Cuarenta peruanos devueltos de Chile el 31 de enero. Incidentes aparentemente xenófobos en la Argentina, con el añadido de un Carlos Menem cuando menos poco gentil con los inmigrantes. Peruanas que, según se dice, se embarazan para quedarse en el país gaucho. Nuevamente las fronteras se tornan infranqueables en esta parte de la región hemisférica. Hay en marcha tratados para encarar el asunto, pero también deben hacerse otras preguntas ¿Por qué la gente se va? ¿Es la primera vez que sucede?
De vuelta forzada al barrio. Dalia Correa, una de las peruanas repatriadas muestra su pasaporte luego de la ingrata aventura vivida en Santiago, por obra y gracia de carabineros excesivamente puntillosos.
EN Mendoza (Argentina) o Chacalluta (Chile) parece empezar el mundo para algunos compatriotas nuestros. Todos los días, de todas las semanas, desde hace algunos meses cientos de peruanos pasan por allí con la aspiración de cruzar el umbral que separa el desempleo de una vida más digna.
La política inmigratoria se ha endurecido en ambos países, pero no se trata de algo personal. Durante la asunción de mando de Hugo Chávez en Venezuela, los presidentes Hugo Banzer y Carlos Menem hablaron sobre el tema (cerca de un millón de bolivianos viven en la Argentina). De modo que no somos los únicos, pero sí estamos entre los problemáticos.
LA DIASPORA PERUANA
Estimados recientes calculan en un millón 900 mil, la cifra de peruanos en el exterior. De éstos al menos un 33% es ilegal. Según el antropólogo Teófilo Altamirano, ha habido cinco etapas u oleadas migratorias a lo largo de nuestra historia (ver infografía).
Una primera, muy pequeña, que se inicia en las décadas de 1910 y 1920 y se extiende hasta los años 50. La segunda va desde esta última década hasta los 70, cuando sobreviene una tercera oleada, mayormente protagonizada por las clases altas afectadas por el régimen reformista del general Juan Velasco.
Las décadas de 1980 y 1990 marcan la cuarta etapa, cuyo origen sin duda está en el insoportable cóctel formado por la crisis económica y la violencia política. En sólo diez años, los 500 mil peruanos en el exterior se triplicaron.
La quinta etapa se observa desde fines de 1995 hasta hoy, acaso debido a crisis económicas acumuladas. El maltrato sufrido por un grupo de peruanos en Chile y Argentina representa la cresta de esta ola.
AMIGOS Y MODELOS
La direccionalidad del flujo migratorio reciente nos remite a otras consideraciones. El caso de Chile es particularmente curioso. Se tiene hacia el país del Mapocho un consuetudinario resquemor, pero a la vez se profesa una gran admiración por su modelo de desarrollo (ver cuadro).
Hay una percepción de Chile como país exitoso, capaz de ofrecer oportunidades. Pero incidentes como los suscitados en los últimos días pueden transmutar la admiración en rechazo.
Chile aparece, por eso, en un modesto sexto lugar en la lista de países más amigos del Perú, con apenas 6 % frente al 20 % de los argentinos.
En diciembre de 1997, la percepción de Chile cayó a su nivel más bajo (1%), debido al caso Lucchetti. Hoy, podría haber un bajón similar, pero la admiración se mantiene, hasta el punto de que la afluencia hacia el tren que va al sur, sin boleto de retorno, continúa.
El 60% de quienes viajan a la Argentina lo hacen por tierra, y son mujeres.
CONVENIOS DE PAPEL
Cuando más globalizado es el mundo más duras son las políticas migratorias. Las fronteras vuelven a cerrarse, como anota el antropólogo Altamirano.
Actualmente, tanto Chile como Argentina vienen librando una dura batalla por encauzar el flujo migratorio de Bolivia, Paraguay y Perú. Al frente de esta política de Estado se encuentran Carlos Saúl Menem y su canciller Guido Di Tella, quien esta semana visitó nuestro país (ver recuadro).
El proceso no está exento de suspicacias. El diario "Página 12" de Argentina denunció recientemente que Menem inició una campaña xenofóbica contra peruanos y bolivianos para justificar un negociado entre el Estado argentino y la compañía alemana Siemens, que emitiría las nuevas cédulas de identidad.
En el caso de Chile, también existe un convenio de tráfico de personas y mercaderías, que contempla la libertad de tránsito. Sin embargo, al amparo de disposiciones fitosanitarias el convenio muchas veces no se cumple.
Por otra parte, en diciembre pasado finalizó el plazo para regularizar la situación de los residentes ilegales en ese país. Hasta esa fecha, de 40 mil peruanos estimados, unos 22 mil se acogieron a la ley.
Para la quincena de enero se estimaba que los peruanos habían aumentado a 50 mil y los que regularizaron su situación llegaron a 35 mil. Habrían, pues, unos 15 mil connacionales en situación de ilegalidad.
Recelo y Devoción
De acuerdo con encuestas hechas por DATUM, los sentimientos de los peruanos hacia Chile son contradictorios. Por un lado se le tiene resquemor, desconfianza, pero por otro se le admira y se considera que su modelo de desarrollo es uno de los que más convendría al país.
