Los Motivos De Laura
La baba salvaje del nuevo mediodía.
Por FERNANDO VIVAS
LAURA Bozzo tomó el camino opuesto y le fue bien. Cuando líderes mediáticos en declive, como su descubridor Ricardo Belmont, soñaban con dar el gran salto a la política, aquí teníamos a una política de perfil bajo soñando con dar el gran salto a la televisión. Y cayó parada. La primera oportunidad se la dio Belmont en 1994 con el modesto "Las mujeres tienen la palabra", donde en un escenario pelado y con invitados de segunda, la ríspida doctora descargaba sus entonces ideas antifujimoristas. Antes, Laura había bebido de la patasca ideológica del Frenatraca -en realidad, ingresó al municipio de Lima en la lista del perdedor Luis Cáceres Velásquez-, colocándose luego bajo el ala belmontiana. Antes, villarrealina de corazón, no se pudo sustraer al influjo del APRA y fue jefa del INC durante el gobierno de Alan García.
Laura Bozzo, la iracunda "boga" de los pobres.
Laura no ha dejado de hacer política. En su bombástico talkshow de América -top del ranking de IBOPE por más de dos semanas- ha encontrado amplia y crédula clientela para sus afanes de poder populista. Ha imbuido a su efectista show de una intención de "ayuda y seguimiento" a sus dramáticos casos a través de su ONG Solidaridad Familia. Laura pretende trascender la baba televisiva concientizando a sus féminas pisoteadas sobre sus derechos civiles, condenando infidelidades sean de hembra o de macho, aunque con estos últimos suele ser la bronca: "¡Si fueras mi marido te rompo el alma!" dice la flamígera "Boga". "Yo pido perdón pe´ huon", le responde el cínico con la cabeza gacha y, mientras la esposa y la querida le dan sopapos, se le escapa una sonrisa que delata algo que Laura intuye y que sus decenas de puntos de rating tal vez ignoren: Su discurso está desfasado. A la mujer abusada hay que llamarle la atención sobre lo que trasciende a la sexualidad conyugal. No sacralizar el matrimonio, satanizar la infidelidad y vaginizar en extremo las prerrogativas de la mujer, alimentando así el cinismo machista. Laura Bozzo es una feminista bobittiana a la que le cuesta hablar de tolerancias, de moderaciones -esas que se las quede Mónica- y de formas de repensar el sexo, la familia y el trabajo más allá de los callejones sin salida del derecho penal. (Su aspereza rinde más en los programas de conciliación y perdón). Su concepción efectista del show -no oír testimonios de lo que pasó en casa sino llevar el drama allí mismo, al set, con emboscadas, invitados sorpresa y hasta cámaras escondidas- resulta en un programa sumamente dramático y entretenido, aunque las ideas se disuelvan en baba salvaje.

Escribe ALMENDRA GOMELSKY
Almendra Gomelsky en la grabación de "Sueños".
No veo mucha televisión local. Sólo en las noches, antes de dormir, veo alguna que otra serie norteamericana del cable. Me gustan los "Expedientes secretos X" y también "Ally McBeal", además de picar en Fox y Sony. No me apego mucho a los noticieros, pero veo algo de CNN. Respecto a la Tv. nacional pienso que una escasa creatividad, sumada a la escasez de dinero hace que no podamos apreciar producciones de calidad; a excepción de casos como el de "Pataclaun" que toma esa escasez de recursos como una de las claves para sacar a relucir su enorme creatividad. El humor televisivo nacional, por lo general, me parece una patochada. Antes de trabajar en la novela "Sueños" veía algunos programas infantiles que no están mal para nuestro mercado. Ahora no tengo tiempo para ello y los domingos aprovecho para estar con mi familia, así que no veo Tv. salvo los capítulos de "Sueños" que graba mi madre.
Los Hombres De Negro
No fue una primicia sino una infamia. Que un canal con generoso respaldo popular como América haya acatado, a pie juntillas, un libreto oficial que lo obligaba a inhibir cuestionamientos de rigor a Vladimiro Montesinos y en lugar de ello darle tribuna de autobombo, es una traición a la esencia del periodismo de opinión. Si José Enrique Crousillat intentó atenuar los efectos deshonrosos que sobre su familia tuvo el destape de las conversaciones entre su primogénito José Francisco, Montesinos y el publicista Borobio, haciéndose él mismo cargo del canal; ahora carece de alibí. Papá Crousillat no estaba absorto en sus lecturas de Delia Fiallo, ni concentrado en la producción de sus ambiciosos latin-puddings; estaba en su puesto de América coordinando el pase de la primera entrevista aquiescente a Fujimori-Montesinos en vísperas del paro nacional. Ahora, nada lo exime de la deshonra, ni siquiera que Fujimori haya dicho, en conferencia de prensa del sábado pasado, que la "primicia" no se debía a las estrechas relaciones del ejecutivo con el 4 sino a que el canal "tiene buen rating". El mucho rating y la poca vergüenza hacen una ecuación perniciosa en época preelectoral. Pero sí hay que reconocer que hubo algo de pudor en José Enrique Crousillat al decidir que fuese Alamo Pérez Luna y no su yerno Nicolás Lúcar el encargado de la comisión. El inefable Alamo cumplió el libreto con obediencia, dando los pies -visiblemente negociados- al presidente y a Montesinos para un discurso que exaltaba la eficiencia del gobierno y su aparato de inteligencia en el episodio de los rehenes -¿hay algo que celebrar allí?- mientras la sed reeleccionista de ambos hombres de negro nos arriesga a perder las guerras contra la miseria, el desempleo y la corrupción.
Picotazos
-"Kenji me miraba y me decía
¿papi, qué vas a hacer?"
-Alberto Fujimori evocando la toma de la residencia del
embajador del Japón.