Caretas 1557: Controversias



Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Buscando Nuevos Aliados
EL informe del Departamento de Estado de los EE.UU. sobre la situación de los derechos humanos en el Perú, dado a conocer el viernes pasado, explicaría por qué Alberto Fujimori y sus socios militares están buscando con desesperación nuevos aliados en Washington.
Su crítica al proceso de paz en Colombia y su llamado a cercar ese país, formulado hace un mes en el Colegio Interamericano de Defensa, ha sido interpretado por analistas colombianos como una jugada norteamericana a la cual se ha prestado entusiasta Fujimori. Más precisamente, sería una movida del Pentágono que está seriamente preocupado con el deterioro de la situación.
Dado que varios de los aliados que lo han acompañado durante los últimos años están tomando distancia, Fujimori estaría buscando nuevos socios que le ayuden a perpetuarse en el poder. Concretamente, Fujimori y los militares que gobiernan con él saben que necesitan la anuencia de la comunidad internacional, sobre todo de los EE.UU. para continuar en el gobierno.
Si a la pérdida del apoyo de los empresarios y al rechazo de la mayoría de la población se suma la presión exterior, su situación podría tornarse insostenible. Por eso buscan aliados poderosos en Washington que contrapesen a sus críticos.

El informe del Departamento de Estado muestra la percepción de un sector de la administración norteamericana sobre el Perú de Fujimori. El informe enfatiza algunos aspectos claves como la concentración del poder, la ineficacia y corrupción del Poder Judicial, las crecientes atribuciones de los servicios de inteligencia y los ataques a la libertad de prensa:

  • "un Poder Ejecutivo dominante que con frecuencia utiliza su control sobre los Poderes Legislativo y Judicial ocasionando un detrimento al proceso democrático".
  • "en la práctica el sistema judicial es ineficiente, con frecuencia corrupto y ha dado la apariencia de ser fácilmente manipulable por el Poder Ejecutivo".
  • "el gobierno vulneró la libertad de prensa. Se incrementó el hostigamiento e intimidación de periodistas quienes practicaron una autocensura aún más drástica."
    El informe pasa revista y analiza en detalle, con datos precisos, la situación de los DD.HH., las libertades cívicas y las instituciones encargadas de salvaguardarlas. El panorama es desolador.
    En realidad, nada de lo que dice el Departamento de Estado es nuevo para los peruanos. Lo importante es que lo exprese con tanta claridad la institución rectora de la política exterior de los EE.UU.
    Esta tendencia de la administración norteamericana había sido advertida desde tiempo atrás a través de las declaraciones del embajador Dennis Jett, que tanta irritación causan en el oficialismo. Y ha sido confirmada por el informe.
    El asunto es que la política norteamericana hacia América Latina es compleja y cambiante, como lo muestra un nuevo documento desclasificado por el Departamento de Estado la semana pasada. El memorándum de la conversación entre el entonces Secretario de Estado Henry Kissinger y el dictador Augusto Pinochet, en el despacho de éste último en Santiago, el 8 de junio de 1976 al mediodía, es sabrosísimo.
    Kissinger le dice a Pinochet que "en Estados Unidos, como sabe, simpatizamos con lo que está usted intentando hacer aquí. (...) Le deseo lo mejor. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a enormes problemas internos en todos los sectores del Gobierno -especialmente en el Congreso, pero también en el Ejecutivo-, por la cuestión de los derechos humanos."
    A su vez, Pinochet se queja que a sus exiliados opositores "se les escucha mucho en Washington. No la gente del Pentágono, pero sí en el Congreso."
    Para tranquilizarlo, Kissinger le explica al dictador que ha aplazado su discurso sobre DD.HH. en la Asamblea de la OEA que se realizaba en Santiago, precisamente para explicarle antes a Pinochet que no tiene nada contra su gobierno, pero que tienen que burlar juntos las trabas del Congreso: "su mayor pecado es que ha derrocado a un Gobierno que se dirigía hacia el comunismo. Pero nos encontramos con un problema práctico que es preciso tener en cuenta, la necesidad de no provocar presiones...".
    Por supuesto, en sus memorias Kissinger, experto en deformar la historia, olvida mencionar su reunión con Pinochet y sólo recuerda su discurso en la OEA.
    Quizás no sea casualidad que la actual administración demócrata esté desclasificando ahora documentos que muestran claramente la connivencia de los republicanos con dictaduras como la de Pinochet. Pero en cualquier caso, ayuda a entender los entretelones de la política norteamericana.
    Alberto Fujimori está jugando sus cartas para obtener apoyo norteamericano. Para su desgracia, no tiene ahora un Kissinger al frente del Departamento de Estado y la guerra fría ya terminó (aunque algunos no se han dado cuenta todavía). Sin embargo, confía todavía en encontrar respaldo en otras agencias.

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