FANTASMAS Y REALIDADES
En Santiago, 26 cámaras de televisión y carabineros de civil vigilan puntos estratégicos de la ciudad a la caza de escaperos de todo tipo. Un noticiario de la televisión mapochina afirma que se trata de inmigrantes.
Es una vieja historia, según Altamirano. Los inmigrantes siempre han sido acusados de desórdenes internos, aumento del índice de delincuencia o presión laboral desventajosa para los locales, pero la realidad es que contribuyen con su trabajo a la economía del país que los acoge.
Es más: del examen de las cifras macroeconómicas se desprende que los peruanos residentes en otros países contribuyen a la economía con unos 1,000 millones de dólares anuales, vía las remesas que envían a sus familiares.
Argentina y Chile, por último, no son paraísos económicos. La anotación vale sobre todo para este último país. El desempleo allí ha aumentado a 11%. La minería y la construcción están en problemas, debido a la recesión y los bajos precios del cobre.
Puede llegar un momento en que la propia economía chilena (o la argentina) no tenga capacidad de absorber esta masa laboral, que en muchos casos no es calificada y ocupa niveles de empleo primario. Para entonces, es posible que recién reconozcamos la importancia de acoger al "otro", precisamente porque es parte de uno mismo.(Luis Alberto Chávez).
Es La Quinta Diáspora
Las diversas etapas de la emigración en el Perú.
Primera oleada: De 1910 a 1950. Estados Unidos empieza a ser atractivo para las clases medias y Europa para las clases altas.
Segunda oleada: De 1950 a 1970. Las clases medias intelectuales completan su formación en París, Roma, Madrid. Estados Unidos sigue de moda.
Tercera oleada: De 1970 a 1980. Venezuela (por el boom del petróleo) comienza a ser atractiva. Las clases altas emigran debido a las reformas velasquistas.
Cuarta oleada: De 1980 a 1992. La violencia política y la crisis económica causan enorme desaliento. A los destinos usuales, se suman Japón, Australia y Canadá.
Quinta oleada: De 1995 a la fecha. Chile y Argentina son los destinos principales. El desempleo es una de las principales causas. Algunas cifras de peruanos en la región: Venezuela: 150 mil; Chile: 50 mil; Argentina: 50 mil; Brasil: 40 mil; Bolivia 20 mil.
En La Plaza Once
Gran parte de los 60,000 peruanos que viven en Buenos Aires se concentran allí.
Canciller Guido Di Tella anuncia que la solución está ad portas.
LA visita relámpago que hizo a Lima el martes el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina Guido Di Tella tuvo dos fines.
El primero, manejado con alguna reserva, fue lograr el apoyo del Perú para que Argentina sea la sede de la nueva secretaría general del Tratado Antártico, organismo en el que Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda tienen una influencia singular. (El status de las Malvinas es una complicación, pero el Perú apoya a Argentina.)
El segundo tema fue de interés público generalizado: la situación de los peruanos en el exterior y, más concretamente, de los inmigrantes ilegales en Argentina.
En este clima se ha dado el caso de Esteban Cuya, que trabaja con una organización de derechos humanos alemana, quien en un recorrido reciente con colegas europeos fue asaltado, golpeado y amenazado en un taxi por personal que parecía policial.
En agosto de 1998, el Perú y Argentina firmaron convenios preliminares para regular la migración, el comercio y los intercambios de estudio, y en esta ocasión nuestro canciller, Fernando de Trazegnies, entregó a Di Tella nuestra parte del convenio ratificado mediante decreto supremo.
Se espera que en reciprocidad el Congreso argentino sancione una medida similar, en un procedimiento que corre paralelo con la revisión de una ley general sobre migraciones.
DE 26,000 A 70,000
Sucede que en los tres últimos años la cantidad de peruanos en Argentina ha pasado de 26,000 a 70,000. De ellos, 60,000 están en Buenos Aires, concentrados sobre todo en la zona de la Plaza Once, tradicional barrio de comerciantes de origen judío, en el que se ha instalado un flamante centro comercial.
La presencia de "tanto cholito y zambito sin mucho que hacer", sumado a niveles de desempleo virtualmente desconocidos, ha creado una corriente de opinión que presiona a la policía y confunde a los inmigrantes con delincuentes.
Más del 60 % de los peruanos que han llegado recientemente a la Argentina son mujeres, en busca a menudo de empleo como domésticas. Esto es visto como una bendición por amas de casa que, como las californianas, no encuentran trabajadoras del hogar.
En los consulados peruanos están registrados 25,000 residentes. El problema no es tan grave si se considera que en Argentina hay actualmente 1'000,000 de bolivianos y 400,000 paraguayos, la mayoría ilegales.
La nueva legislación sería más rigurosa con las empresas que emplean a ilegales pero a la vez facilitaría la residencia en un país que al ingresar no exige visa ni bolsa de viaje a los peruanos. Bastaría con un contrato de trabajo o con aportes tributarios y al seguro social para quienes se autoemplean.