El 28 de febrero de 1899, 790 japoneses se embarcaron en el Sakura Maru rumbo al Callao. La idea de estos inmigrantes era la de trabajar durante cuatro años en las haciendas de un país de clima benigno y promisorio para luego regresar a su tierra. Una serie de dificultades, sin embargo, hizo que se alejaran del campo para encargarse de otras ocupaciones. Así se fueron quedando. Hoy conforman la colonia más numerosa en el Perú y mientras que muchos destacan hasta en las encumbradas esferas del poder, otros han decidido repetir la hazaña de sus ancestros pero al revés. Se han ido al Japón.
Circa 1914, en la hacienda Chiclin, Trujillo, japoneses introducen el sumo. Derecha, Ernesto Arakaki, zaguero central de la sub 20 de 1.80 mts. estatura frente a nikkei de primera generación. Según el Dr. Uriel García la talla de los nipones ha aumentado debido a una mejor conciencia nutricional a partir de la Segunda Guerra Mundial.
En su libro "Los inmigrantes japoneses en el Perú", la antropóloga Amelia Morimoto transcribe un telegrama que habla por sí sólo. Fue dirigido al señor Muruta, ministro japonés en el Perú y México, por el señor Tanaka, agente en Lima de la Compañía Morioka, la misma que hizo el contrato entre los trabajadores japoneses y los hacendados peruanos: Debido a dificultades del idioma, se originaron suspicacias entre ambas partes. Si las voces se elevaban un poco, inmediatamente se pensaba que se estaba provocando una pelea. Si algunas personas se reunían, inmediatamente se temía que la masa se había sublevado. Se rumoreaba que la Co. Morioka había traído 800 soldados disfrazados de agricultores, para, en un momento oportuno, iniciar una revuelta...
No obstante, los nipones superaron el infortunio. Una característica, una sola, les abrió las puertas a un mundo nuevo: la laboriosidad. Es así como éstos inmigrantes y los que llegaron después se fueron independizando del campo y destacando en sus propios negocios -bodegas, panaderías o peluquerías. Algunos años de benigna prosperidad hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Entonces fueron satanizados y perseguidos pero muchos de ellos optaron por quedarse -aunque sea en la clandestinidad- para seguir trabajando.
Volando al Japón
ALBERTO Shiroma es un sansei (tercera generación de nikkei) que ha conquistado Okinawa, la tierra que su abuelo dejó atrás. El llegó hasta allí en 1986 luego de ganar un campeonato sudamericano de karaoke. Aprendió el japonés y en 1992 formó el grupo "Diamantes", puro son latino cantado en dos idiomas. Ha tenido el honor de crear y corear, durante meses y en cuanta emisora nipona existe, el tema "Cantemos la canción de la victoria 98" a fin de alentar a la selección japonesa que participó en el Mundial de Francia y ha grabado varios CD. Será, desde luego, una de las figuras centrales en los actos conmemorativos del centenario que se se realizarán en mayo.
Para Tapia, hay cuatro grupos marcados de inmigrantes peruanos viviendo en Japón. Los que podrían llamarse "de retorno", es decir aquellos de "talante laborioso y ascético que pueden ahorrar hasta el 70% de sus ingresos y tienen una proyección de futuro hacia el Perú". Los que han adquirido "piel japonesa" al penetrar en la cultura japonesa y hacer suyos -así sean cholos- los "rituales de reconocimiento y reciprocidad". Estos, generalmente se casan con japoneses y no desean regresar. También hay los "gozadores", inmigrantes que trabajan con seriedad pero que sólo piensan en el presente y disfrutan de la vida -gastan hasta 500 dólares en un fin de semana- convirtiéndose en agentes culturales. Y, finalmente, los que "no pudieron adaptarse" y viven a salto de mata, incursionando, una parte de ellos, en la delincuencia.
Recuerdo a bordo. en el segundo contingente de inmigrantes que llega al Perú aparecen las mujeres. Ellas se casaban por poder para viajar y aquí se les permitía disolver el vínculo.
Es a partir de la década del sesenta que la consolidación de la colonia nikkei se torna evidente. Como dice el sociólogo Gonzalo Portocarrero "se trata de un grupo con una fuerte movilidad social ascendente, gracias a su laboriosidad, disciplina y capital cultural, que se ha acriollado y se siente tan o más legítimo que el resto de los peruanos. En ellos se conjugan valores muy peculiares. A su laboriosidad -fasceta que también se percibe en los pobladores del Ande- habría que sumar lo cachaciento e irónico". Y añade: "La capacidad camaléonica que tiene Fujimori, por ejemplo, no se la he visto a nadie".
Cincuenta y cinco mil peruanos -entre nikkeis y criollos- se abren paso en el Japón.
Los "Diamantes" de Okinawa, grupo de música latina: integrantes nikkei peruanos.
El caso de Alberto, es decir el de un nikkei que triunfa en Japón, no es el único aunque no todos hayan logrado tanta popularidad. Ocurre que a raíz de la elección de Fujimori como Presidente del Perú y al sonado "milagro japonés", el boom del retorno o de -fuga- al Imperio del Sol, se desató. Peruanos, cholos y criollos, se hacían operar los ojos -hasta dejarlos horizontales- y adoptar por algún nisei con tal de obtener una visa y un trabajo. Los nikkei, por su parte, se respaldaron en su origen. Ahora, todos ellos están desparramados a lo largo y ancho de la isla.
El sociólogo Rafael Tapia, quien tras una permanencia de seis meses en el Japón prepara el primer estudio sobre la realidad de estos inmigrantes, ha podido llegar a conclusiones de verdad interesantes. En primer lugar, determina que la cultura nikkei tiene un parentesco con la cultura chola emergente y que así como ambas existen en el Perú, también en el Japón. "He observado -afirma- que las personas de estas culturas que triunfan en Japón, ya estaban haciendo empresa en Perú. Y los nikkeis o cholos sin tradición de independencia en Perú, son los que tienen problemas en Japón".
Mariano Castro, cholo con "piel japonesa" y su novia Keiko Ishimuri.
De acuerdo a lo observado por Rafael Tapia en el Japón, los peruanos ilegales no nikkeis se ubican en los trabajos de construcción civil, tala de árboles y labores pesadas en hornos de industrias. Otros, legales, son altamente cotizados como soldadores finos de ensamblajes mecánicos complejos y de línea blanca. En el caso de los ilegales "productivos", sus propios patrones los protegen y los amparan cuando tienen problemas con migraciones.
Para Tapia, Fujimori fue una apuesta política de los emergentes, tanto cholos como nikkeis.