El horror, otra vez el horror clavado en medio del sueño americano. La tarde primaveral del 20 de abril en Littleton -un pueblo cercano a Denver, la capital del estado de Colorado- devino en tragedia cuando dos estudiantes de la Columbine High School entraron al local de este, su propio colegio, armados hasta en las uñas y desprovistos de toda misericordia. El saldo brutal: 15 muertos (14 alumnos y un profesor) y varios heridos graves. Nadie sale de su espanto todavía, mientras la imagen de los féretros de los muchachos asesinados llega a todo el mundo lanzando preguntas sin respuesta. Y también mientras el Internet, ese invento de doble filo y sin control, sigue esparciendo mensajes que no parecen conmoverse ante el crimen. Navegando por diversas páginas web, CARETAS encontró un archivo siniestro de Eric Harris, uno de los presuntos asesinos, en el cual adelanta algunas de sus desalmadas intenciones. Asimismo, tras un recorrido por colegios de Lima se pudo comprobar que aunque, aparentemente, estamos a salvo de una locura de ese calibre, sí existen potenciales focos de violencia que podrían, de no mantenerse una constante vigilancia, devenir en situaciones terribles. El cóctel de la violencia juvenil acá está compuesto por otros ingredientes, pero, en el fondo, yace la misma frustración ante un mundo, o una sociedad, que empuja a algunos de sus miembros más jóvenes al sinsentido o la desesperación.
Eric Harris y Dylan Klebold, sindicados como autores de la masacre. Se habrían suicidado luego de llevarla a cabo. El acto fue, según parece, la torva conclusión de una historia de resentimiento que los llevó a odiar, hasta la muerte, a negros, hispanos, atletas y todo aquel que les resultara hostil. Derecha: Trazos hechos por Harris días antes de la tragedia. ¿Qué pasaba entonces por su mente?
Los disparos truenan y los alumnos buscan refugio. A los ejecutores eso no les provocó ni un borroso sentimiento.
ANUNCIOS SIN GLORIA
Todo indica que Eric Harris, uno de los presuntos asesinos de Littleton, cultivó frente a las computadoras una manía por el juego que a la larga devino en aficiones siniestras. Estaba registrado de tres maneras distintas en la American On Line (AOL), uno de los mayores proveedores de acceso a Internet en el mundo, y por allí vertía parte de su veneno.
Como su "ocupación" en uno de sus registros figuraba "trabajador de medio tiempo en un stand de fuegos artificiales y Dooming". Esto último significaba que era un devoto practicante del Doom, un juego virtual que consiste en matar, a sangre y fuego, a unos monstruos que van apareciendo por corredores de una especie de castillo (circula en Lima, por cierto, sin ninguna restricción).
Peor aún era lo que aparecía cuando, en ese registro de usuario, se le preguntaba a Harris cuál era su lema personal. "¡Cállate y mátalo! -decía- Basta de gemidos... es sólo una herida superficial... Mata a todos!". En otro de sus registros el lema era conocido, pero no por eso menos revelador: "Si vis pacem, para bellum" ("si quieres la paz, prepárate para la guerra").
Algo más. Harris, en otro de sus registros consignó como su "ocupación" lo siguiente: "Ultimo año de colegio, y el resto aún no está publicado". ¿Otro anuncio velado de lo que haría? Nunca lo sabremos exactamente. Pero después de la masacre, resulta obvio que todas, o casi todas, sus palabras han perdido inocencia.
En Lima... 19 Colegios Han Sido Puestos en Observación
No estamos en Littleton. Aquí no circulan armas a discreción ni se producen masacres en la puerta de las aulas. Sin embargo, desde 1995, diecinueve colegios de Lima Metropolitana fueron puestos en observación debido a problemas de violencia suscitados en ellos (o entre ellos). El Ministerio de Educación puso en marcha un plan piloto en los colegios Mariano Melgar, Nuestra Señora de Guadalupe, Melitón Carbajal, Alfonso Ugarte, Hipólito Unanue y Ricardo Bentín con el objeto de neutralizar los conflictos, y en parte lo logró. Pero no pudo evitar que, en diciembre del año pasado, un alumno guadalupano muriera asesinado por pandilleros. Y que, en algunos casos, la disciplina tenga porte militar.
