Alcalde de Guayaquil y líder del PSC León Febres Cordero encabezó protesta que expresa el malestar de la coyuntura pero también enraizado enfrentamiento entre costeños y serranos.
Jaime Nebot y Jamil Mahuad están ahora en orillas opuestas. Y, en medio, el hasta ahora ingobernable torrente de la crisis ya ha arrastrado consigo cinco bancos y una mutual.
Hay también, por cierto, un clima de desconcierto, que alimenta especulaciones de todo tipo y afecta la credibilidad del gobierno del presidente Mahuad. Su reciente escisión del pacto político con el PSC de Nebot-Febres Cordero, y su nueva alianza con sectores minoritarios del Congreso no favorecen la consolidación de un clima de confianza.
De otro lado, no es descabellado pensar que en la protesta de los guayaquileños y su grito por lograr una autonomía se esconde el histórico antagonismo entre la clase política y económica de la costa y la sierra ecuatorianas. De los tres bancos más importantes que tiene Ecuador, dos estaban en Guayaquil; el Banco del Progreso era uno de ellos. Tres años atrás, de cinco bancos importantes, la región del Guayas manejaba tres.
Para Walter Spurrier, economista de Análisis Semanal, la cosa es más o menos clara: "Guayaquil empieza a perder su posición de centro financiero, frente a Quito. Aparte del Banco del Progreso, el otro banco fuerte de Guayaquil es el Banco del Pacífico, que fue vendido hace unos meses en dos etapas a grupos económicos de Quito".
Este decaimiento de la región costera ecuatoriana se explica también por el impacto que ha tenido en esta zona el Fenómeno del Niño. Las zonas bananeras se ubican en la región del Guayas, y a lo largo de la costa ecuatorial, y es aquí donde se han sentido con más fuerza las lluvias y desbordes de los ríos. Los agricultores no tienen cómo pagar los créditos a los bancos.
El recelo contra Quito ha sido de tal magnitud que los guayaquileños han recordado en estos días un decreto supremo de 1970, dado por Velasco Ibarra, que obligaba a los bancos extranjeros a abrir oficinas sólo en la capital ecuatoriana.
Al menos cinco bancos y una mutualista sintieron el coletazo de la crisis en Ecuador. Analistas económicos, sin embargo, dudaban si la debacle financiera era resultado de una mala gestión administrativa o de la falta de estabilidad macroeconómica.
En realidad, fue un poco de ambas cosas. A fines del año pasado, al menos US$ 500 millones fueron entregados a los bancos, a través de capital o créditos de emergencia, de parte del Ministerio de Finanzas y el Banco Central del Ecuador (BCE), para detener la crisis financiera.
Luis Jácome, presidente del BCE, advertía por entonces: "Si esos recursos (para el salvataje de la banca) no son cubiertos con las ventas que se realizarían de las instituciones financieras, el Estado lo hará a lo largo de varios años. Los recursos que se han dado, y que se darán en 1999, no tendrán ningún impacto en el Presupuesto del próximo año".
La operación de salvataje a los bancos fue respaldada por el presidente Jamil Mahuad. El 10 de febrero, Mahuad sostuvo que los países que dejaron que sus sistemas financieros quiebren, como Jamaica, Indonesia y Venezuela, sufrieron mayores pérdidas -medidos en puntos del PBI- que los que los defendieron.
Sus opositores, en cambio, le criticaban que la gracia podía costar hasta 10% del PBI. La gran cantidad de dinero entregada a la banca, en el contexto de austeridad fiscal e insuficientes alzas salariales, condujo a la opinión pública a considerar que los banqueros eran una clase privilegiada. En opinión de Análisis Semanal, son "los ocupantes de la primera clase en el Titanic presidencial, aquellos que abordarán los escasos botes salvavidas disponibles".
La caída de Filanbanco en noviembre del año pasado fue el primer campanazo de alerta. Luego vendría el Tungurahua, Financorp, Finagro, y otros bancos más pequeños.
"La quiebra de los bancos, más que por el Fenómeno de El Niño, la recesión, las sucesivas crisis políticas, la guerra, se explica, en realidad, por la concentración de los créditos", se señaló en el Congreso.
Se supo que ocho bancos estarían excediendo el tope del crédito a grupos empresariales vinculados: 60% del patrimonio técnico. El Congreso propuso un nuevo tope de 30%, lo que dejaría a 10 bancos adicionales por encima del límite. Pero la iniciativa aún no ha sido aprobada.
Finalmente, está el Decreto Ejecutivo 685 del 11 de marzo que congeló por un año los depósitos y operaciones del sistema financiero ecuatoriano: el 50% de los depósitos en moneda nacional superior a los 2 millones de sucres en cuentas corrientes y 5 millones de sucres en cuentas de ahorro; el 50% de los depósitos en cuentas corrientes en dólares, y 100% de los depósitos en cuentas de ahorro, en ambos casos, si el balance supera los US$ 500.
Fue demasiado. Voceros del Banco del Progreso confirmaron una corrida de US$ 136 millones, y, sin duda, preveían el descrédito de sus casi 720 mil clientes. La última palabra del Presidente ecuatoriano sobre este caso ha sido: tienen hasta el 4 de mayo para conseguir capital fresco, de lo contrario, el banco cerrará. Ante esto, la pregunta que se hacen en Ecuador es: ¿y llegará Mahuad hasta el 4 de mayo?