Aplausos van, reverencias vienen. El nuevo arzobispo también anunció "relaciones cordiales" con las autoridades civiles que, el día que asumió el cargo, se mostraron más que entusiastas.
"¡Hermanos, la Iglesia nos pide solidaridad concreta, no limosnas!". "Me vienen a la memoria los rostros y las miradas de niños y ancianos de Vilcashuamán, Pipichaca, Cayara, Huancapi, Soccos, Vinchos...". "Reforcé mi amor concreto por los más necesitados y mi respeto a los Derechos Humanos".
¿Se trata del discurso de un simpatizante de la Teología de la Liberación en plena Catedral de Lima? No, por cierto que no. Quien habló así, el sábado 30 y en medio de cierta pompa eclesial, fue Juan Luis Cipriani, el primer arzobispo de Lima que es miembro del Opus Dei. En su primer discurso exhibió argumentos otrora enarbolados, casi exclusivamente, por los sectores más progresistas de la Iglesia Católica.
Pero justamente en la falta de exclusividad está el meollo de este santo asunto. Cipriani también dijo -con un énfasis notorio- que el amor preferencial por los pobres "nunca es exclusivo ni discriminatorio de otros grupos". Y -alzando la voz- que "la Iglesia no necesita hipotecas ideológicas para ser fiel a su misión evangelizadora".
Ese será, al parecer, el escenario futuro para el catolicismo peruano. Un arzobispo primado, considerado conservador, asumiendo -por convicción pero también por necesaria coincidencia con las ideas papales- la defensa de los pobres y un clero (y feligresía) más plural, aceptando, por el freudiano principio de realidad, que no tiene precisamente el arzobispo que hubiera deseado.
Pero Cipriani no ha escondido sus amores y pasiones, ni sus ideas-fuerza (la mención encendida a la defensa de la familia y el matrimonio, por ejemplo). Ha tenido la virtud, evangélica, de decir su verdad, aun sabiendo que el rating no lo favorece. Ha soltado, además, lágrimas que merecen, para cualquier cristiano de a pie, un respeto similar al que el anunciado por los Derechos Humanos.
En los 20 años que tendrá como arzobispo, la esperanza, consiste en que su verbo se haga carne. En que su temperamento no se desborde hasta provocar terremotos eclesiales. "Por sus obras los conoceréis", dice el Evangelio y lo ha recordado él mismo. Se le toma la palabra. Y se esperan sus obras, antes que la presencia de "la obra" (Ramiro Escobar).
La Procesión
Va Por Dentro
Asamblea de la Conferencia Episcopal termina hoy en medio de debates sobre el clero diocesano y otros temas.
Monseñor Bambarén, probable nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. Derecha: obispos unidos jamás serán vencidos, a pesar de las tendencias diversas.
COMO todos los años en el caluroso enero, desde el jueves 28 la Conferencia Episcopal Peruana viene realizando, en su sede de Jesús María, su asamblea anual, a la que actualmente asisten los 51 obispos que viven en estas tierras del Señor. El tema de este año: "El Presbiterio Diocesano".
En cristiano (católico y romano), eso significa examinar la cuestión de los sacerdotes que no pertenecen a ninguna congregación y que viven en parroquias, como es el caso del padre Jorge Arbañil de Mórrope (Chiclayo), hasta hace unos días ungido a las primeras planas por asumir su paternidad responsable. Fuentes de la Conferencia Episcopal aclararon, sin embargo, que el tema ya se venía viendo desde el año pasado, por lo que lo de Mórrope es sólo un elemento más en la discusión.
Hay, asimismo, otras cuestiones. Una es el documento "Eclessia en América", presentado por el Papa en México, el cual ameritará una asamblea extraordinaria próximamente. El tema del "Jubileo 2000", cuya punta de lanza es el recojo de firmas para que la deuda externa sea aliviada (ver CARETAS 1551), tiene apoyo total e incluso se prevé coordinar con instituciones de la sociedad civil con miras a impulsar la campaña.
Otro asunto que tendrá que ventilarse es la elección de un presidente de la Conferencia, que suceda a Augusto Vargas Alzamora. El cargo recaía en Manuel Prado Pérez Rosas, arzobispo de Trujillo, pero ocurre que dicho prelado, al igual que el ex arzobispo de Lima, también está cerca al límite de edad (75 años).
Le correspondería entonces el cargo a monseñor Lorenzo León, obispo de Huacho y segundo vicepresidente de la Conferencia, pero al parecer el talante de los obispos reunidos era elegir a un nuevo presidente que complete el período de un año que le faltaba a Vargas Alzamora y que podría ser reelegido el 2000 por tres años más.
Alguien que podría asumir ese cargo es monseñor Luis Bambarén, ex candidato a arzobispo de Lima, junto con Cipriani y monseñor Alberto Brazzini. Para ello, el obispo de Chimbote tendría que dejar su cargo de secretario general que, en rigor, podría ser cualquiera de los otros 50 purpurados.