A Tiro de Piedra
Presidente del Ecuador Jamil Mahuad en su hora más crítica, y los riesgos que la crisis ecuatoriana implican para el Perú.

Ecuador quedó paralizado por las protestas de transportistas y estudiantes frente al paquetazo que subió la gasolina de 0.98 a 2.17 dólares.

Escribe
LUIS ALBERTO CHAVEZ

EL jueves 11 en la noche, con feriado bancario, el Presidente ecuatoriano anunció su plan económico reconociendo, primero, errores políticos: "Hemos dado la impresión de ser un gobierno sin liderazgo, sin plan y sin iniciativa. Eso no es así; pero reconocemos haber dado esa impresión equivocada, que hoy empezamos a corregir".
Sus dotes de comunicador, sin embargo, no bastaban. Mahuad hablaba desde el pozo profundo de su popularidad; 16%, según un último reporte, cifra sólo comparable a los peores momentos de sus predecesores, Abdalá Bucarán y el propio Fabián Alarcón.
La respuesta no se hizo esperar. Los transportistas declararon una huelga general indefinida y los poderosos movimientos indigenistas anunciaban movilizaciones en el interior del país.
En términos económicos, la propuesta de Mahuad busca reducir el déficit fiscal vía una triplicación en el precio de la gasolina, y una duplicación en el diésel. Pero en términos políticos, el mensaje reveló un cambio de estrategia. Mahuad, finalmente, abandonó su posición de no tomar acción alguna sin consultarla previamente con el Partido Social Cristiano del diputado Jaime Nebot.
Lo que el pueblo ecuatoriano vio esta semana fue una película conocida.
Idas y venidas en el Palacio de Carondelet del embajador americano, Leslie Alexander, el diputado de la Izquierda Democrática, Paco Moncayo, y altos mandos militares. Todos, buscando una salida negociada a la crisis que no ponga en juego el sistema democrático.

Mahuad buscó al embajador de EE.UU., a Moncayo y a militares, en desesperada puja por consenso.

EL HUECO NEGRO

El origen del estallido social ecuatoriano se encuentra en déficit fiscal heredado de administraciones anteriores y que se calcula en unos 1.200 millones de dólares. El alza en los combustibles originaría ingresos por 420 millones de dólares, los que sumados a los 100 millones de dólares del proyecto de la restructuración del gasto público, dejaba una brecha entre 600 y 700 millones de dólares, suficiente como para acudir a un plan de salvataje con el Fondo Monetario Internacional.
Tal vez anticipando la reacción antipopular que genera el alza de la gasolina, Mahuad envió al Congreso un proyecto de ley que aumenta el Impuesto al Valor Agregado (IVA) -llamado aquí Impuesto General a las Ventas-, del 10 al 15 %. Según analistas políticos del Ecuador, fue una movida de Mahuad que colocaba al Congreso en la disyuntiva de aprobar el alza del IVA para que el Ejecutivo baje a su vez, en algo, el precio de la gasolina.
Los cinco puntos del IVA generarían unos 380 millones de dólares de ingresos, y una ganancia neta de 245 millones de dólares si es que tomamos en cuenta el probable efecto del retiro parcial del alza en los combustibles.

CONTACTOS FALLIDOS

Una encuesta reciente de la revista Vistazo descubrió que el 82 % de la población percibía al alcalde de Guayaquil, León Febres Cordero,líder del PSC, como la persona más poderosa del Ecuador. Seguía, con 72 %, Jamil Mahuad, y pisándole los talones, con 68 %, Jaime Nebot.
Para nadie es un secreto que el PSC decidió no presentar candidato en las últimas elecciones para impedir que el candidato de Abdalá Bucarán, Alvaro Noboa, el hombre más rico de Ecuador, ganara. El PSC apoyó a Mahuad y en el Congreso le dio una mayoría al flamante presidente ecuatoriano en proyectos específicos. La bisagra en el Parlamento entre Nebot y Mahuad es el presidente del Congreso, Juan José Pons, quien además logró el apoyo de los conservadores de Sixto Durán Ballén y un puñado de otros legisladores.
Para el presidente de la Democracia Popular, era mucho más fácil negociar con un solo grupo, que hacerlo con tres o cuatro, como, aparentemente, sucederá ahora, tras el rompimiento público de Nebot.

Líder del PSC, Jaime Nebot, pasó a la oposición.

EL FACTOR PERUANO

El canciller Fernando de Trazegnies ha señalado que el problema interno del Ecuador no tiene por qué afectar el proceso de paz con el Perú. El presidente Fujimori, por su parte, afirma que si bien el cronograma de colocación de hitos se ha atrasado algo, éste de todas maneras culminará la última semana de abril.
Lo cierto es que en Ecuador se sabe que culminar el problema con el Perú retrasó el abordaje del problema económico. Pero a principios de noviembre, los sectores económicos empezaron a mostrar impaciencia. El 3 de febrero El Comercio de Quito, señalaba: "El país necesita un acuerdo nacional para no caer en el hueco negro de la hiperinflación, la quiebra de empresas, el desempleo masivo y la inestabilidad social. De ahí a la disolución y a la violencia no hay mayor trecho".
Por otro lado, la disparada de la gasolina, de US$ 0,98 por galón en febrero, a US$ 2,17, volvió los ojos a la frontera peruana, donde largas colas de transportistas ecuatorianos se aglomeraban en grifos de Tumbes. Hasta el momento, nadie ha cuestionado el proceso de paz. Las críticas a Mahuad se concentran en el modelo económico. Pero síntomas de fractura del ordenamiento institucional, sin duda, alterarían, cuando menos, el cronograma de cierre total de la frontera.

EL PRECARIO EQUILIBRIO

En este contexto se percibe, ciertamente, una democracia en riesgo, no tanto por deseo alguno de las FF.AA. o de alguien en particular por hacerse del poder. De acuerdo con Walter Spurrier, director de Análisis Semanal, Ecuador, los escenarios que se vislumbran son los siguientes:
-Un desmoronamiento de la autoridad y caos generalizado, lo que no podría durar indefinidamente;
-Un Ejecutivo fortalecido, con "una salida autoritaria a la crisis" que implique reformas estructurales del Estado.
-Una nueva mayoría en el Congreso (sin el PSC) dispuesta a transar con Jamil Mahuad en el modo de superar la crisis.
-El cuarto escenario, que nadie desea por supuesto, pero que está allí, es una quiebra del orden constitucional, un gobierno transitorio.