Hago Siempre lo que Quiero
En el mitin de la Fraternidad, Jorge del Castillo juró que no hay pacto con el gobierno.
Pero de todos los cargos, el que ha impactado más severamente en el ánimo del ex presidente es de la existencia de una colusión entre el régimen fujimorista y el Apra.
Los desmentidos en tal sentido, tanto de AGP como del secretario general del Apra, Jorge del Castillo, tienen parte de verdad. No se trata de un pacto ni de una componenda bajo mesa de dos agrupaciones antinómicas, puesto que ninguna propone orientar votos a favor de la otra, ni hay ideario, táctica o estrategia para futuras coaliciones electorales.
Tal como se presentan los hechos, ni el fujimorismo ni el aprismo dejarán de estar en la batalla política en trincheras opuestas, pero pareciéndose en el fondo si se los mira recibiendo por igual desamor e inquina en adversarios comunes.
¿A quién atacará la izquierda marxista, o el pepecismo o los ultraliberales con más ahínco? ¿A Fujimori o a García?
Para la opinión pública, García es ahora reo contumaz como lo será probablemente Fujimori cuando deje el poder y se conozcan las entrañas del manejo del gobierno en su decenio, independientemente de las triquiñuelas del Poder Judicial.
A ambos les conviene tener una representación parlamentaria conspicua y, eventualmente, podrán tener que decidirse a jugar en pared, aunque eso sea a regañadientes.
Fujimori es hijo de sus obras, a no dudarlo, pero arribó al poder gracias al apoyo del alanismo porque así lo exigían las circunstancias.
Mejor Fujimori que Mario Vargas Llosa, esa fue la apuesta de 1990. El enemigo de mi enemigo, es mi amigo.
Que después tanto apristas prestados (Alberto Kitasono o Carmen Lozada de Gamboa, o Jaime Sobero Taira o Absalón Vásquez), vargasllosistas tránsfugas, como hasta izquierdistas de bajo cuño como algunos dirigentes de Unir, terminaran unciéndose al yugo próspero del fujimorismo triunfal, no habla mal de los partidos en cuestión sino de la vieja costumbre áulica y oportunista de nuestro folklore político.
Si algo hay de destreza maquiavélica en Fujimori, es la capacidad para atraer conciencias y endulzarlas si no corromperlas. El caso más ilustrativo y ejemplarizador es el de Javier Valle Riestra, atacante por igual del Presidente como del ex Presidente, pero contertulio de ambos al mismo tiempo.
El horizonte para el 2000 tanto para Fujimori como para García no es la presidencia de la República (salvo que en el caso del primero medie un descomunal fraude) sino el Congreso. Y no exclusivamente para asentar las bases para el 2005 presidencial sino para garantizarse salir libres de polvo y paja, en la hora de los exámenes o juicios de residencia. La experiencia de estos años demuestra que los juicios a AGP quedaron en suspenso, de allí el argumento que no se le ha podido probar nada. ¿Por qué no podría ocurrir lo mismo con AFF?
Confluencia fatal de interés, convergencia inevitable entre AGP y AFF. Jorge del Castillo rechaza, dolido, cualquiera de estas suspicaces (malintencionadas según él) interpretaciones y ha jurado en un mitin espectacular como el del viernes pasado (entre 10 y 15 mil concurrentes a Alfonso Ugarte) que jamás ocurrirá tal cosa teniéndolo a él al frente de la Secretaría General del añejo partido.
¿Algo similar no habría ocurrido con Víctor Raúl Haya de la Torre si en l955 alguien sostuviera que aprismo y odriísmo confluirían en 1962? ¿Pero que manía es esta de hacer de pitonisos?, responderá probablemente AGP. Pero no se trata de horóscopos ni de ruedas de la fortuna, sino de encadenamiento de hechos y de conveniencia de voluntades.
El que reaparezca el cuco, por otra parte, favorece al Presidente y eso lo sabe AGP, tanto porque la gente empieza a advertir sus virtudes, desdibujadas ahora por la crisis, como por los balbuceos desordenados de todo ese caudal variopinto que se ha dado en llamar oposición.
Molesta a muchos que AGP sea el que establezca el programa mínimo de la discusión política y la campaña electoral. Pero, para ser sinceros, si desde la orilla de la oposición hay orfandad de los planteamientos, le sirven en plato de plata la oportunidad a AGP. ¿Por qué hombres como Alberto Andrade o Luis Castañeda prefieren el tono medio y se cuidan de dar declaraciones a fondo sobre la cuestión económica? Ellos se colocan en el plano de candidato presidencial, lo que no ocurre con AGP, que afinará aún más el estilete y acompañará a la marea social, harto cansada de ajustes, cifras macroeconómicas y bolsillos paupérrimos.