
Por AUGUSTO ELMORE
NADA menos que el presidente de la Comisión de Fiscalización del Congreso, Miguel Velit, atribuyó las denuncias periodísticas acerca de irregularidades cometidas por parlamentarios a un propósito de "descalificar a la institución". ¿Quién puede descalificar más al congresista Abanto Pongo que el congresista Abanto Pongo, señor Velit? ¡Qué tal fiscalizador!
Esa es la cara oscura del Parlamento que, como la Luna, tiene también su rostro brillante, y éste, valgan verdades, es el que inspira, organiza y promueve la doctora Martha Hildebrandt, que de un tiempo a esta parte viene organizando importantes ciclos culturales, como el que se inauguró el pasado 24 de marzo con el tema "Estado y Cultura en el Perú: Conservación del patrimonio cultural de la Nación", que continuó ayer 14 de abril con el tema "Patrimonio Cultural: puesta en valor", y seguirá el 21 de abril con "Instituciones y Patrimonio cultural", y el miércoles 5 de mayo con "Empresa privada, turismo y patrimonio cultural", terminando en su quinta sesión con "Ley general del Patrimonio cultural del Perú". En cada una de esas sesiones participan, como expositores y panelistas, muy distinguidos especialistas en cada uno de los temas tratados. El conversatorio de cinco sesiones lleva el título de "Patrimonio Cultural de la Nación", y es en verdad una notable iniciativa, continuación de otras ya ocurridas, de la Comisión de Educación y Cultura del Congreso, que preside la doctora Hildebrandt. Comisión que, como vemos sí funciona. Y le lava la cara sucia a la institución.
Hace poco me referí al caso de Aeroperú, al cierre del Banco República, a la crisis del Banco Latino, al aumento de los protestos (¡en 90%!), y comenté que esto se estaba pareciendo a la época de Alan García, salvo la inflación, dije. Ahora, con el aumento de los impuestos a los combustibles, a la cerveza y a los cigarrillos, espero que esa salvedad no se haga efectiva.
Con las últimas renuncias, se desmenuza la Unión por el Pueblo Peruano. Es que las guerras avisadas sí matan gente. O por lo menos hacen perder partidarios.
¡Pobres mis cabellicos, maire, uno a uno se los lleva el aire!
Lo que pasa es que para formar un partido, y hasta un movimiento, no se debe abrir una bolsa y meter en ella todo lo que se encuentre, porque hay que darse cuenta de que desde el óbito de Martín de Porres los perros, los pericotes y los gatos ya no se están llevando muy bien. Los partidos y los movimientos deben tener coherencia. Aunque sea la del apetito de poder que une a los cambistas. Y a los alanistas.
Leo en el diario que falsificadores colombianos enviaban a los Estados Unidos dólares de alta calidad. Eso es lo que se llama pagar con la misma moneda. Casi idéntica por lo menos.
Hay inmigraciones sumamente positivas para un país. Estados Unidos, el gran país del norte, es ejemplo de ello, porque allí fueron a buscar su destino enormes multitudes hambrientas de todo el mundo y de todas las razas. Fueron a buscarlo, y casi todos lo encontraron, sin duda. Digo esto con ocasión de celebrarse en el Perú el centenario de la inmigración japonesa, colonia asentada firmemente en el país, y que ha dado enormes frutos de laboriosidad y esfuerzo. Recuerdo cuando niño a la señora María, que cortaba el pelo en su local de la Av. Conquistadores a todos los escolares de San Isidro, y guardo en mi memoria también al afable don Sakaki Maruyama, que sonreía siempre como si fuera el propio Sol naciente, socio de mi padre en una carpintería de la que obteníamos espadas de madera para jugar a D'Artagnan. ¡Benditos los inmigrantes, porque ellos contribuyen a hacer un país!
El flamante presidente del Consejo Nacional de la Magistratura, doctor Carlos Hermoza Moya, acaba de declarar que el "CNM hará oídos sordos a críticas". Mala política, doctor: en oídos sordos no entran verdades. Y verdades no escuchadas, dañan.
Un lindo bebé, blanco (blanquísimo), de radiantes ojos azules, en pañal y con sombrero y pañuelo de chalán, anunciaba recientemente en el aviso de un Banco: "Ahora etoi en el norte". Probablemente los publicistas vendieron la idea creyendo ser muy creativos, pero ese aviso más parece anunciar la apertura de una agencia o sucursal del Banco de marras en el norte de Europa, en Copenhague, Estocolmo y Helsinki, y no en el norte del Perú, porque en esa región de nuestro país casi todos los niños ni son tan blancos, ni tienen esos ojazos azules que ya no se ven ni siquiera en Miami. Los publicistas y algunos empresarios peruanos contribuyen de tal forma, probablemente sin querer queriendo, a la discriminación racial en este país plurirracial. Lamentable.
Los errores hay que reconocerlos y yo, humildemente, debo de rectificar la última frase de mi página anterior en la que afirmé que el Perú de hace siete años era casi tan malo como el de ahora. Quise decir que el de ahora es casi tan malo como el de entonces, pero así y todo ese es un grave error y una tremenda injusticia. El Perú de entonces era una verdadera catástrofe. El de ahora tan sólo amenaza serlo. Ojalá que no lo termine siendo.
Hay quienes, con toda sanfazón y facilismo, repiten la monserga que el otro día leí a un columnista del más importante diario nacional. Escribió, suelto de huesos y sin base alguna lo siguiente: "La clase media cuya vitalidad en América Latina servía de termómetro de la situación global, ha sido pulverizada por el neoliberalismo". Esa es una tontería izquierdizante sin sustento alguno. La clase media ha sido pulverizada en los países en los que ha gobernado el populismo, y no en otra parte.