Fue una jornada electoral con suspenso y maniobras de último minuto; pero una corriente impetuosa de los empresarios ansiosos de cambio impuso la fórmula de consenso, que instala al número dos de Minas Buenaventura en el puesto más alto del gremio de gremios empresariales. El gran perdedor fue Manuel Sotomayor, que, en vista del viento en contra, tuvo que renunciar a la reelección.
Luis Newman, gerente general de la entidad, invoca calma, mientras el derrotado Sotomayor busca reprimir su nerviosismo, tras una jornada en que él y sus aliados pelearon a fondo. Abajo, Roberto Neste, de la SNI, y José Sarmiento, de la SNP. Este último cambió de táctica tres veces, a fin de evitar el triunfo de Benavides.
DECIA Simón Bolívar que el arte de vencer se aprende en las derrotas, y esto es lo que ha sucedido en las elecciones de la presidencia de la CONFIEP del martes 16. A los 37 empresarios que asistieron a la jornada electoral del salón de directorio del cuarto piso del Centro Empresarial, les quedó claro que la victoria del ingeniero Roque Benavides Ganoza se gestó el año anterior, cuando en gesto de desprendimiento aceptó ser el primer vicepresidente de la directiva que encabezó Manuel Sotomayor, tras una ajustada y controvertida derrota por dos votos.
El empresario minero llega a la cumbre de la organización empresarial en un año sumamente movido, no sólo por la crisis económica en marcha y los sacudones del Brasil, sino también porque la campaña electoral está empezando.
Roque Benavides asume la dirección de Confiep en un año movido por la crisis económica.
Y, quizá por ello, con tino, los gremios han decidido mostrar un rostro unitario y con cierto matiz de independencia en momentos en que el país empieza a polarizarse por la reelección presidencial y por las decenas de candidaturas presidenciales que florecen día a día.
¿Su voz será lo suficientemente clara para promover inversiones y evitar el dogma ortodoxo en el MEF? El tiempo lo dirá. No obstante, es evidente que el presidente Alberto Fujimori y el primer ministro Víctor Joy Way tendrán un canal único para su diálogo con el empresariado.
En todo caso, por lo pronto se espera que Benavides no acceda tan rápidamente a perder su independencia y aceptar un puesto en el gobierno, como varios de sus antecesores, o que sin mayor trámite y a última hora se suba al avión para fungir de chaperón en las giras presidenciales, sin llevar una agenda propia, que no por ello necesariamente tiene que ser distinta.
Pese a que Benavides, con sus 44 años es casi coetáneo con Sotomayor, su ascenso representa un verdadero cambio de guardia en el gremio de los gremios. Un nuevo rostro. Quizá por ello, hasta la hora undécima la vieja guardia (el consejo de past-presidentes) que integran Miguel Vega Alvear, Juan Antonio Aguirre Roca, Rafael Villegas, Jorge Picasso, entre otros, no mostró mayor entusiasmo por su candidatura, como lo demostró al exigir que se vote la postulación de Benavides, pese a que era el único candidato en liza y estaba apoyado por una abrumadora mayoría.
Incluso, en la composición de la nueva directiva que se armó a los pocos minutos de la resonante victoria de Benavides, los nuevos rostros son el signo de los tiempos. Sólo Alvaro Quijandría repite el plato, mientras que el constructor José Ortiz lo escolta como primer vicepresidente. Como tesorero y protesorero salieron elegidos Roberto Nesta de la SNI y Carlos Castro de ADEX, que, a juicio de muchos, son dos de los líderes empresariales que ostentan mejores calificaciones técnicas.
El cuarto piso del Centro Empresarial fue el escenario.
LA REELECCION FRUSTRADA
¿Por qué fracasó Sotomayor en su intento de salir reelegido?
