
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
La Virgen de Marky
MUCHAS personas se sorprendieron cuando fue detenido el general Tomás Marky, jefe de Estado Mayor y supuestamente el número dos del Ejército. Es difícil creer que un oscuro juez se atreva a ordenar la detención de un personaje presuntamente poderoso.
En realidad, Marky no era el número dos del Ejército. La jefatura del Estado Mayor es ahora un puesto burocrático y de importancia menor y quien lo ocupa no es el llamado a suceder al Comandante General, como ocurría antaño.
Antes que Vladimiro Montesinos tomara el control de las FF.AA. había un orden claramente establecido en el Ejército. El oficial de más rango y más antiguo ocupaba la Comandancia General. El que le seguía, la jefatura de Estado Mayor y el tercero la Inspectoría General.
Cuando el Comandante General pasaba a retiro, lo sucedía el segundo en la línea de mando, es decir, el jefe de Estado Mayor. Siempre y cuando, claro está, que no pasaran simultáneamente al retiro por ser de la misma promoción, en cuyo caso era el Inspector General el que asumía el cargo.
Todo eso ya no existe más. El general Nicolás Hermoza fue el último jefe de Estado Mayor que asumió la Comandancia General en diciembre de 1991. A partir de allí todo el sistema de ascensos y cargos quedó completamente trastocado. Hermoza se quedó casi siete años en el puesto, y los jefes de Estado Mayor pasaron sin pena ni gloria.
Cuando Hermoza fue defenestrado el 20 de agosto de 1998, no lo reemplazó el jefe de Estado Mayor, sino alguien que estaba en un cargo político, el general César Saucedo, que era ministro de Defensa y antes había sido ministro del Interior. El Ministerio de Defensa ha sido durante toda la década un cargo burocrático y sin poder.
Cuando cayó Hermoza sucumbieron con él todos sus allegados. Lo primero que hizo Montesinos fue sacar a los hermocistas de los puestos de mando y reemplazarlos con gente que siguiera sus órdenes o, cuando no tenía alguien de confianza, por lo menos que hubiera sido adversario o tuviera algún resentimiento contra Hermoza.
La razia no fue cuestión de un momento, sino que se repite cada cierto tiempo, para perpetuar la inestabilidad, impedir la posibilidad de conspiraciones en su contra y mantener el control.
El caso de Marky es paradigmático. El era jefe de la importante III Región Militar y hombre de confianza de Hermoza hasta agosto de 1998. Lo cambiaron al instante por el general Abraham Cano Angulo (de la promoción de Montesinos), enviándolo a la Inspectoría General. Es decir, lo sacaron de un puesto de mando y lo ubicaron en un cargo burocrático. En diciembre de 1998 lo "patearon hacia arriba", nombrándolo jefe de Estado Mayor que, como se ha dicho, ya no es un cargo importante.
Pero en ese momento su suerte ya estaba echada, pues lo habían involucrado en el proceso por la pérdida de un millón de dólares presuntamente incautados a narcotraficantes en Villa Virgen, cuando era jefe de la zona de Ayacucho.
Ese incidente sucedió en enero de 1995. Durante casi cuatro años a Marky no le ocurrió nada. Bajo el manto protector de Hermoza su carrera siguió prosperando. Los que lo denunciaron, en cambio, la pasaron mal y fueron procesados y presos.
Y repentinamente, cuando su padrino cayó en desgracia, Marky también fue puesto en la picota.
Según el programa Panorama de Canal 5 (domingo 28.2.99), el mayor del Ejército Carlos Esparza Morgan, actual jefe de seguridad de Vladimiro Montesinos, fue decisivo en el enjuiciamiento que ha llevado al general Tomás Marky a la cárcel.
De acuerdo a la versión recogida por Mabel Barreto en CARETAS (4.3.99) el mayor Esparza ha sido pieza clave en la denuncia contra Marky pero, además, estuvo él mismo comprometido en el cobro de cupos a los narcotraficantes en Ayacucho.
Todo indica, entonces, que no se trata de un caso de moralización en las instituciones castrenses, sino más bien de una lucha entre dos gavillas por el control del Ejército. El vencedor está tomando represalias contra el vencido y, a través de Marky, amenazando a la propia cabeza de una de esas camarillas, el ahora autoexiliado Nicolás Hermoza. Pues Marky ha mencionado, cuando lo han interrogado, que Hermoza tenía conocimiento de los hechos que ahora han ocasionado su prisión.
El asunto es que las venganzas de Montesinos y su desmedida ambición de poder, han roto desde hace tiempo ciertas reglas no escritas en los institutos castrenses, como la de no encarcelar en prisiones comunes a sus rivales derrotados. Y está haciendo gala de su poder, pues hasta ahora ni los llamados del presidente Alberto Fujimori ni las oraciones de monseñor Juan Luis Cipriani han podido liberar a Marky de la prisión, acusado por el extraño caso de Villa Virgen.
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