
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Las Fichas del Pentágono
EN las últimas semanas se han puesto en evidencia varios sucesos en Sudamérica que van descubriendo algunos intereses de EE.UU. en el hemisferio, a la luz de los cuales se aclara el sentido de la intervención del presidente Alberto Fujimori respecto a Colombia en Washington, a principios de mes, y se confirman ciertas hipótesis sobre el acuerdo peruano-ecuatoriano de octubre pasado.
Básicamente, confluyen ahora dos asuntos: la creciente preocupación norteamericana por la situación colombiana -aumento de los cultivos de coca y de la fuerza de la guerrilla- y el fin de los plazos, en pocas semanas o meses, para abandonar las bases militares en Panamá.
Es claro que el Pentágono ha focalizado su interés en Colombia como una zona altamente inestable y peligrosa, y está actuando en consecuencia.
Varios analistas colombianos piensan que son los norteamericanos los que impulsaron a Fujimori a plantear el tema (ver nota en esta edición), desencadenando una tormenta regional que cree la sensación de riesgo y, por tanto, favorezca los planes de los militares norteamericanos.
El problema para el Pentágono es que justo ahora ha perdido las bases militares que le permitían actuar en esta parte del mundo. El 1 de mayo debe abandonar la enorme Base Aérea Howard, en Panamá (aunque oficialmente debería hacerlo el 1 de noviembre), así como otras bases navales y de comunicaciones.
Eso les plantea gravísimos problemas logísticos, pues es prácticamente imposible para ellos operar regularmente en Sudamérica desde bases en EE.UU. o de otras como Roosevelt Roads, en Puerto Rico, Guantánamo, en Cuba, y Soto Cano en Honduras, que son las más avanzadas que tienen en este momento.
Por eso están negociando ahora, en una carrera contra el tiempo, con Holanda y Ecuador, para instalar bases en las islas caribeñas de Aruba y Curacao, y en el puerto de Manta, en el Pacífico, según reveló Elaine Grossman el domingo pasado en el Miami Herald.
Grossman dice que el Comando Sur se ha autoimpuesto un plazo perentorio, que vence el próximo domingo 28, para lograr algún acuerdo.
En Ecuador no hay todavía respuesta oficial y el diario Hoy informó que el presidente Jamil Mahuad no ha tomado una decisión sobre la base naval de Manta, situada en su costa norte (martes 23.2.99).
En el Perú, sin embargo, ya estarían operando las fuerzas militares norteamericanas. En Iquitos circulan versiones sobre una base cerca del río Nanay, y del creciente traslado de equipo que está llegando sobre todo desde la Base Howard, en Panamá. Por supuesto, el gobierno peruano no dice nada al respecto, como es su costumbre.
El general Charles Wilhelm, jefe del Comando Sur, estuvo a principios de diciembre en Ecuador y Perú (el 10 se reunió con Fujimori), negociando la instalación de las bases.
Por su parte, el general (r) Barry McCaffrey, Zar antidrogas de EE.UU., dijo el 11 de febrero en Miami, que confía que las "localidades operativas delanteras" (Foward Operating Locations, FOLs) estén funcionando para el 1 de mayo, cuando dejen Howard.
En suma, estamos ante una nueva situación, motivada por la preocupación norteamericana por Colombia y, en general, la región andina, y su desplazamiento de Panamá hacia bases en Sudamérica, en particular en la amazonía.
Esto explica también el extraordinario interés norteamericano, manifestado el año pasado, para resolver el conflicto entre Perú y Ecuador, que era un serio obstáculo para sus proyectos. De acuerdo con los planes del Pentágono, ambos países no deberían desperdiciar esfuerzos y recursos militares en absurdos enfrentamientos entre ambos, sino reorientar sus FF.AA. a temas de seguridad interna, a la lucha contra el narcotráfico y, eventualmente, contra la guerrilla colombiana.
Por eso ellos presionaron hasta imponer el acuerdo de paz de octubre, luego de contribuir decisivamente a defenestrar al general Nicolás Hermoza en agosto (como se sostuvo en esta columna: "Imponiendo Soluciones" 22.10.98).
Por cierto, algunas personas pueden opinar que eso fue positivo y que gracias al hermano mayor estas dos repúblicas bananeras lograron la paz que no podían obtener por sí solas. Puede ser. Pero podría ocurrir también que el acuerdo así logrado incube nuevos problemas.
De lo que no cabe duda es que estamos ante una situación novedosa y cambiante. Y que están ocurriendo cosas en el Perú y en países vecinos, de las cuales los ciudadanos peruanos somos los últimos en enterarnos -si es que nos enteramos-, mientras que el gobierno autoritario negocia y compromete los intereses del país de acuerdo con sus particulares necesidades y de espaldas a la opinión pública.
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