Soy básicamente un televidente de fin de semana. Por cuestiones de trabajo llego a las diez de la noche a mi casa y veo televisión a medias, con un ojo en un libro y otro en la pantalla, a no ser que Marco Aurelio Denegri, Antonio Cisneros o Tomás Unger tengan un buen interlocutor. Le doy vuelta y vuelta al circuito y a veces me detengo en un buen documental (siempre y cuando no sea un publicherry de petrolera), o también en algún partido de fútbol argentino, español o italiano. A veces por deformación profesional me veo obligado a ver informativos. También zapeo alguna película que no pude haber visto en los cines. El otro día me desperté a las cuatro de la mañana y terminé de leer un libro de Tito Hurtado y, como no podía leer más, encendí el televisor y me encontré con dos periodistas, Michael Douglas y Jane Fonda, que junto con Jack Lemmon actuaban en el "Síndrome de China". Me agarró la ducha, el desayuno y no pude terminar de verla. Así que por primera vez acudí a la revista de cable, pero no salía mencionada por ninguna parte. Tendré que preguntarle a Christian Wienner por el final.
Pelotiwood
El campeonato de fútbol local empieza y se retoman las transmisiones deportivas. Preguntarse por qué un deporte practicado tan mal puede gustar tanto tiene su respuesta en el chelo posterior a la pichanguita. Las cuestiones estéticas quedan de lado: el fútbol es tan sólo el pretexto y el refugio donde los insultos y las recriminaciones, pero también la felicidad más automática y boba hace su asiento. Pero si la práctica hemipléjica del fútbol permanece inalterada, su aspecto televisivo sin duda ha cambiado. El fútbol -como los talk shows, los gossip shows y las bromas metatelevisivas entre artistas- se está nutriendo de un estrellato más fundado en la telegenia que en el dribbling. La adustez, el análisis meditado y las conclusiones constructivas para levantar al peloteo ya no están de moda. La chacota y el vacilón (al fin y al cabo el fútbol es ludopatía) han revestido al deporte de la cáscara de entretenimiento que antes no poseía y que sólo aparecía revestido de chauvinismo. A la cabeza de esta onda más relajada está Micky Rospigliosi con "Teledeportes" -difícil creer que el desaparecido y aburrido "Once" alguna vez le restara sintonía. No es que los comentarios carezcan de autoridad o credibilidad, la cuestión es más de forma que de fondo. Pero el televidente hincha ya no es ni romántico ni épico cuando se percata que en fútbol contratos, pases y auspiciadores definen partidos, y más aún cuando ello se ve refrendado con una sonrisita cachacienta aunque resignada. "Goles en acción" mantiene ambas vertientes. Alberto Beingolea puede ser un palabrero convincente y efectivo con sus amargones de utilería, pero su almidón de inconmovible seriedad no se la arrancó ni el tour por los programas de Red Global donde se le hizo cantar, imitar y bailar. Por eso requiere de esa prótesis mitad parlante aunque chonguera que es Bruno Cavasa o de aquel que recorre gradas que a veces acierta con sus bromas viejas. La hipótesis es que en un medio donde el fútbol tiene su máxima expresión en goles de carambola o en un Carranza rechazando bolas con la cara, la televisión decidió nunca más tomarlo en serio. Más pegada tiene Waldir contando chistes o Bica haciendo pasarela mientras el estrógeno se expande. Y los jugadores saben que jueguen bien o jueguen mal siempre tendrán esa tribuna de apologías de la Tv. explotando su personalidad o el humilde "Hinchapelotas" donde Melcochita y Barraza son siempre buena gente. (Luis Aguirre)
Picotazos "Con la muerte de Augusto Ferrando acaba el siglo XX
en el Perú"