Internet a tiempo completo: Marija Miskovic (izquierda), su amiga Ana María Suknovic y su novio Igor Ilic buscando las útimas noticias de Yugoslavia.
MECANICAMENTE, Marija Miskovic, ciudadana serbia en el Perú, enciende otro cigarro. Humo en todo el salón. Cuatro cajetillas de tabaco y dos ceniceros en la mesa. En la casa de Marija el consumo de tabaco ha aumentado mucho en las últimas semanas. Su madre, su novio, su amiga, todos están pegados veinte horas por día al Internet o a la televisión viendo programas de la BBC y de CNN. Duermen solamente en la madrugada. Están nerviosos, preocupados. Todos los amigos, los hermanos, los abuelos, los tíos y las tías viven en Yugoslavia, en la guerra. Y nada más importante que comunicarse con ellos y enterarse de alguna otra versión que no sea la de la televisión norteamericana.
"La gente está desesperada, cansada, no puede dormir por la noche debido a las alertas. Tienen rabia", dice Marija, de 26 años y viviendo en Lima desde hace un año. Sus familiares cuentan que el bombardeo es lo peor que han vivido en toda su vida. Los abuelos recuerdan su trauma de infancia, la Segunda Guerra Mundial. Los amigos mandan mensajes electrónicos durante los ataques, contando que ya no pueden trabajar, pero todavía salen a las discotecas -"¿qué más se puede hacer?", dicen intentando una ironía-, que organizan conciertos y reuniones en los puentes por la noche para protegerlos con sus propias vidas. Los más valientes suben a los techos para ver dónde caen las bombas.
Los Balcanes en Chimbote: En casa de una familia peruana-yugoslava, aparecieron pintas en contra de la "limpieza étnica" emprendida por Milosevic. En la foto, Naiskcza (18) observa con preocupación las reacciones chimbotanas a tan lejana guerra.
Todo lo que saben de ellos llega por Internet. Contacto telefónico ya no hay. "Cuando quieres llamar y no puedes, te vuelves loca", dice Marija, mientras sus ojos se humedecen. "Ese sentimiento de impotencia es horrible." Son aquellos que están en Belgrado los que tienen que calmar a los emigrantes en el Perú. Son ellos, a los que aún no les ha pasado nada, los que saben que el humor es el más accesible mecanismo de defensa: "No te preocupes", dicen, "tienen mala puntería". Para los yugoslavos en Lima el Internet se ha vuelto tan importante como el alimento, pues es el único medio de comunicación que todavía funciona. Las bombas habrían destruido transmisores de televisión y de radio de Yugoslavia. Marija y su enamorado Igor Ilic, también de 26 años, tienen miedo de que se podría bloquear también ese medio. Dos proveedores ya estarían destruidos, cuenta Igor. Confían en la naturaleza libérrima del Internet, aunque con las noticias y fotos difundidas por los serbios que ahí encuentran, incrementan sus preocupaciones. Hay páginas web con fotos de niños muertos, pueblos destruidos, cadáveres quemados del tren de pasajeros bombardeado el lunes 12 en Gredelica. "Fotos que el resto del mundo no conoce", dice Marija. En todo caso, prefieren la crudeza de la información serbia que la información filtrada por la OTAN. "Nunca antes hemos oído tantas mentiras", dice Marija al referirse a esta última. "Un día entrevistaron a una mujer en el Kosovo, hablaba serbio y contaba que huía por el ruido de las bombas, como ya no lo soportaba. Pero el periodista tradujo que la razón de su fuga era que los serbios quemaron su casa." Detectaron versiones contradictorias también en el caso del tren bombardeado: Según informaciones serbias la ruta de éste unía las ciudades de Belgrado y Thessaloniki en Grecia. Pero, en CNN y la BBC hablaban de un tren rumbo a Kosovo que transportaba armas y comida para serbios, dice Marija.
Milenko Ristic quiere que sus dos hijas vengan a Lima. Teodora, en concierto de piano en Lima 1997, no quiere: Se ha enamorado en Belgrado.
Presionados por las preocupaciones sobre sus familiares, a Marija y a Igor sólo les queda la furia. Claro, contra los terroristas del Ejército de Libertad del Kosovo, claro, contra los Estados Unidos. No entienden "esa locura", ese bombardeo, que según su opinión se puede dirigir contra todo y todos. "¿Van a destruir panaderías, porque los soldados comen pan?", pregunta la madre de Marija. "¿Van a matar a todos los hombres entre 18 y 65 años que hicieron su servicio militar?", quiere saber Igor. Pero su indignación se dirige también contra la política de informaciones: "La tercera guerra mundial ya ha empezado. Está en los medios de comunicación." (Doris Näger)