Se Salió del Mapa
Ahora Fujimori debe una explicación a Colombia y al Perú.

Después de dictar en Venezuela lección de reeleccionismo y disolución del Congreso, el Presidente lanzó en Washington, en texto escrito, un grito de alarma sobre infiltración guerrillera que amenaza al Perú y al continente, y que debió denunciar a su debido tiempo. Felizmente, la realidad no confirma ese escenario. Lo que está en marcha en Colombia, por voluntad del pueblo colombiano, es un difícil proceso de paz.

Presidentes de Colombia y el Perú antes del exabrupto. Derecha, la verdadera zona caliente fronteriza, entre Ecuador y Colombia.

SI, pues, como decía CARETAS en su última edición, Fujimori se deschavó. Primero en Caracas, donde brindó sus consejos de oro sobre reelección y disolución del Congreso. Después en Washington, en el Colegio Interamericano de Defensa, ante el cual criticó, con la energía de un padre indignado -por quinta vez en las últimas semanas, según hizo notar un diplomático extranjero- la política de paz del presidente de Colombia, Andrés Pastrana.
Fujimori presentó un problema interno de la nación colombiana como un asunto de interés vital peruano y hasta de defensa continental. Poco faltó para que propusiera la creación de una fuerza de acción colectiva para enfrentar la amenaza continental planteada por los 15 mil guerrilleros de "Tiro Fijo".
Por supuesto, Fujimori insinuó que su método autoritario es el único eficaz para combatir la subversión, sin comprender que, como lo hizo notar el embajador de Colombia en el Perú, Luis Guillermo Olarte, Sendero Luminoso era una arquitectura vertical que con la captura de su jefe se vino abajo. En cambio, la guerrilla de Colombia tiene 400 jefes presos y no por eso ha desaparecido. Las FARC, fundadas en julio de 1964, comenzaron con 44 combatientes.
En conjunto, los grupos subversivos son una minoría, pero tienen gran potencia de fuego y dominan un amplio aunque despoblado territorio. En todo caso, Fujimori ha conseguido irritar a las autoridades y la opinión pública colombiana. El presidente Pastrana, sorprendido en medio de su esforzada acción de solidaridad con la población afectada por el terrible terremoto reciente, ha expresado su indignación por lo que califica de "intromisión en los asuntos internos" de su país.
La cancillería colombiana ha llamado al embajador del Perú para expresarle, en protesta verbal, el malestar del gobierno colombiano y ha pedido que el Perú dé datos precisos sobre la supuesta presencia de subversivos en la frontera común.
En una declaración reciente, Fujimori habló de 17 incursiones de guerrilleros colombianos en 1973, en localidades del Putumayo, con secuestros y heridas a policías y soldados peruanos. Denunció otras siete incursiones, sin bajas, en 1995, y cuatro acciones de hostigamiento en 1996. En 1997 y 1998 se han detectado, dijo, acciones de apoyo a narcotraficantes.
No es precisamente un escenario de guerra. En todo caso, como expresó a CARETAS el Dr. Diego García Sayán, de la Comisión Andina de Juristas, "sería gravísimo que el Perú supiera de concentraciones e incursiones guerrilleras en el área fronteriza, y que no lo hubiera informado a Colombia. Ello sería casi una complicidad con la guerrilla".
Ahora, después de ordenar el traslado de tropas de la frontera con Ecuador a la frontera conColombia, el gobierno peruano está obligado a presentar pruebas de que Fujimori no había exagerado en su texto ante el Colegio Interamericano de Defensa. Habla ahora o calla para siempre.

Miembros de las FARC, la principal guerrilla colombiana, con la cual negocia Pastrana.

VOCES MULTIPLES

Las reacciones de condenación a la injerencia de Fujimori han sido casi unánimes en Colombia y en el continente, aunque no han faltado voces del autoritarismo que defiendan su postura.

