
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Demagogia Bélica
ES difícil entender por qué el presidente Alberto Fujimori dijo que Vladimiro Montesinos no era exportable, considerando la gran cantidad de peruanos que desearían remitirlo al extranjero. Además, tratándose de Colombia, el jefe real del Servicio de Inteligencia Nacional tiene muy buenos amigos desde fines de la década del '70, cuando estableció vínculos con Evaristo Porras Ardila, uno de los capos del cartel de Medellín.
El hecho que algunos de sus amigos estén en la cárcel o hayan pasado a mejor vida, no debe haber impedido al sagaz asesor hacer nuevas y fructíferas relaciones.
Todo indica que la reaparición de Montesinos en Palacio de Gobierno el domingo pasado, está relacionada con el genial plan de trasladar tropas a la inhóspita frontera peruano-colombiana (sólo comparable con el proyecto turístico de la isla San Lorenzo). Al parecer, la idea fue fabricada por Montesinos y su equipo de creativos luego que Fujimori fuera vapuleado interna y externamente por sus desafortunadas expresiones sobre la política de diálogo con la subversión del presidente Andrés Pastrana.
Sin embargo, los malpensados creen en otras hipótesis. Una, malévola, es que Montesinos ha inducido a Fujimori a pronunciarse contra las negociaciones con la guerrilla para darle apoyo desde fuera a los que se perjudicarían con la pacificación, encabezados por los narcotraficantes, que aprovechan el conflicto para aliarse -y sobornar- a los subversivos y las autoridades. Si el diálogo llega a tener éxito, tendrían muchísimas dificultades para operar.
Otra hipótesis también tiene que ver con el superasesor, que se ufana de ser el agente favorito de una superpotencia. El escándalo y la movilización de tropas a la frontera, apoyaría la sensación que Colombia se ha convertido en una amenaza regional, a la que hay que vigilar y, eventualmente, intervenir. Eso reforzaría la alicaída posibilidad de instalar una gran base militar norteamericana en Iquitos.
Como se sabe, Panamá ha rechazado la instalación de un centro de lucha antinarcóticos en su territorio. La selva peruana, sería ideal, aunque tanto el gobierno peruano como el norteamericano han desmentido la posibilidad. Pero con Fujimori y Montesinos nunca se sabe.
Las otras novedades que el presidente Fujimori llevó al extranjero fueron la reducción de los gastos militares en US$ 1,500 millones y la venta de equipos bélicos. Ambas propuestas pura demagogia, por cierto. La primera, porque el Perú no está en condiciones de gastar esa cantidad en armas, en medio de la crisis, la recesión y el alarmante drenaje de divisas. Ya gastó unos US$ 2,500 millones entre 1995 y 1998, a pesar que Fujimori prometió en marzo de 1995, en Montevideo, pública y solemnemente que no gastaría un centavo en armas.
Su afirmación que tenía programadas otras compras que ya no efectuará, vale tanto como la de Uruguay. O sea, nada.
Su renuncia a comprar 18 aviones Su-27 es una ridiculez (ver nota aparte). Esos aviones son monstruos carísimos que no tiene nadie más que Rusia, Bielorrusia, que heredó 26 ejemplares, China y Vietnam. Perú, además, ya compró 18 MiG-29 a Bielorrusia y 3 más a Rusia, y 18 Sukhoi 25 a Bielorrusia. En total 39 aviones de combate modernos, en tanto que en el mismo período Ecuador adquirió dos Kfir dados de baja por la fuerza aérea de Israel.
La superioridad aérea sobre Ecuador, pues, se ha restablecido largamente.
En suma, Fujimori no ha renunciado a nada. Sólo su desesperación al ser adelantado por Jamil Mahuad, que anunció que no gastaría en compras de armas en los siguientes cuatro años, lo llevó a formular promesas demagógicas que no puede cumplir, como la de vender los equipos que la cúpula militar ha adquirido a precio de oro.
¿Quién compraría los MiG-29 de tercera mano y a qué precio? Esos aviones eran de la URSS, los heredó Bielorrusia, una republiqueta corrupta que a su vez se los vendió, sin repuestos ni mantenimiento, al Perú. Lo mismo vale para los Su-25.
Además, aunque la propaganda oficial lo diga, nada garantiza que la paz definitiva ha llegado a la frontera norte. Todos lo desean, pero eso no se podrá saber sino con el paso de los años. Por si fuera poco, nuestro vecino del sur sigue adelante con el plan de modernización de sus FF.AA. Y todo a pesar que Chile ha resuelto sus problemas fronterizos con Argentina y Perú.
En suma, por donde se le mire, pura palabrería de un presidente que ya perdió la credibilidad en el Perú y que está haciendo méritos para perderla también en el extranjero.
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