EN un comienzo nadie imaginó la magnitud del sismo que asoló, la semana pasada, la próspera región cafetalera de Colombia. Decenas de edificios colapsaron, 13 mil viviendas se derrumbaron, y el número de sus muertes fue creciendo conforme pasaron los días; de 500 a 700, y luego a 900, y hay quienes afirman que aún yacen enterradas unas 2,000 personas. En tanto, los heridos llegaban a 3,000 y los damnificados a 500 mil. Y encima de eso, las redes de agua y electricidad se estropearon.
La magnitud del desastre fue tan grande que el presidente Pastrana, que estaba a punto de viajar a Europa, trasladó su gobierno a la zona devastada para coordinar, personalmente, la ayuda a los damnificados.
En ese escenario de dolor y muerte, hoy militarizado y con toque de queda se han dado escenas inenarrables: personas removiendo escombros con la esperanza de encontrar algún familiar todavía con vida o los pocos bienes servibles que ha dejado el terremoto. Armenia, la ciudad más castigada, cayó en un desorden público que generó saqueos y robos.
El sismo, por otro lado, ha sacudido la economía colombiana, que últimamente está pasando la mar y morena. El fenómeno se ha producido en el momento que el gobierno tiene poca liquidez a causa del déficit fiscal. La reconstrucción requiere cientos de millones, lo que es un reto para un gobierno que, de entrada, después de intentar la paz con las guerrillas, ahora se ve en la apremiante necesidad de llevar alivio a tantos pueblos golpeados por el infortunio.
El sismo de Armenia ha sido el más cruento de Colombia en toda su historia. Fue un "sismo superficial", de sólo 6 grados, pero los daños han sido enormes. ¿Cómo explicar eso? A vuelta de página respondemos a esa inquietud.
Debido a la magnitud del desastre, Pastrana trasladó su gobierno al escenario del desastre.
Así quedó un barrio de Armenia, la ciudad más castigada por el sismo. No sólo se derrumbaron edificios y miles de viviendas, también colapsaron los servicios de agua y electricidad. La reconstrucción requerirá cientos de millones.
¿Por Qué Tan Violento?
Ingeniero Julio Kuroiwa comenta el sismo superficial de Armenia y sus efectos.
En Lima la intensidad varía, principalmente, debido a las condiciones de suelo y topografía.
EL terremoto de Armenia fue, a decir de los sismólogos, un "sismo superficial". Tuvo 6 grados y, sin embargo, su destrucción fue devastadora.
Siendo tan pequeño, ¿cómo se explica, entonces, su tremenda fuerza destructora? Es lo que seguramente se han preguntado muchos limeños poco o nada familiarizados con ese tipo de sismos.
El ingeniero Julio Kuroiwa, profesor emérito de la UNI y uno de los más reputados expertos en el tema, señala que los daños se han debido a su alta intensidad, porque el foco de profundidad donde se originó el sismo fue a menos de 30 kilómetros de la superficie, y lo explica gráficamente, con un ejemplo muy sencillo: "es como si se reventara una bomba muy cerca. Por eso sus efectos son mayores. En cambio, si uno revienta una bomba muy lejos, dentro de la Tierra, las repercusiones son pequeñas".
En el Perú también se han producido sismos -refiere Kuroiwa- con fallas superficiales o visibles en Huaytapayana, Quiches, Callejón de Conchucos, y también en la selva alta, en Rioja, Moyobamba. Pero como esas zonas están poco pobladas, sus efectos fueron menores. En contraste con ello, en el valle del Cauca, una zona de mucho mayor población, los daños fueron tremendos.
Kuroiwa: la probabilidad que ocurra un sismo superficial cerca de Lima es prácticamente imposible.
ALEJADOS Y PROFUNDOS
Los sismos se producen -refiere el profesor- entre unos 40 a 80, 100 kilómetros mar afuera, y a 40 kilómetros de profundidad en promedio. Están, en primer lugar alejados, y en segundo lugar profundos. O sea, que la probabilidad de que ocurra un sismo cerca de Lima, nadie puede decir que es imposible, pero es remota.
En cuanto al sismo superficial del 25 de diciembre, que no pasó de un susto, dice: francamente ese día no estuve en Lima. Pero, aparentemente, fue más o menos profundo. Lo que pasa es que Lima tiene buen suelo y, felizmente, las construcciones de adobe están sobre ese buen suelo, excepto el del Callao, que requiere un plan de emergencia de evacuación y un programa de desarrollo a largo plazo.
En Lima, por otro lado, la intensidad varía. En suelo bueno es de 7, y tiende a llegar a 8 en La Molina y el Callao. Varía, principalmente, debido a las condiciones de suelo y topografía.
En el Perú, vivimos en una región sísmica, que estadísticamente es una de las más altas del mundo. Los sismos que afectan Lima se producen cuando la placa de Nazca choca o roza con la placa sudamericana. "O sea, se producen por subducción, cuando la placa Nazca se mete por debajo de la placa Sudamérica". Es el fenómeno natural sobre el cual estamos asentados. Y de eso los peruanos deben tener conciencia. (DTL).