Por AUGUSTO ELMORE

PASANDO por la Av. Jorge Basadre, en la esquina con la Av. El Rosario, en donde se encuentra el horrendo chupo de vidrio verde que es una academia de aeróbicos, lugar al que me he referido al menos en dos ocasiones, compruebo con satisfacción ciudadana que han retirado los dos grandes carteles que anunciaban que las inscripciones se encontraban abiertas y que hacían parecer a dicha avenida, que antes fuera tan distinguida, a una sucursal de La Parada o la prolongación de la Av. La Marina, que es el ejemplo máximo de la actual peruanidad.

  • Ojalá que haya sido la municipalidad distrital -que no supo impedir oportunamente la construcción del chupo vidrioso- la que haya intervenido para hacer retirar ese despropósito comercial del congresista Heresi, al que le recomendaría asistir a algunas de las importantes conferencias culturales que organiza en el Parlamento la congresista Martha Hildebrandt. Nunca es tarde para aprender.

  • El neoalanismo es casi un nuevo partido, al que se adhieren todos los socialdemócratas despistados que andan por aquí buscando un poco de futuro político. De allí que una periodista amiga, que se revela adicta al régimen anterior, quedara emocionada por el video recientemente propalado en el que el ex presidente cometía una de sus peroratas. Lo que me extraña es que aparte de sugerir que dicho mamotreto hablado ha tenido el efecto de hacer temblar las estructuras del actual gobierno, no se haya referido al primitivismo del material enviado desde París. El video es tan malo que se me ocurre Alan García ha recurrido a dicho expediente para hacer creer, es decir para que aparezca, como que era realizado desde la clandestinidad, y no desde el cómodo departamento que seguramente ocupa en París. Más chic hubiese sido que lo grabara desde el Deux Magots, en Saint Germain. Y más sincero.

  • Una pregunta que la ciudadanía, los periodistas y, claro, los bomberos se hacen en la actualidad es: ¿Cuál será la próxima institución pública en incendiarse?

  • No hace mucho una buena amiga me reclamó, entre asombrada o enojada por mi imprudencia, que delante suyo me había visto hacer el llamado Pase de la Muerte en la avenida Arequipa. Es decir que crucé dicha avenida como una exhalación. Reflexionando me doy cuenta de que tenía toda la razón, así ocurrió aquella vez y lo mismo sucede cuatro veces al día cuando a la altura de la cuadra 16 de la Arequipa me veo precisado a ganarle al paso a micros, ómnibus, combis (miles), autos chatarra, taxis idem, etc., que circulan por dicha avenida con el aparente propósito de impedir que nadie pase al otro lado, interrumpiendo las intersecciones. Entonces uno tiene que tomar la decisión si, luego de pasar la Av. Petit Thouars quiere o necesita llegar a la Av. Arenales: hacer el Pase de la Muerte. Si alguna vez muero en dicha maniobra, será con honor, lo juro. Y por desesperación, también lo juro. ¡Crece o Muerte, venceremos!

  • Y hablando de vehículos de transporte público, ¿no será posible eliminar esas bocinas de barco que usan una gran cantidad de ellos, y que alteran la cada vez más endeble tranquilidad ciudadana? ¿Por qué un ómnibus, o un micro, o una combi, que suelen ser manejados por seres absolutamente ignorantes de las reglas, tienen que tener una bocina, o claxon, hecho en todo caso para las carreteras, pero no para las calles de una ciudad? Bastaría prohibirlos del todo, y castigar a los infractores para que la ciudad recupere un poquito su calma, hoy inexistente. ¿Cuántos crímenes se habrán cometido luego de escuchar un bocinazo de esos?

  • Un buen señor escribe una carta diciendo textualmente que es una pena que quien suscribe no "pierda oportunidad para expresar sus ácidos y agresivos comentarios contra la Iglesia Católica y todo lo que tenga que ver con ella". He revisado pacientemente numerosas de mis páginas y no he encontrado en ella nada que se parezca a agresivos comentarios contra la Iglesia. Lo que he defendido es el derecho de los padres a tener los hijos que desean tener y no los que simplemente les mande Dios, por accidente o ignorancia de la pareja, como quiere la Iglesia. Y respecto a monseñor Juan Luis Cipriani, reconozco haberme equivocado al mencionarlo como Cardenal, pero eso sus fieles deberían más bien agradecérmelo, porque es una dignidad que el Arzobispo de Lima aún no se ha ganado. Y tampoco hay que molestarse porque señale que es un lisuriento, porque que lo es, lo es. Yo le tengo el mayor respeto, pese al lenguaje que, como sabemos, usa para contradecir a quienes defienden los derechos humanos.

  • Con el alejamiento del embajador Javier Pérez de Cuéllar de las actividades partidarias, la política peruana pierde un valor indudable y, en alguna forma, el fiel de la balanza. Quien, como el autor de esta página, ha discrepado alguna o muchas veces de sus opiniones, no puede menos que lamentar su alejamiento, que deja la política en manos de gente sin calidad suficiente (no me refiero a su movimiento, que tiene de la mejor). Me refiero en verdad a aquellos que hoy día dictan las leyes y que obedecen consignas sin dudas ni murmuraciones, convirtiendo a la política -que debería ser el arte de gobernar- en algo parecido a un cuartel. O en otra cosa que termina con la misma última sílaba.