Fueron varias razones. En primer lugar, algunos gremios le atribuían un estilo de conducción muy personalista, que sacaba roncha entre sus pares. Otros, su notoria cercanía con el entonces poderoso ministro de Economía Jorge Camet, que si bien fue la clave de su ascenso, muy pronto, al salir Camet del MEF (a mediados de 1998), se convirtió en un fardo sumamente pesado que fue determinante en el conato de cisma que representó la creación de la Coordinadora Nacional de la Producción por parte de ADEX, la SNI y la Cámara de Comercio de Lima.
La tensión preelectoral que se generó en los días previos se debió a que Sotomayor -alentado por sus allegados- intentó hasta la hora nona salir reelegido. Para ello no dudó en pedir a Benavides que lo acompañara en la aventura. Hasta el último trató de mediatizar la cantada candidatura del empresario minero con la monserga de que éste debía cierta lealtad a su directiva.
De izquierda a derecha: líderes empresariales José Graña, Carlos Rodríguez Pastor, Eduardo Farah y Jorge Picasso, protagonistas de la batalla.
Sin embargo, una carta que llegó a Minas Buenaventura al morir la tarde del lunes 15 fue la que decidió a Benavides. La misiva, que llevaba la firma de 24 de los 37 directores que votaban al día siguiente, le exigía que encabezara una lista de consenso para preservar la unidad del gremio de los gremios.
Sin embargo, Sotomayor esperó hasta las 6.12 p.m. del mismo martes para decir compungido, mientras fulguraban sus celestiales pupilas: "yo declino". Segundos antes, su colega pesquero José Sarmiento, del grupo Galsky, lo había propuesto para la reelección, y luego, exhibiendo agilidad de merlín, o quizá porque estaba en el libreto, intentó sin éxito que Benavides -que había sido propuesto por José Ortiz de CAPECO- declinara para que un empresario cercano a Sotomayor, como Quijandría o Jaime Cáceres, pudiera terciar y alzarse con el triunfo.
Este intento de tercera vía había sido ya insinuado dos horas antes por el consejo electoral compuesto por los ex presidentes de la CONFIEP.
Unidad fue la palabra que más repitió Benavides en su primer contacto con la prensa, como aludiendo a la soga en la casa del ahorcado. En todo caso, el nuevo presidente, con muñeca que empieza a desempolvar, ha aceptado sin pestañear los sonoros reclamos de la Coordinadora Nacional de la Producción, pero señalando que los sobrecostos se deben reducir en un marco de disciplina fiscal y monetaria.
SAN ROQUE
Roque Benavides es el cuarto de los cinco hijos del patriarca minero Alberto Benavides de la Quintana. Su nombre se debe a que San Roque no sólo es una marca de kinkón, sino que es el patrono de Castrovirreyna, donde queda uno de los primeros yacimientos de Minas Buenaventura. Casado y con un hijo, ingresó en 1971 a la Universidad Católica, donde se graduó de Ingeniero Civil.
Triunvirato satisfecho: Emilio Navarro, de la SNI; Roque Benavides y Carlos Bruce, de Adex.
Luego de breves escarceos como dirigente estudiantil en el Fundo Pando pasó rápidamente a ensayar sus pinitos como constructor. Sin embargo, esta experiencia profesional le resultó aleccionadora y le enseñó que su futuro no estaba ligado a una mezcladora, sino a los socavones mineros.
Pocos conocen que Benavides, además de experto en la cría de perros pastores, es un jurado recurrente en los concursos de caballo de paso, pasión por la que no duda en abordar un avión para estar una tarde en Quito y otra en Panamá. No es una alusión por cierto, pero sus íntimos esperan que su experiencia en el trato con canes y potros le sirva para morigerar los excesos de espíritus indómitos que subyacen en algunos de los gremios que hoy integran la CONFIEP.
Benavides, que fue presidente de la Sociedad Nacional de Minería en 1994, actualmente es el segundo hombre en la línea de mando de Minas Buenaventura, empresa que, a raíz de la debacle de las acciones de los bancos y los éxitos de Yanacocha (en la que detenta el 43%), se ha colocado como la tercera empresa del Perú en capitalización bursátil, luego de la Telefónica y Southern. (Rafael Hidalgo).