La Gran Leyenda
El Parque de Las Leyendas celebra 35 años con nuevos inquilinos: un canguro y dos osos negros. A punto de llegar, rinocerontes y más jirafas.

El mejor amigo de Cobus es Elías Jurado. La cuida y le alcanza sus 40 kilos de verduras diarias.

Escribe
TERESINA MUÑOZ-NAJAR

MOMENTITO, mooomentito que sólo yo puedo entrar, señores. Baby, ¡come on, let's go...stop, stooooop!. Elías Jurado, legendario domador -no cuidador- controla la situación en un par de segundos. Cobus no es amistosa, mucho menos cuando deben curarla, esta vez de un absceso en el cachete izquierdo, en frente de desconocidos curiosos. Me parece que ya puedo darle de alta, afirma Mónica Rejas, la joven y atareada veterinaria del Zoo limeño. La elefanta, pese a que no entiende el español, levanta la trompa agradecida. Elías Jurado descarga un latigazo sobre la tierra. Como si estuviera bajo la carpa de Los Hermanos Gasca: That's all, baby.

Luego de dormirlo, con un preciso cerbatanazo, la veterinaria Mónica Rejas, revisa y limpia los dientes de un mono blanco.

Quiero ver cómo sigue Hob dice Mónica. El Parque de Las Leyendas fue fundado por Fernando Belaúnde Terry, Felipe Benavides -el verdadero promotor- y, porque no, por el entrañable chimpancé Max. De ésto hacen 35 años. Ahora, hay nada menos que 2,490 animales (90 más que en 1995) de 262 especies conviviendo en las 36 hectáreas visitables de las 97 que conforman el Parque. Un lugar que por cierto, cobra extraordinaria magnitud por las extensas zonas arqueológicas que ahí se integran. Al respecto, dos buenas noticias: A finales de marzo llegarán desde el Africa dos rinocerontes blancos, macho y hembra y un par de jirafas hembras. La Huaca Dos Cruces ha sido totalmente restaurada y ya se agotan los preparativos que la convertirán en museo de sitio. Una oportunidad para que el público conozca los entretelones de lo que fue sede del Curacazgo Maranga.

El fundador, Felipe Benavides: su sueño está creciendo. Derecha, rinoceronte blanco.

Sin embargo, el Parque, -que durante toda su historia ha pasado por mil y una vicisitudes: invasores, recortes de área, magro presupuesto, mal manejo de los ejemplares, etc., aún no adquiere el real sentido que debe tener un zoológico por más esfuerzos que se hagan para mejorarlo. Es decir, el de un trozo de la naturaleza silvestre tal como lo soñaba Felipe Benavides. Por lo tanto, sobran las zonas sin vegetación y están demás los juegos infantiles, el inoportuno altoparlante que imparte órdenes y las rejas que separan a los animales de los hombres. Hay espacio suficiente para que se construyan islotes y se mejore su calidad de vida. En eso estamos, asegura el presidente del Patronato, ingeniero Alejandro Albújar, por ejemplo, vamos a ampliar la poza de los lobos de mar. Ojalá sea pronto, parecen clamar los lobos.

E. Castillo, jefe de servicio, con peluda adquisición.

Antes de encontrar a Hob, al pobre le acaban de sacar un diente cariado, vemos retozar a dos formidables osos negros americanos. Estos, así como el canguro Hob, recién llegaron hace unos meses y están en pleno proceso de adaptación. También nos detenemos para saludar a Chatrán. Está más gordo e insolente que nunca. Hace con los dientes ese agresivo gesto que significa: cuidado, yo soy el macho y ésta es mi casa y no deja de mirar a Guillermo Trujillo, estudiante de Biología de San Marcos, quien, a su vez, no deja de mirar a Chatrán. Estudio el comportamiento de los mandriles y aquí estoy dos horas y media al día, cinco días a la semana, ¿Qué has observado? Que tanto Chatrán como su pareja Anita desperdician la comida. He sugerido que les eliminen la avena.
Es agradable ver a tantos jovenes como Guillermo en cada rincón del Parque. Son practicantes de biología, veterinaria y arqueología. El trabajo es duro , afirma Mónica Rejas, dos veces al año debemos realizar el control sanitario de los animales -chequeo dental, análisis, peso, dieta- y cada nada tenemos que operar a algunos de ellos. Ocurre que los venados, entre otros, devoran cualquier objeto extraño que se les lance, léase: bolsas de plástico, y sufren de obstrucción. Además, para evitar la sobrepoblación de determinadas especies se practican castraciones y vasectomías.

Para alimentar a este interesante número de individuos se gastan 300 mil soles anuales.

Desafortunadamente, la gente (no toda, claro) que acude al Parque -un millón doscientos mil en 1998- todavía no toma conciencia de su responsabilidad por la fauna silvestre. Molestan a los animales arrojándoles piedras, alimentos inadecuados, papeles o lo que fuere, consiguiendo que éstos o se enfermen o se estresen. De otro lado, abandonan ejemplares en pésimo estado en las inmediaciones del zoológico. Mónica y Karl Ploog, el otro veterinario y Doris Rodríguez, la bióloga, se preocupan por todos y no le cierran las puertas a nadie. Eso es reconfortante. Tanto, como ver a Hob saltimbanquear (con un diente de menos) delante de cientos de asombrados pequeños.


Se Fue el Viejo Max
El corazón le falló de lo cansado que estaba. Pero durante el tiempo que vivió -se calcula que más de 40 años pues se le trajo del zoo de Barranco- se encargó de hacer las delicias del Parque de las Leyendas. Era un chimpancé atrevido, simpático e ingenioso. Casi humano, según su cuidador el señor Silva Lamentablemente no dejó descendencia pues las dos parejas que tuvo Leonor y Carla no despertaron su pasión. Murió a mediados del año pasado. Sus cenizas y recuerdo permanecen en el Parque.