Pucha, Adelanté el Vía Crucis

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

AY no sabes, me agarró esa gripe infame que está dando, hija; según mi médico, hay un virus nuevo en el ambiente limeño (varios, diría yo, y no solamente dan gripe...) pero a mí nadie me quita la idea de que me contagié el día que por error prendí el televisor en canal nacional y estaban dando los cómicos ambulantes, qué te puedo decir.
Justo ese día tenía que recibir al doctor Ventosilla, que es mi viejo contador de toda la vida, para ver lo de mis impuestos. El doctor Ventosilla, como su nombre lo pudiera estar indicando, pucha, tiene una cara de pedo social realista increíble, hija, y para decirlo de una vez, es el vivo retrato de ese ser surgido de las profundas cavernas del magma primigenio que se llama Abanto Pongo (o Abonto Pango, ¿cómo es?). Te podrás imaginar, hija, que en el estado gripal en el que andaba, recibir a Ventosilla ya era casi un acto de amor a la humanidad, así que lo hicieron pasar a mi escritorio y me senté a su lado, mayestática como una Juana de Arco a punto de ser achicharrada, embadurnada de mentol chino hasta los pelos y con un thermo de siete litros lleno de Antigripina Midí con cognac Courvoisier, no sabes.
Bueno, el contador se arrancó con todo ese asunto de la cuarta y la quinta categoría, cuando empiezo a sentir, hija, el ingreso a mi pobre organismo de la peor fiebre que he podido tener en mi vida y a mí en esos casos me da por delirar, pero sin control alguno, no te puedes imaginar. Y qué crees, o sea, en mi dilusión febril, pucha, me alucino que soy la Lore Pongo, esposa ni más ni menos que del amarcigado joven Abonto Pango que tú ya conoces, qué quieres que te diga.

No sabes, en ese instante me vi a mí misma despertándome en la mañana, pucha, envuelta en un camisón lila de Gamarra (no de Polo, porsiaca), con la cabeza llena de bigudíes, hija, pensando en cómo salir de la cama sin hacer ruido para no despertar a mi congresista esposo, que si eso ocurre, pucha, significa que me va a buscar, como se dice en ese perfil psicográfico, y eso para una mujer como yo es poco menos que darle la mano a un ánima del Purgatorio. Así que me bajo en puntitas, me voy a la cocina de la casa que nos hemos construido, bien bonita, en la avenida Claude Debussy de San Borja. Bueno, en la cocina el siguiente issue es prepararle su desayuno a mi legislativo conyugal, que consiste en su tacu tacu con apanado y doble huevo frito, su pan con queso mantecoso, su caldito de cabeza con todo y ojo y para que no le dé anemia perniciosa, pucha, su tazón de café con leche, hija, que sólo toma en esa especie de bacinica nacarada que su mami le regaló por su santo, en cuyos lados se lee Happy Birthday.
A esas alturas de mi conversación con Ventosilla, podrás imaginarte que ya me había bajado la mitad del thermo de medicación con cognac y cuando mi contador empezó con el monto que me correspondía girar por el ejuercicio tributario que estaba jinalizando (¡¡¡¡), pucha, ese Aleph maravilloso que es la fiebre me llevó al highlight de mi vida: el momento en el que el chofer, pucha, después de haber dejado a mi Ponguito en su trabajo, viene por mí para llevarme a Wong y yo en el asiento de atrás, escuchando a Euforia por la radio, siempre pienso en que de repente sería más bonito ir por la verdura al mercado de Piñonate, como lo hice por veinte años, pero sería para que después me saquen en la primera plana de los periódicos, hija, con titulares como NO PAGAN IMPUESTOS Y CONTRIBUYEN A LA INFORMALIDAD, y eso sería lo único que le faltaría a mi pobre gordo para terminar de tirarlo a la pena, porque entre la traición de sus colaboradores, el atentado de los curas y su pobre cara, qué te puedo decir, para cualquier pecador es más que suficiente.
Pucha, cuando Ventosilla se levantó para despedirse yo ya había arrasado con toda la medicina, y entonces, o sea, en lugar de su fórmula de cortesía, ¿sabes tú lo que yo escuché? Agárrate: "bueno, gordita, en la noche vengo a comer con Anselmo Revilla, con Lajo y con Larrabure, así que prepárate un mondonguito a la italiana bien finoli, como nos corresponde a los padres de la patria". Bueno, si te digo que mi gripe se convirtió en prolapso emocional, no creo estar exagerándote ni un poquito. Hasta ahora sigo tirada en la cama y lloro, lloro, lloro, lloro...Chau, chau (Rafo León).