Caretas 1560: Controversias



Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Abusadores
LA quiebra de Aeroperú muestra el fracaso de la política aerocomercial del gobierno, al tiempo que es otro indicador del desmoronamiento de su política económica. Pero también de la falsedad de varios postulados que han pasado como dogmas inamovibles a lo largo de la década, como aquel que dice que las privatizaciones son indispensables porque si quiebra una empresa privada los únicos que se perjudican son los dueños y no el país.
El presidente Alberto Fujimori ha tratado de restar importancia al colapso de Aeroperú diciendo que pudo ser peor. En realidad, es difícil imaginar algo peor de lo que ha ocurrido durante su régimen.
Faucett, la línea aérea más antigua quebró y desapareció. La política de libertad irrestricta, que propiciaba la entrada de cualquiera al negocio, resultó un fiasco completo. Varias compañías, de dudosa calidad, incursionaron en el mercado y terminaron quebrando, algunas después de mortíferos accidentes.
Y como cereza para coronar el pastel, el Estado vuelve al negocio a través de la Fuérza Aérea, que ha creado Tans, una empresa que se inauguró con un percance fatal y en cuya constitución y operación hay más de un asunto oscuro.
Con Tans el gobierno no sólo contradice su propio fundamentalismo privatista, sino lo hace de la peor manera posible, pues al crear la empresa bajo el control de la FAP garantiza que no existirá transparencia alguna en su manejo.
Pues como es sabido, en el Perú los institutos armados son impermeables a cualquier control y supervisión de autoridades civiles, sea la Contraloría, el Congreso o el Poder Judicial.

El otro tema que ahora empieza a discutirse nuevamente, es que Aeroperú, que fue privatizada en una operación por demás cuestionada, es un ejemplo de cómo se han manejado los negocios durante este gobierno.
Como ha planteado el congresista Jorge Del Castillo en una denuncia a la Fiscalía, en la primera licitación para privatizar Aeroperú, intervino Roberto Abusada representando a los intereses mexicanos. Esa licitación, ganada por Faucett, fue anulada, según Del Castillo, por presiones del entonces presidente de la Copri, Jorge Camet, íntimamente vinculado a Abusada.
En la segunda subasta ganaron los mexicanos. Con Aeroperú en manos de ellos, Roberto Abusada se convirtió en presidente de la empresa. Y al mismo tiempo, era el principal asesor de Jorge Camet, que ya ocupaba el ministerio de Economía.
Siempre según Del Castillo, Camet dispuso que le condonen a Aeroperú una deuda con el Estado de 23 millones de dólares, que se suponía que el que comprara la empresa tenía que pagar. ¡Negocio superredondo!
Y a pesar de todas esas gollerías, Aeroperú quebró. Los activos que tenía desaparecieron: aviones, terreno en el aeropuerto, inmuebles en el Perú y el extranjero, etc. Por si fuera poco, dice Del Castillo, las rutas de Aeroperú fueron cedidas a Aeroméxico y Mexicana de Aviación. Por lo que, concluye, ha habido una "mala administración dolosa que ha beneficiado sólo a la parte mexicana".
La quiebra de Aeroperú, en síntesis, ha causado un enorme perjuicio al país y a los usuarios, ha dejado en la calle a 1,600 trabajadores en el momento de más dura recesión y su venta no benefició al Estado porque se remató a precio huevo, por debajo de su real valor.
Pero a los que se aprovecharon del negocio les ha ido muy bien. Roberto Abusada es hoy probablemente muchísimo más rico de lo que era al inicio de este gobierno. La empresa que dirigía quebró, y el país cuya economía contribuyó a gobernar decisivamente está en la ruina. Pero a él le fue de maravillas.
Así, la política de privatizaciones y de libre mercado a ultranza, adolece de vicios iguales o peores que los que se criticaba al estatismo. El resultado concreto es que un grupo de pícaros, peruanos y extranjeros, han hecho un gran negocio con la privatización y la quiebra de Aeroperú aprovechando sus buenas vinculaciones con el gobierno.
Ese es el resultado inmediato y visible. Pero hay otro subterráneo e igualmente dañino. El fracaso de estas y otras privatizaciones probablemente favorecerá en el futuro el retorno de políticas estatistas. Es decir, otro giro del tradicional péndulo peruano.
Porque para la opinión pública lo visible es la frustración de una política privatizadora. Y así como antes se llegó a creer que todas las empresas estatales eran necesariamente malas, debido a un manejo deficiente de los gobiernos, ahora se está preparando el terreno para el regreso, bajo nuevas formas, a un estatismo ya superado. De hecho, el propio gobierno ha dado el primer paso con Tans.
En suma, un manejo ineficiente y corrompido de una política -teóricamente- necesaria y adecuada, produce efectos nefastos en el corto y el largo plazo.

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