EL HACE BOMBAS
Más terrible todavía es explorar el documento titulado "The book", que Harris puso en Internet y en el cual explica, indolente, cómo se puede fabricar una bomba. Dicho título haría referencia a "The Anarchist Cookbook", un libro publicado en 1971 y en el cual se daban instrucciones justamente para la fabricación de explosivos.
Las "instrucciones" de Harris, no obstante, están bastante personalizadas y hacen referencia, al parecer, a sus oscuros propósitos futuros. "El tipo de pólvora que he usado en mis bombas -dice- ha comprobado su valor varias veces..." Luego, continúa: "Si tienes 18 años se puede comprar esta mierda en casi cualquier tienda de armas".
Todos estos mensajes sugieren que tiene sustento la hipótesis según la cual se trataba, también, de volar en pedazos la escuela. Después de la matanza se descubrieron dos bombas en el colegio, acaso fabricadas siguiendo las alucinadas directivas de Harris.
Otro mensaje arroja luz sobre el contexto cultural en el que ha ocurrido este crimen. Harris dice, refiriéndose a las esquirlas "no serán usados hasta el NBK". Alguien luego, escondido en el anonimato de la Internet, puso que ello significaría "Natural Born Killer" ("Nacidos para matar"), el nombre de la polémica película de Oliver Stone.
La mecha incluso parece seguir prendida después de la muerte. Según Richard Licetti, ex redactor de CARETAS que ahora vive en Estados Unidos, el lunes 27 cientos de personas de una biblioteca pública de Aurora, al este de Denver, tuvieron que desalojar el local por una amenaza de bombas.
El Columbine High School de Littleton. Pasó a la historia por motivos nada educativos.
BAJO EL VOLCAN
¿Están los medios de comunicación (el cine, la Tv., la prensa) alimentando estos arrebatos de locura asesina? Nadie, a estas alturas de la historia, atribuiría a este solo factor la responsabilidad de un problema tan grande. Y menos a la película de Stone, que más bien le enrostra a la sociedad norteamericana sus propias barbaridades.
Los mass media, no obstante, son un elemento nada despreciable en un clima cultural marcado por mútiples formas de violencia, incluyendo aquella que consiste en no ser escuchado ("sus hijos, que me han ridiculizado, que me trataron como si no valiera la pena, están muertos...", dice, a manera de sombría justificación, una supuesta carta de Harris).
Hay, asimismo y como señaló a AFP Melissa Jonson-Field, profesora de la Universidad de Washington (St. Louis, Missouri), una obsesión por la violencia, superior a la de otras épocas. Los juegos virtuales tienen ese ingrediente, la televisión también, ciertos tipos de música (Marilyn Manson ha sido sindicado como inspirador de los asesinos) lo mismo. ¿Alguna actividad humana está libre de esa tentación en este tiempo?
Más abajo, no obstante, en lo que alguna vez Fedor Dostoievski llamó el "subsuelo", hay otras cosas, que remecen la cultura norteamericana (y la mundial). El fracaso del modelo familiar, tal como se le conoce; la manera cómo se maneja la política mundial, el encumbramiento del éxito individual, entre otras cosas, aparecen hoy como andamios endebles sobre los cuales se ha montado un errático modo de vida.
¿Quién podrá consolar estas lágrimas desoladas? La sociedad norteamericana parece hundirse en la pena más profunda por esta tragedia que escapa a toda comprensión.
DE LIMA A DENVER
Un hecho como el ocurrido en Littleton tiene la triste virtud de provocar un sacudón, no sólo en la sociedad norteamericana -que ojalá tenga el coraje no sólo de revisar su Constitución sino, además, las raíces de su cultura-; también despierta interrogantes en nuestro medio ¿Hay algún parentesco entre nuestros jóvenes y los despiadados muchachos de Colorado o Arkansas?
