Por AUGUSTO ELMORE

CUANDO aparezcan estas líneas probablemente el entrenador de la "U", Miguel Company, haya sido destituido, tal como se anunciaba la semana pasada. Esa es una injusticia: a quienes deberían destituir es a todos los jugadores, sin excepción. Con jugadores tan malos no hay entrenador que valga. Si no que lo diga Oblitas.

  • En mi página anterior he debido hacer un homenaje a los valerosos soldados que llevaron a cabo la operación denominada "Chavín de Huántar", que liberaron a todos los rehenes de la embajada con una sola baja y dos por parte de los libertadores, sin contar los subversivos muertos, porque estos estaban en lo suyo y sabían a qué se atenían. Lo hago ahora, porque fue una operación absolutamente admirable, superior a la de Entebbe, que exigió no solamente un enorme coraje sino también impecable eficiencia. Lamentablemente la izquierda internacional intentó echarle barro y desprestigiarla, solidarizándose con los captores y no con los cautivos y quienes los liberaron. Pero la verdad se impone al fin de cuentas: hoy en día todo el mundo reconoce y admira la acción militar que en dicha oportunidad ejecutaron las fuerzas armadas. ¡Honor a los caídos! Y a los sobrevivientes.

  • El general Nicolás de Bari Hermoza Ríos fungió durante un tiempo como el estratega de la toma de la residencia, y creo que hasta publicó un libro sobre el tema. Ahora resulta, de acuerdo al programa de televisión del domingo pasado, que el general Kenyi, con su telescopio, tuvo mucho más que hacer al respecto. No sé qué pensará el general Bergamino, actual ministro de Defensa, que conmemoró con vibrante y patriótico discurso las virtudes del occiso, digo, del general Hermoza Ríos. ¡No somos nada!

  • Los serenazgos municipales, por lo menos los de San Isidro y Miraflores, deberían de crear una Unidad de Desactivación de Alarmas (UDA), que tenga como misión la de silenciar aquellas bocinas estridentes que emiten, por quítame allá estas pajas, los automóviles cuyos desaprensivos propietarios o conductores los han dejado con la alarma activada en calles y plazas, conductores o propietarios que ni se acercan a apagarlas cuando empiezan a sonar, volviendo loco al vecindario. Las UDA deberían estar conformadas por técnicos en alarmas y en electrónica que puedan acallarlas apenas empiecen a sonar, previa llamada urgente de algún vecino. Y en caso de que no puedan lograrlo, dichos técnicos deberían estar premunidos de combas para romper las lunas de los vehículos, dejando en su lugar un letrero que diga: Sancionado por ruidos molestos.

  • Pero no sólo los autos tienen alarma en los distritos que he mencionado, también las tienen las residencias, las que, si pasa por allí un gato, se activan y suenan y suenan y suenan hasta el cansancio, porque el propietario de la casa se ha mandado a mudar a Ancón por el fin de semana. ¿Qué hacer en estos casos? Por lo menos llamar a los bomberos para que ayuden a derribar la puerta.

  • Cada UDA también debería tener a su disposición letreros para pegar con engrudo en las lunas de los autos, como lo hacía el municipio de Miraflores con aquellos que se encontraban mal estacionados, en los que se le miente la madre al desaprensivo conductor que dejó la alarma conectada. Quizá suene lisuriento, pero nadie me va a decir que no lo merecen.

  • Algunos industriales son de mamey, y de mamey con mango: pidieron que se elimine la comunidad industrial, y se la eliminó. Pidieron libertad de empresa y libre mercado: y se les dio. Ahora están pidiendo que el gobierno, nada menos, regule los intereses, cosa que evidentemente no se condice con el libre mercado y la libre empresa. Mañana van a pedir lotizar la Luna, y con precios subsidiados el metro cuadrado, porque para pedigüeños nadie los gana.

  • El flamante director del Instituto Nacional de Cultura anuncia una campaña para lograr una ley, como la llamada Ley Valdez de Chile, por la cual se permita la deducción de impuestos a las donaciones culturales, tal como existió en épocas de Manuel Ulloa, ministro de Economía que sí sabía de la importancia de la cultura. Lo malo fue que entonces, según he sido informado, prosperó aquello de hecha la ley hecha la trampa: aparentemente empresarios inescrupulosos y ventajistas le exigían a quienes iban a recibir la donación que facturaran una cantidad distinta, y por cierto mucho mayor, a la que en verdad iban a donar, ganándose así alguito con la exoneración.

  • Creo que, pese a ello, la iniciativa del Dr. Luis Repetto es digna de tomarse en cuenta. Para evitar la trampa, las donaciones culturales deberían ser aprobadas por un Comité de alto nivel, integrado por personalidades sin sombra de sospecha, como el Dr. Salomón Lerner Febres, la Dra. Ilse Wisotsky, el Dr. José Javier Pérez, Dr. Luis Bustamante Bustamante, rectores de las universidades Católica, de Lima, del Pacífico y de Ciencias Aplicadas y el Ing. Walter Piazza Tangüis, presidente del Museo de Arte de Lima, por mencionar tan sólo a ellos, los que, en todo caso, cuando se trate de donaciones a los centros culturales que dirigen, podrían abstenerse. El congresista Abanto Pongo debería ser mantenido al margen desde el arranque, claro.

  • Al paso que vamos, dentro de poco más de un niño peruano exclamará a la hora de comer: ¡Aj, mamá, otro SIN en la sopa!

  • Propongo una campaña publicitaria que utilice al mismo niño, ese que ahora etá en el Norte, pero que el producto anunciado sea una marca de jabón y su texto diga: "¡Mire, señora, qué blanco ha quedado su bebé, gracias a que lo lavó con jabón Amiel!".