaba preparado para un fraude, no precisamente en favor de Del Castillo, fueron las denuncias de las delegaciones auténticas de provincias -que recordaron que en los últimos comicios municipales, el 85 por ciento de los votos apristas se produjeron fuera del departamento de Lima- las que llevaron la voz vociferante.
El otro resultado del caos fue que el congreso no discutió ninguna línea programática, ninguna propuesta sobre el rol del Apra en el siglo que se avecina. Lo que sigue es una crónica apretada de tan enmarañado congreso.
Primer día. 9 y 40 de la noche. Los delegados y partidarios entran y salen del Aula Magna a la espera de la inauguración protocolar del congreso. Los periodistas de la televisión exigen el inicio, sobre todo aquellos que tienen planeado un enlace microondas.
La entrega de credenciales a los delegados debió iniciarse a las 7 de la mañana, pero empezó a las cuatro de la tarde, pese a que el programa establecía que una hora después, a las cinco, debía empezar la Asamblea Preparatoria con todos los delegados acreditados con la finalidad de aprobar el temario y el reglamento del congreso. Además, para elegir a las autoridades del mismo y a los presidentes de cada comisión de trabajo.
Fue imposible hacer las cosas tal como estaban planeadas: la Comisión Organizadora decidió proceder con la inauguración protocolar y continuar el 30 (al día siguiente) con la entrega de las acreditaciones.

VIADAS PARALELAS

4 de la tarde. Segundo día (como el día anterior, centenares de delegados hacen largas colas para recabar sus credenciales. Se arman líos tremendos porque se han presentado delegaciones paralelas y se debe determinar cuál es la que debe participar, siendo necesario verificar las actas que confirman la elección. Se escuchan rumores como que el secretario general departamental del Apra en Trujillo, Eduardo Cassinelli, cercano a Luis Alva Castro, ha elegido a dedo a varios delegados para evitar que viajen los partidarios de Del Castillo y Mauricio Mulder, dos de los candidatos a la secretaría general.
Recién a las cinco de la tarde, de improviso, y con los delegados acreditados que había, se inició el congreso, con la elección de la mesa directiva. Estaban casi todos los adeptos de Alva, pero faltaban los contrarios. En medio del alboroto, en la elección del primer miembro, Eduardo Cassinelli de Trujillo, Alva se la llevó fácil. La bola corre y los delegados adeptos a Mulder, Del Castillo y Carlos Roca, otro aspirante a la secretaría, empiezan a llegar. Protestan por la sospechosa celeridad. Toman posesiones y negocian. Los tres miembros restantes elegidos resultan pertenecer a las filas de Del Castillo: Mario Martorel del Cusco, Fritz Espinoza de Ayacucho, y Rafael Saavedra de San Martín.
Una delegada cercana a Mulder presenta una moción que busca hacer cumplir un artículo del estatuto aprista que impide la candidatura a la secretaría general de un congresista en funciones. Dardo directo para Del Castillo.
Del Castillo aclaró que este dispositivo se aprobó en diciembre de 1991, pero fue derogado en enero de 1992. De lo contrario, ni Alan García, senador vitalicio en su calidad de ex presidente de la República, ni Mercedes Cabanillas ni Abel Salinas, entonces senadores, hubieran podido ser candidatos al cargo máximo del partido.

,b>Aunque hubo peleas y polémicas, al final se reinstaló la unidad del otrora poderoso aprismo.

FINAL DE PARTIDA

A las 4 de la tarde del domingo 31 se continuó con el congreso. Se aprobó que Alan García encabece la lista parlamentaria del Apra en el 2000. Esto puso al Aula Magna de cabeza, por el estrépito de cánticos a favor de García y en contra de Fujimori. Y en medio del alboroto, se aprobó la segunda sin que los seguidores de Del Castillo, Zumaeta y otros puedan reaccionar: reafirmar el cumplimiento de un artículo del estatuto aprista que impide desde 1990 la reelección de algún miembro de la célula parlamentaria. El fondo de esta decisión estaría en el fuerte resentimiento que las bases tienen contra los parlamentarios del Apra, pues se les acusa de estar divorciados del partido, de no coincidir en sus decisiones políticas, de no hacer una franca oposición al Gobierno, y de no cubrir las necesidades económicas del partido pese a que tienen la obligación de donar el 10 por ciento de sus salarios.
8 pm. Aún no termina la entrega de credenciales. Muchas se han "perdido", y los de provincias apoyan la propuesta de verificar a los delegados, aun cuando se sacrifique el trabajo de las comisiones. Consideran que bien pueden realizarse en un evento extraordinario. ¿Cómo discutir la línea programática del partido, el rol frente al siglo XXI, la estructura orgánica y la estrategia electoral en cuatro horas? En efecto, nada de esto se llegó a tocar en el Congreso. Los delegados de provincias protestan con razón. Por enésima vez, las elecciones se van a realizar de madrugada. Muchos de ellos deciden dejar Lima, y los que se quedan llevan la misma ropa de hace tres días.

