
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
El Vaticano
A la
Conquista De la Católica
EL martes pasado, en la mañana, el rector de la Universidad Católica, Salomón Lerner Febres y los vicerrectores Marcial Rubio y Luis Guzmán Barrón, fueron ovacionados por los profesores de humanidades. Por la tarde ocurrió lo mismo con los de ciencias sociales. En realidad, ha venido sucediendo algo parecido en todas las facultades desde fines de la semana pasada, cuando Lerner convocó estas reuniones para informar sobre las demandas del Vaticano y del nuevo Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el flamante arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani.
La finalidad no declarada de las reuniones es ir construyendo -o reforzando- el consenso en la comunidad universitaria para mantener la autonomía académica y administrativa frente a la arremetida del Vaticano y de monseñor Cipriani, que pretenden capturarla para el Opus Dei y los sectores más conservadores de la Iglesia.
Apenas posesionado de su cargo como arzobispo de Lima, monseñor Cipriani formuló un conjunto de demandas a la universidad. El no quería disfrutar sólo del título honorífico de Gran Canciller y de las atribuciones decorativas que le confiere el artículo 6°ree; del estatuto de la PUCP, sino quiere ser un presidente efectivo de la institución. Es decir, nombrar al rector, a las autoridades y profesores y poder decidir sobre los currículos.
Además, Cipriani pretende una oficina en la universidad, ser reconocido públicamente como Gran Canciller -sus antecesores lo hacían en sencillas ceremonias privadas- y pronunciar el discurso de orden en la apertura del año académico el 26 de marzo.
O sea, el poder junto con sus oropeles y signos exteriores.
En realidad, la arremetida de Cipriani es un paso más en los intentos de una cúpula ultraconservadora que maneja puestos claves en el Vaticano y que está desde hace años en una ofensiva mundial para capturar las instituciones educativas católicas.
Recientemente las universidades católicas de Chile y Argentina han aceptado que el Vaticano nombre a sus rectores sobre la base de una terna que ellos proponen. La católica de Río de Janeiro ha cerrado su facultad de filosofía por orden del Vaticano.
En Washington se realizó, a principios de febrero, una asamblea de la Asociación de Colegios y Universidades Católicas de Estados Unidos para preparar una contrapropuesta que presentarán en mayo a un comité de los obispos norteamericanos que, a requerimientos del Vaticano, está demandando una mayor injerencia en las instituciones educativas. Los que encabezan la resistencia a estas exigencias son los jesuitas, cuyo semanario América las ha calificado de "impracticables y peligrosas".
Los reverendos Edward Malloy, presidente de la Universidad de Notre Dame (Indiana) y Donald Monan, Canciller del Boston College (Massachusetts) escribieron en la misma revista el 30 de enero que esas demandas son "profundamente perjudiciales a la educación superior católica". (Karen Arenson, "Catholic Campuses Face Tighter Rules on Church Identity", New York Times 5.2.99).
Los jesuitas se han convertido en todo el mundo en el principal foco de resistencia a las tendencias ultraconservadoras enquistadas en el Vaticano.
Las autoridades de la PUCP pudieron constatar en vivo hacia dónde soplan los vientos en el Vaticano. La semana antepasada, Lerner, Rubio y Guzmán asistieron a una tensa reunión en Roma en la que estaba monseñor Cipriani, un representante de monseñor Fortunato Baldelli, nuncio apostólico (embajador) del Vaticano en Lima y otros funcionarios. El cónclave lo presidía el cardenal Pío Laghi, presidente de la Sagrada Congregación para la Educación Católica (SCEC), que es el Ministerio de Educación del Vaticano.
Laghi fue nuncio en Argentina durante la feroz dictadura de Rafael Videla y, según las víctimas de la represión, colaboró activamente con el gobierno, a tal punto que las Madres de la Plaza Mayo lo han denunciado ante la justicia italiana por complicidad con las violaciones de los derechos humanos.
En esa reunión los representantes del Vaticano insistieron en las demandas que han formulado desde hace varios años que consisten básicamente en tomar el control de la universidad, eliminando la democracia interna e imponiendo sus normas académicas y morales que, según sus críticos, son medievales.
Un pliego de 17 puntos con las exigencias del Vaticano fue discutido en 1997, cuando se elaboró el nuevo Estatuto de la PUCP. Casi nada se aceptó. Se hicieron concesiones menores, como incorporar cinco obispos a la Asamblea Universitaria (antes eran tres). Pero se mantiene la estructura básica de una universidad gobernada por sus autoridades, profesores y estudiantes, y no manejada por el Vaticano -en la práctica por el nuncio, que casi siempre es un ultraconservador- y el arzobispo de Lima.
En la reunión de Roma, los funcionarios del Vaticano manifestaron su desacuerdo con el nuevo Estatuto de la PUCP e insistieron en sus pretensiones. Pero esta vez había una novedad. "Antes el Gran Canciller los apoyaba, pero ahora está con nosotros" confesó candorosamente un religioso, antiguo funcionario de la SCEC, presente en el cónclave.
Y ese es en efecto, un cambio importante. Los cardenales Augusto Vargas Alzamora y Juan Landázuri Rickets respetaron siempre la autonomía de la PUCP y no respaldaron, cuando los hubo, los intentos del Vaticano por controlarla.
Ahora monseñor Cipriani tiene una actitud diametralmente opuesta a la de sus predecesores. El tiene intereses poderosos, los del Opus Dei, para arremeter contra la autonomía de la PUCP.
El Opus Dei, una organización semiclandestina, elitista y clasista, busca más el poder terrenal que la conversión de las almas. La educación es uno de sus instrumentos. En Lima tienen ya 8 colegios. En Piura una universidad que, por supuesto, no someten a la autoridad del obispo de la diócesis, monseñor Oscar Cantuarias. Allí sí defienden su autonomía, porque ellos la manejan completamente. En la universidad de Ayacucho, monseñor Cipriani, de consuno con los militares, ha tratado de remplazar el "pensamiento Gonzalo" por el del Opus Dei introduciendo "asesores espirituales".
La Obra no es un poder despreciable. Tiene en sus filas a unos 7 obispos, incluyendo a Cipriani, en el Perú, así como políticos y empresarios.
Desde Villa Tevere, como llaman a la sede generalicia de la Prelatura del Opus Dei en Roma, situada en Vía Bruno Buozzi N°ree; 73, se trazan los planes y se mueven los hilos de las operaciones de la Obra en el mundo. Una muestra de su potencia la dieron hace poco. La carta que envió el Vaticano al gobierno británico a favor del ex dictador chileno Augusto Pinochet, fue gestada en dos reuniones en Villa Tevere, con la presencia del jefe del Opus, el obispo madrileño Javier Echevarría, maniobra amplificada luego por el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, también miembro del Opus Dei (Ernesto Ekaizer, El País , Madrid, 22.2.99).
A juzgar por el respaldo que está recibiendo Salomón Lerner y los vicerrectores, es probable que no prospere la embestida de monseñor Juan Luis Cipriani y el Vaticano. En abril posiblemente las autoridades sean reelegidas para otro período de 5 años por la Asamblea Universitaria. Pero sería un error pensar que Cipriani y el Opus Dei cederán fácilmente. Ellos van a insistir y el arzobispo no tiene mucha paciencia.
Cuentan, además, con poderosos protectores y aliados tanto en el Vaticano como en el gobierno. La batalla recién comienza.
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