
Pandilleros -de entre
15 y 20 años- buscan cualquier pretexto
para pelear.
Plaza de Armas de Ayacucho, Semana Santa:
pandilleros. Gabriela, la protagonista, en una escena del documental.
LA noticia llegó hasta Alemania sin pasar por Lima: el pandillaje juvenil asolaba el Ayacucho actual. Hace dos años la directora Marita Barea debía presentar un proyecto para la Trafic Film de Berlín y para la televisión alemana (ZDF-3sat) como parte de la serie de documentales: "Chicas alrededor del mundo". Cuando le plantearon la realización de un mediometraje sobre el pandillaje de mujeres adolescentes en este departamento, la realizadora sintió el desconcierto de la ignorancia. Barea tenía interés en grabar en Ayacucho, pero no estaba enterada de la ola de violencia que revivía en esa zona. Cuando me lo comentaron pensé que era una exageración. Estaba escéptica, no podía creer que existiesen estas pandillas de mujeres entre los 12 y 20 años, capaces hasta de matar.
El mediometraje, realizado en video digital, narra la historia de Gabriela del Pilar Bendezú Flores, líder de una pandilla llamada "Las diablas". Una chica de 15 años con tres procesos judiciales y una hija. En 45 minutos la más primaria violencia -aquella que al no tener motivos busca pretextos- cobra vida en la pantalla. El documental refleja a través de testimonios y descontroladas recreaciones la alarmante situación que viven los adolescentes de esa ciudad.
Cuando la cámara deja de ser un obstáculo y se asume cotidiana, el documental logra ese carácter fascinante de registro. Para llegar a ese nivel de confianza se requiere de todo un proceso de investigación. Yo fui a Ayacucho dos veces antes de conocerla. Finalmente cuando lo hice, me sorprendió su capacidad de simulación. Le pregunté si era Gabriela y me dijo que no, que era su prima, pero paralelamente se notaba que no quería venderme ninguna imagen y eso me pareció fundamental, recuerda la realizadora al presentar el documental "Hijas de la Violencia".
A pesar de todo, la Policía hace lo que puede.
Una a una se van descubriendo las posibles causas del comportamiento de Gabriela: la violencia imperante en Ayacucho durante la llamada "Guerra Popular" y el consecuente abandono de la madre. La conflictiva relación con los abuelos y la macabra revelación de que su madre -con la que mantenían una afectuosa relación a pesar de la distancia- había sido ejecutada en Uchiza por los terroristas, hacen que Gabriela se refugie en un mundo autodestructivo (drogas y alcohol) y agresivo (asaltos y agresiones físicas), pero del cual, y a diferencia de todo lo demás, tiene absoluto control.
Actualmente hay alrededor de 60 pandillas en Ayacucho, todas ellas con un alarmante promedio de 40 ó 50 jóvenes. Lo único que las diferencia, aparte de los nombres ("Los gladiadores", "Las vinchas negras", "Las gatúbelas", etc.) es el nivel de violencia al que llegan, hay algunas que matan, otras que roban nomás, explica a la cámara una joven pandillera (rival de Gabriela). Empecé a parar con otro grupo, eran puros hombres, o sea yo era la única mujer. Pero me salí porque ellos ya mataban, así que me fui.
Si uno piensa en las posibles causas de este fenómeno, Sendero Luminoso aparece de inmediato. La muerte pasó a ser parte de la vida en Ayacucho llegando a muchos de improviso y con violencia. Otros -niños de hasta 8 años, como el caso de "Fausto", quien era utilizado por sendero como correo (CARETAS 1070)- fueron obligados a formar parte de una guerra que ni siquiera entendían. Sólo debían matar y cuidarse de que no los maten.
Marita Barea y su valioso registro de 45 minutos, financiado por la Trafic Film de Berlín..
Sin embargo, la causa principal parece ser los problemas familiares. La mayoría de estos chicos, sean ricos o pobres, tienen problemas con los papás, explica la madre Covadonga, religiosa de imponente presencia tanto en el video como en la realidad ayacuchana. Los jóvenes sólo ven pelear a los padres. Los padres sólo andan preocupados buscando dinero para mantener a la familia, entonces los muchachos buscan cariño en otros muchachos generándose un vínculo muy fuerte entre ellos, vínculo que deben defender ante todo lo que amenace con destruirlo. Me atrevería a decir que sólo un mínimo porcentaje de ellos forma parte de pandillas por causa de Sendero. Sendero tiene que ver, pero es más la desunión familiar que lo otro.
La realizadora pretende, a través de su trabajo, invitar al espectador a la reflexión. Espero que al menos se empiece a pensar con mayor seriedad en todo este asunto y que las autoridades entiendan que con meter al calabozo a estos jóvenes por dos o tres días, no van a solucionar nada. Se debe pensar en proyectos de adaptación social antes que intentar combatir la violencia con más violencia.
El gobierno parece estar tomando medidas últimamente. Se han organizado actividades de recreación y además se está reubicando a muchos de estos jóvenes en diversos colegios. Pero el problema parece ser más grande que las ganas de muchos, entre ellos la madre Covadonga, quien llegó al Perú hace 27 años y se nacionalizó, como ella misma dice, ayacuchana. No estamos muertos. Hay una herida pero estamos poniendo el remedio para curarla.
La dualidad de estos jóvenes se ve claramente reflejada en uno de los testimonios de Gabriela. Una voz en off pregunta: ¿Qué te entristece? La joven mira silenciosa hacia un lado de la cámara. Finalmente responde indiferente: Nada. ¿Qué te alegra? Otro silencio, y como quien repentinamente se acuerda de algo: Mi hija. (Verónica Klingenberger).