DEL CASTILLO LOS MADRUGO

1 de febrero. 2 de la mañana. Del Castillo y Mulder improvisan un discurso en las escaleras posteriores de la Casa del Pueblo, y por primera vez, ellos mismos, denuncian la posibilidad de un fraude, porque los padrones que se iban a utilizar en el sufragio estaban adulterados. Había, según ellos, gente que no había sido delegada por las bases. En ese momento aparecen Carlos Roca y Enrique Tello, otro candidato a secretaría general. A instancias de David Tejada, hasta entonces presidente de la Comisión Nacional de Participación y Desarrollo, los candidatos se reúnen y acuerdan proponer al Comité Electoral una Secretaría General Colegiada para evitar un escándalo. La idea era realizar elecciones una semana después. Entre tanto, muchos partidarios estaban fuera de sí. Quisieron penetrar al Aula Magna forzando una de sus puertas para destruir el material electoral.
En apariencia todos los candidatos estaban de acuerdo. Sin embargo, a Del Castillo no se le cocinaba la idea. En los minutos o segundos que demoró el trayecto que siguió desde la Casa del Pueblo hasta el Aula Magna recibió el consejo de sus delegados. Estos ya habían tendido alianzas significativas con las delegaciones de Lima, Trujillo y provincias, en desmedro de Lucho Alva, y le azuzaron: "¡Anda hasta el final, Jorge!".
"Me decidí a jugármela. Fue un paso audaz". Así expresó a CARETAS el flamante secretario general aprista. Ganó con el 40 % de los votos. Mulder obtuvo el 25 %; Luis Alva el 20 % y el resto se lo repartieron Roca y Tello.


El Apra Recurre a Damián
Sin necesidad de pacto, a Fujimori le conviene el retorno político de Alan.

El demonio no regresa hasta comienzos del 2000.

LA designación de Alan García como cabeza de la lista parlamentaria del Apra para las elecciones del 2000 es una dramática apuesta a cara o sello. Era por una parte, la única salida viable que le quedaba al Apra para recuperar espacio político y la sola alternativa disponible de García para no convertirse en un judío errante de la política. Por otra parte, el lanzamiento aviva el mensaje de Fujimori de que acá se necesita mano fuerte, y si es posible re-reelección, a fin de no volver al caos y el desastre.
A Alan no le quedaba otra cosa que regresar, y a Fujimori le conviene que regrese. Es el cuco, el monstruo, el Damián, el demonio que puede congregar atavismos antiapristas, genéticos odios, antiguos resentimientos y cóleras recientes.
No se trata necesariamente de un pacto, como algunos han sugerido. Hubiera sido necesario un maquiavelismo de masas para que el Apra decidiera en su reciente congreso, por unanimidad, nominar a quien resulta aún hoy su líder más destacado, que es al mismo tiempo repudiado por un sector mayoritario de la población, que lo considera un gobernante que arruinó al país y que está convencido de que no sólo participó de la corrupción, sino que fue cabeza de ésta.
Lo cierto es que el lanzamiento de Alan García ha sido como una piedra arrojada en un estanque que, aunque de aguas turbias, parecía tranquilo. Tanto, que hasta la prensa internacional se ha interesado por el tema.

El anuncio de su candidatura elevó la temperatura de un ambiente preelectoral aún tibio.

En la capital venezolana, el mandatario explicó: "será el pueblo el que decida. Además, el Jurado Nacional de Elecciones también tendrá algo que decir" Al consultar a Jorge del Castillo, sobre si había conversado con García al respecto nos respondió que sí. "Me dijo: Fujimori quiere que yo vaya al Jurado de Elecciones, pero él quiere ir de frente a la reelección".
Del Castillo explicó que García, "vendrá a comienzos del próximo año". "Además, hay que recordar que a un parlamentario se le puede elegir en ausencia. Recuerdan que los izquierdistas Hugo Blanco y Ricardo Napurí fueron elegidos en 1979 cuando estaban en el destierro (ver nota siguiente). "No hay ningún impedimento legal para la postulación de Alan", afirmó.
Desde luego que en el Apra misma no faltan quienes dicen que Alan debe retornar de inmediato, para ver si lo meten preso y se arma un escándalo que lo favorecería electoralmente. Otros se alegrarían simplemente con verlo entre rejas.


A Control Remoto
Se impulsa la candidatura de Alan García. El tema trae a colación el caso de algunos candidatos ausentes.

