
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Componenda Fujimori-García
QUEDAN pocas dudas que el reingreso de Alan García a la política activa por la pantalla chica y la puerta grande responde a un pacto, implícito o explícito, con el gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.
El solo hecho que García, supuestamente un enemigo irreconciliable del régimen y un delincuente, aparezca en las pantallas de Canal 2, es una demostración de ello. Porque desde que Frecuencia Latina fue arrebatada a Baruch Ivcher, está bajo el estricto control del gobierno, específicamente del Servicio de Inteligencia Nacional y de Vladimiro Montesinos.
Es absolutamente imposible que una entrevista a García pueda ser difundida sin el consentimiento de Montesinos. Es más, sus actuales propietarios no se plantearían ni siquiera la posibilidad de realizarla sin antes consultar con Montesinos. Y lo más probable es que haya sido hecha por iniciativa del jefe real del SIN.
¿Por qué el gobierno que persiguió a García desde el 5 de abril de 1992 está ahora interesado en regresarlo a la política? Porque es parte de su estrategia electoral para el 2000. Para imponerse otra vez Fujimori necesita, además de manipular las instituciones y usar el dinero del Estado en su campaña, dividir a la oposición más de lo que está. Y Alan García es adecuado para ese propósito.
Primero, porque su sola presencia crea feroces polémicas y debates dentro de los adversarios del régimen.
Segundo, impide o dificulta mucho la participación del Apra en un posible frente opositor. Pocos querrán aparecer al lado de García.
Tercero, la capacidad política de García, puesta de manifiesto en la entrevista, quitará votos a los opositores que sí tienen opción de ganarle a Fujimori.
Cuarto, introduce la polarización que el régimen quiere: Fujimori vs. el atroz recuerdo de la hiperinflación y el terrorismo. Y no la que debería existir realmente: el desastre actual, la miseria, el desempleo y el autoritarismo frente a opciones moderadas en lo económico y democráticas en lo político.
Ese es el espantajo que el gobierno necesita para vapulear. Cuando Fujimori dice que "va a hacer pedagogía política", es que va a comparar sus "logros" con lo que ocurría durante el gobierno aprista.
En suma, el régimen es consciente del hoyo en que ha hundido al país y no le interesa que la gente se fije en eso. Pretende, entonces, plantear la campaña en función del pasado.
García, sin embargo, es un político muy hábil y lo demostró el domingo. Empezó con una autocrítica que pareció sincera siendo falsa. Los dos errores que reconoció fueron que era muy joven cuando llegó a la Presidencia (y hoy ya no es joven), y que todo lo que hizo fue en favor del pueblo pero en exceso. Ahora, con la edad, ya se ha moderado y no cometerá excesos.
Esa es la típica autocrítica de los políticos que estando en mal pie se ven obligados a hacer un mea culpa, pero que en realidad no reconocen nada. Su equívoco, según García, fue haberse preocupado mucho por los pobres. Si fuera así, habría que darle una medalla.
En realidad, sus errores fueron: una política económica equivocada, una desacertada y pendular política antiterrorista y una corrupción galopante. De nada de eso se autocriticó realmente.
Pero hay que reconocerle una extraordinaria capacidad para formular propuestas de política económica verosímiles y entendibles. Los cinco puntos que propuso los puede comprender cualquiera y son creíbles. Pueden ser tan funestos en su aplicación como los que formuló en 1985, pero constituyen una alternativa que, lamentablemente, ningún otro aspirante opositor ha sido capaz de plantear hasta hoy.
¿Por qué al gobierno le interesaría un rival hábil al frente? Porque además de dividir los votos de la oposición García tiene una característica clave: no puede ganarle a Fujimori. No sólo porque el lastre de su pasado le impediría alcanzar una mayoría electoral ahora, sino porque es un candidato al Congreso, que no compite por el cargo con el reeleccionista Presidente. Y, más importante, porque el gobierno tiene todas las cartas en la mano. Puede permitirle o no candidatear, puede permitirle o no el acceso a la Tv. que controla, puede permitirle o no regresar si es que es candidato y -con seguridad- elegido congresista.
Por eso García es el rival perfecto. Como se ha dicho antes en esta columna, la manipulación del proceso del 2000 incluye el hecho que el gobierno va a escoger a sus contrincantes. Ya lo está haciendo.
¿Qué gana García? La posibilidad de volver a la vida política -que es toda su vida-, de regresar al Perú y de tentar nuevamente el poder en el 2005 o más allá.
Para fundamentar en privado su entendimiento con el régimen, García puede encontrar muchísimos ejemplos de compromisos subterráneos de Víctor Raúl Haya de la Torre con dictadores que lo perseguían. No hay nada nuevo bajo la estrella aprista.
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