
Pucha, Adelanté el Vía Crucis
No sabes, en ese instante me vi a mí misma despertándome en la mañana, pucha, envuelta en un camisón lila de Gamarra (no de Polo, porsiaca), con la cabeza llena de bigudíes, hija, pensando en cómo salir de la cama sin hacer ruido para no despertar a mi congresista esposo, que si eso ocurre, pucha, significa que me va a buscar, como se dice en ese perfil psicográfico, y eso para una mujer como yo es poco menos que darle la mano a un ánima del Purgatorio. Así que me bajo en puntitas, me voy a la cocina de la casa que nos hemos construido, bien bonita, en la avenida Claude Debussy de San Borja. Bueno, en la cocina el siguiente issue es prepararle su desayuno a mi legislativo conyugal, que consiste en su tacu tacu con apanado y doble huevo frito, su pan con queso mantecoso, su caldito de cabeza con todo y ojo y para que no le dé anemia perniciosa, pucha, su tazón de café con leche, hija, que sólo toma en esa especie de bacinica nacarada que su mami le regaló por su santo, en cuyos lados se lee Happy Birthday.
A esas alturas de mi conversación con Ventosilla, podrás imaginarte que ya me había bajado la mitad del thermo de medicación con cognac y cuando mi contador empezó con el monto que me correspondía girar por el ejuercicio tributario que estaba jinalizando (¡¡¡¡), pucha, ese Aleph maravilloso que es la fiebre me llevó al highlight de mi vida: el momento en el que el chofer, pucha, después de haber dejado a mi Ponguito en su trabajo, viene por mí para llevarme a Wong y yo en el asiento de atrás, escuchando a Euforia por la radio, siempre pienso en que de repente sería más bonito ir por la verdura al mercado de Piñonate, como lo hice por veinte años, pero sería para que después me saquen en la primera plana de los periódicos, hija, con titulares como NO PAGAN IMPUESTOS Y CONTRIBUYEN A LA INFORMALIDAD, y eso sería lo único que le faltaría a mi pobre gordo para terminar de tirarlo a la pena, porque entre la traición de sus colaboradores, el atentado de los curas y su pobre cara, qué te puedo decir, para cualquier pecador es más que suficiente.
Pucha, cuando Ventosilla se levantó para despedirse yo ya había arrasado con toda la medicina, y entonces, o sea, en lugar de su fórmula de cortesía, ¿sabes tú lo que yo escuché? Agárrate: "bueno, gordita, en la noche vengo a comer con Anselmo Revilla, con Lajo y con Larrabure, así que prepárate un mondonguito a la italiana bien finoli, como nos corresponde a los padres de la patria". Bueno, si te digo que mi gripe se convirtió en prolapso emocional, no creo estar exagerándote ni un poquito. Hasta ahora sigo tirada en la cama y lloro, lloro, lloro, lloro...Chau, chau (Rafo León).