EN los predios del Apra repican tambores anunciando la candidatura del ex presidente Alan García como cabeza de lista parlamentaria en las elecciones generales del 2000, justa en la que podría darse el caso de que él postule estando ausente.
El acuerdo lo dio a conocer el flamante secretario general del Apra Jorge del Castillo, tras poner énfasis -frente a los resquemores- que debe ser el pueblo quien decida si es que ingresa o no al parlamento,
A ellos se ha sumado el presidente Fujimori, que desde Caracas ha declarado que es curioso que se pretenda olvidar tan rápidamente la catástrofe a la que García llevó al país. "supongo, dijo finalmente, que el jurado Nacional de Elecciones deberá tomar alguna decisión". Sin embargo, para algunos connotados militantes del PAP, entre ellos Alberto Valencia, Alan García es el único que en esta coyuntura podría levantar al partido. Su razonamiento es que así como él arrinconó al Apra, le corresponde la tarea de recuperar la solidez del partido.
El anuncio recién está agarrando carne, pero a medida que el tiempo avance y las cosas se aclaren, el tema dará mucho pasto para la polémica.
Mientras tanto, respondiendo a esas inquietudes, su abogada Judith de la Matta ha declarado tajantemente: "No hay ningún impedimento legal ni constitucional, absolutamente nada, que se oponga a que el doctor García postule en las próximas elecciones. El va a decir en su debida oportunidad si es que acepta o no ir como cabeza de lista".
"La ley de contumacia -agrega- es para que no prescriban los presuntos delitos que se le han imputado. El ex presidente es un procesado y no un sentenciado. Solamente los sentenciados están impedidos de postular".


Manuel Pardo y De la Jara y Ureta fueron elegidos cuando estaban fuera del país.
Igual ocurrió con Hugo Blanco y Ricardo Napurí.

En todo caso, podría ser candidato estando ausente, añade. Nada se lo impide. En el pasado ha habido casos en que se han elegido congresistas que estaban ausentes del Perú.
Efectivamente. En el país han postulado candidatos que se hallaban en el exterior o alejados de vaivenes electorales, no sólo a nivel parlamentario, también a nivel presidencial. Tal es el caso de José María de la Jara y Ureta, que postuló a la Presidencia de la República en las elecciones del '31.
En esa confrontación, De la Jara, hombre de prístina trayectoria, se hallaba en Río de Janeiro cumpliendo una misión diplomática a la que había accedido por encargo del ex presidente Samanez Ocampo. De la Jara fue, entonces, candidato de un frente de unión nacional, que englobaba a Acción Republicana y los partidos Demócrata, Descentralista y Liberal. Se le inscribió como candidato faltando escasamente tres semanas para los comicios. Mas sus posibilidades de éxito eran remotas frente a los favoritos Haya y Sánchez Cerro. En los escrutinios, De la Jara ocupó el tercer lugar con 21,921 votos. Tres meses después, en un gesto cívico admirable -apunta Basadre-, José María de la Jara y Ureta, ministro del Perú en el Brasil, le escribiría a Sánchez Cerro un admonitorio y extenso telegrama ante las medidas de orden público que éste creyó indispensable adoptar (léase ley de emergencia). El mensaje concluía diciendo: "cumplo el deber de expresar que si las patrióticas instancias que le dirijo no las considera atendibles, queda presentada mi renuncia irrevocable a esta Legación". La respuesta de Sánchez Cerro fue cancelar su nombramiento. A los pocos meses, el viejo tribuno fallecía. A nivel parlamentario, históricamente es de recordar el caso del ex gobernante Manuel Pardo, quien, en 1877, estando exiliado en Chile fue elegido senador por Junín, y, el 27 de junio del año siguiente, presidente de su Cámara. Cuatro meses después ocurría el bárbaro asesinato del ex presidente.
En este siglo, el caso más sorprendente ha sido el de Genaro Ledesma Izquieta, quien fue elegido diputado en 1963 estando preso en El Frontón. Ledesma había sido inscrito como candidato en Cerro de Pasco sin su conocimiento.
En un comienzo no se enteró de que había sido elegido, pues los primeros resultados que se conocieron fueron los que concernían a los candidatos presidenciales, y luego el de los parlamentarios de los principales grupos. "Pero en eso", recuerda Ledesma, "vino un flash: un preso de El Frontón ha salido elegido diputado. Me entró curiosidad por saber qué preso de El Frontón era el elegido". Al día siguiente, en un nuevo flash, se dio su nombre: "Para mí", rememora Ledesma, "fue una gran sorpresa".
A los diez días, cumplido el trámite formal, el Jurado Nacional tuvo que admitir como válida su elección y ordenó que se expidieran las credenciales.
Otros casos fueron los que protagonizaron Hugo Blanco, del PTR (trotskista), Walter Cuentas (PAP) y Ricardo Napurí, de una facción trotskista. En 1979 fueron elegidos constituyentes estando ausentes. Blanco se encontraba entonces en Suecia, y Napurí en la Argentina. Se cuenta que tan pronto fueron elegidos, Haya de la Torre, elegido presidente de la Asamblea Constituyente, ordenó que se les enviara los pasajes para que retornen al país a fin de ocupar su curul. (D.T.L.).