Un fondo común parece unirlos, sobre todo en el ámbito familiar donde los problemas de incomunicación se viven de forma parecida, aun cuando tienen orígenes distintos (hartazgo en un caso y pobreza en otros, si se nos permite cierta simplificación). Pero las explosiones de violencia son distintas, cada una lleva el sello de su cultura y del tamaño de sus frustraciones.
La violencia de los colegios estadounidenses tiene un perfil sistemático, dramáticamente preciso. Un día, a una hora, bajo un plan delineado, se consuma un ataque artero. En las calles de Lima, en cambio, la rabia colegial -o juvenil- ha encontrado en el caos su espacio vital. Es el desorden el que gobierna los líos.
Es en ese contexto que, a fines del año pasado, fue asesinado Carlos Arroyo, alumno de cuarto año de secundaria del colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Lo atacaron unos pandilleros en la avenida Alfonso Ugarte, que según algunas versiones eran alumnos del colegio Mariano Melgar, rival tradicional del Guadalupe. Esto no llegó a comprobarse, pero dio una idea del problema.
Chateando con la Muerte
Eric Harris había creado en Internet un espacio que llenó de mensajes violentos y tenebrosamente proféticos. En uno de sus registros como usuario figura la siguiente frase: "¡Cállate y mátalo!... Basta con los gemidos, es sólo una herida superficial... ¡Mata a todos!". La policía levantó rápidamente del sistema este espacio, pero ocurre que Harris estaba registrado tres veces como usuario y en los tres casos se dedicaba a llenar de basura las carreteras informáticas.
CONOS Y CENTROS
A partir de los 90, la ola de pandillaje y barrismo bravo que inundó la sociedad peruana llegó a los colegios. Mientras en los conos las peleas eran entre pandillas en sí, acaso por lo de tener campo abierto, en los colegios del centro de la ciudad la violencia llegó en forma de batallas de colegio contra colegio.
Los motivos, tal como explica el psicoanalista Luis Herrera, suelen tener características tribales: el control de un territorio y la posesión, aunque sea imaginaria, de mujeres. Bajo esas consignas, se trenzaron el Guadalupe y el Melgar (teniendo al colegio de mujeres Rosa de Santa María en el centro de la disputa), el Alfonso Ugarte y el Melitón Carbajal, entre otros.
La menor circulación de armas en nuestro medio establece una diferencia meridiana con lo ocurrido en Estados Unidos. Aunque no tanto. En algunos colegios hay requisas, como ocurre en las cárceles, y si bien lo que más se encuentran son sprays para pintar las paredes, en ocasiones se han encontrado armas punzocortantes.
Pequeños "Littletons" en potencia podrían surgir. En las lejanas tierras norteamericanas, un par de adolescentes pueden cometer una locura movidos por el sinsentido de su soledad. Aquí podrían hacerlo por una desesperanza alimentada por carencias diversas.
El féretro del estudiante guadalupano Carlos Arroyo. Pintar telas o paredes (derecha) no sirve de mucho si de lo que se trata es de vivir.
SOBREVIVIR
Valeria Villarán, una joven psicóloga consultada, abrigó una reflexión interesante sobre la tragedia. De acuerdo con ella, muchas ideologías -el socialismo o aun el liberalismo- están en problemas, pero, trágicamente, el racismo ha sobrevivido a derrumbes y cuestionamientos. Hitler sigue siendo la verdad suprema para algunos insensatos.
Los disparos producidos esa tarde aciaga cerca de Denver tenían justamente ese matiz: el odio al diferente, la insoportable terquedad de no acoger. Voltear esa perversa inclinación no será fácil, pero hay que hacerlo, con todo el coraje y la ternura de los que somos capaces.
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(*) Con la colaboración de Steve Sena.