  • El presidente del Senado colombiano, Fabio Valencia, protestó enérgicamente por lo que consideró una interferencia en los asuntos internos de su país, cuando lo que se requiere -en un "proceso tan delicado" que se lleva a cabo después de 48 años de violencia- es la "solidaridad internacional" y, sobre todo, paciencia. Recordó que en las encuestas recientes entre un 75 y un 80 por ciento de los colombianos está "de acuerdo con la negociación" con la guerrilla, y que en las últimas elecciones generales, diez millones de votantes suscribieron una "papeleta por la paz" que consultaba la opción del diálogo.
  • García Sayán acotó, por su parte, que en dichas elecciones, el único candidato que propugnaba una solución a lo Fujimori, el general (r) Harold Bedoya, obtuvo sólo el tres por ciento de los votos.
  • Hernando Santos, director de "El Tiempo" de Bogotá, opinó que Fujimori estuvo muy "sensato y justo" y que su diario está a favor del diálogo, pero critica al gobierno por no aplicar mayor energía.
    Santos se refirió a una encuesta realizada entre "ejecutivos de empresas" en la que un 84 por ciento de éstos opinaba que si las negociaciones fracasaban habría que optar por una línea de fuerza como la de Fujimori. Observadores del panorama colombiano señalan que "El Tiempo" tiene en esto arrestos algo conservadores, y que en esta encuesta la pregunta incluía prácticamente la respuesta. Es plantear una situación en la que de todas maneras te agarra el toro.
  • En términos de neoautoritarismo, esa encuesta semeja ciertas actitudes que se daban y dan en Venezuela, sobre todo en la exasperación contra Carlos Andrés Pérez, cuando un personaje como Arturo Uslar Pietri llegó a decir que Venezuela necesitaba un Fujimori, y eso después del golpe de 1992 que disolvió el Congreso y arrasó el Poder Judicial en el Perú. Cuestiones del subdesarrollo, que se manifiesta hasta en la crema de la intelectualidad.
  • La violencia en Colombia no es sólo la que comienza en 1948, cuando fue asesinado el líder popular y seguro vencedor de la presidencia, Jorge Eliécer Gaitán. La historia de Colombia es una sucesión de guerras civiles entre liberales y conservadores que datan del siglo pasado. Basta recordar al loro ese que en El amor en los tiempos del cólera ponía en peligro a toda la familia al gritar "¡Vivan los liberales, carajo!". Pero esos cien años de guerra terminaron mediante un diálogo que condujo al acuerdo entre liberales y conservadores, en un período de notoria aunque imperfecta estabilidad política, y de constante progreso económico, a pesar de la insurgencia de grupos extremistas que en esencia son minoritarios.

    FRONTERAS CALIENTES

    La verdad de la milanesa es que en los 1,570 kilómetros de nuestra frontera con Colombia circulan libremente narcotraficantes, paramilitares colombianos y también guerrillas de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC), gracias a la soledad del paisaje y a la indolencia del Estado peruano. Si se trata de prevenir peligros de violencia, no es malo, sino al contrario, establecer por fin allí fuerzas de vigilancia.
    "Me parece pertinente tomar precauciones", expresó el general (r) Walter Ledesma a CARETAS. "Pero al asumir este nuevo rol, se tiene que reequipar al ejército y la policía. Las FARC disponen, por ejemplo, de deslizadores de alta velocidad que nuestras fuerzas no poseen".
    Pero lo cierto es que la frontera entre Colombia y el Perú no es zona de concentración y acoso guerrillero. Los que más se mueven por allí son los narcotraficantes, muchos de los cuales están vinculados, ciertamente, con la guerrilla.
    La verdadera frontera caliente en la actualidad es la de Colombia con Ecuador. El semanario bogotano "Semana" acaba de señalar que en la región de Ipiales y Tulcán, en Ecuador, los grupos subversivos y paramilitares han establecido fuentes de abastecimiento de armas, municiones y explosivos, y que los narcos han convertido esa zona en un epicentro de su negocio. Otra frontera caliente es la de Colombia con Venezuela, favorecida por la cercanía con los focos de acción de la guerrilla, en particular de las FARC. En esa línea fronteriza sí que se han registrado masivos ataques provocadores de los subversivos contra el ejército venezolano, al parecer con la intención de provocar incluso un conflicto internacional.

    NEGOCIACION CON BALAS

    García Sayán, que tuvo destacada participación en la negociación de la paz en El Salvador por encargo de la ONU, considera que el proceso colombiano marcha por un camino correcto. Después de décadas de violencia, no es posible esperar un súbito estallido de la paz. Incluso, precisa, en estos casos pueden producirse retrocesos y hasta recrudecimiento de la violencia. Lo importante es mantener el rumbo y el diálogo. "No se olviden", precisa el jurista, "que Israel y los palestinos siguen negociando en medio de los cañonazos".
    Realmente, Colombia necesita la solidaridad -y no el encono o la reprimenda- en esta hora de prueba. La paz en Colombia es una causa que también interesa al Perú. Ese sí que es un asunto de defensa continental, y de lucha por la democracia y contra el autoritarismo.