¡Pucha, Nuestra Lewinsky!!!!!

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

AYhija, no sabes, me invitó Marité Temple a su casa de Flamencos para ver la entrevista a la Lewinsky, ¿ya?, y la Marité había juntado esa noche a horrores de patas suyos de esa playa que te lo juro, o sea, son bien buena gente, cómo te explico, pero a la hora que Chupete Hoyle se frotó las manos, se sentó frente al televisor y dijo, "ya mucha propaganda, a qué hora aparece la cornetera", qué quieres que te diga, o sea, todas mis expectativas de pasar una nochecita a lo Manhattan, ay no sé, se bajaron como la quiche de bacon que sirvieron con ensalada de endivias, que estaba ho-rri-ble.
Bueno, qué te puedo decir, la Lewinsky es una lorcha gringa pero de las de a verdad. Estoy segura que acá, pucha, sería íntima de Vanessa, esa sobrina de Martucha que a la tía le saca canas de colores, por pacha, las dos bien ricas/apretaditas a la caza de una cámara del programa de esa señora jetuda que aparece en mi televisor vestida de azul eléctrico y pelo cucarachón, y a mí me tienen que sacar del cuarto en parihuela, no sabes.

Pero hija, el punto no es ése sino que al día siguiente se me malogra el auto yendo al consultorio y para no llegar tarde a la sesión de mi paciente (que es un nuevo viceministro y te podrías morir con lo neura que es, no sabes); bueno, tomo el primer taxi que pasa y era un TICO y en pleno acting out, me subí: ¿te puedes imaginar lo que soy yo metida en un TICO, con las rodillas de chalina porque desde chiquita tuve las piernas como una langosta, escuchando a un chofer -que olía a anchoveta recién pescada- preguntándome por la situación económica, mientras yo lo único que pensaba era en comprar en ese momento un curso audiovisual sobre cómo volver a ser yo misma en diez minutos y que el joven ése se me desaparezca del panorama?
Bueno, en esas andaba cuando el chofer, como cambiándome el tema para reanimarme, me pregunta:
- Ete, ¿y qué te parece flaquita nuestro caso Lewinsky nacional?
Bueno, no es la primera vez en mi vida que un New Peru me habla, ni será la última, así que para esos casos yo tengo ya trazadísima una estrategia: me hago la gringa.
- I beg your pardon, sir...
- Nuestra Lewinsky, pe, la Gisela y el Vidal, que le publicó todo su cachirulo, pe.
Te juro hija que en ese momento me di cuenta de una cosa te-rri-ble, y es que ya no necesitaba hacerme más la gringa sino que bastaba con que me desplegara como realmente soy para entender algo de una dimensión existencial, pucha, atroz, y es que este país, cómo te explico, es virtual pero al revés, o sea, no para adelantarse a la realidad sino más bien para ponerse en la cola, porque las cosas ocurren siempre más tarde que en el mundo de verdad, no sé si te has dado cuenta.
Porque déjame decirte que con todo lo ruca y felatriz que pueda haber sido la Lewinsky, pucha, una cosa es Clinton y otra muy distinta ese Vidal, que debe ser de Huacho y sabe Dios pues hija; aparte que, ay no sé, si quiere ser escritor, debería empezar por bañarse y luego, volviendo al taxista, hija, qué nervios, o sea, ¿de dónde puede sacar la gente que un caso tan cercano a los grandes cambios de paradigma del nuevo milenio, como es el affaire Clinton, incluyendo la simbología de género de Hillari y el cuestionamiento al machismo, pucha, a partir de la ruptura de la escisión entre lo público y lo privado, o sea, se pueda comparar a los arrumacos de una gente que cree que El Innombrable es de verdad, que Alan García es de verdad, que Abanto Pongo es de verdad, que los cómicos de la calle son de verdad y que yo soy de mentira, ah?
Bueno, hija, a la hora que llegamos al consultorio yo estaba tan volatilizada con tremenda reflexión que, pucha, o sea, el niupe me dijo, "son seis lucas, tía", y yo le dí cincuenta dólares pensando in pectore en tomar vacaciones ya pero ya, aunque en mi ausencia a los pacientes haya que inyectarles trementina en el lóbulo parietal para que se calmen, no sé si me entiendes. Chau, chau. (Rafo León).