El Infarto Económico
Y el Paro Político
Las razones de la protesta.

Los niveles de producción actual son 13% a 14% menores a los de mediados de 1983 -según el economista Julio Velarde-, colapso económico sólo comparable con el que sufriera el país tras el diluvio de El Niño de 1983. La diferencia es que esta vez, paradójicamente, la causa fue una sequía. Sequía financiera, claro está. El reto es cómo salir del atolladero.

Joy Way: el encaje y el desencaje.

¿Por qué la enésima convocatoria a un paro nacional de la CGTP esta vez sí agarró cuerpo? Como decían los demócratas cuando Clinton derrotó a Bush en 1994, "es la economía, estúpido".
De acuerdo con Julio Velarde, de la Universidad del Pacífico, los niveles actuales de producción serían 13% a 14% menores que los de mediados de 1998, un colapso económico sólo comparable con el que sufriera el país tras el diluvio de El Niño de 1983.
Resulta irónico el hecho que esta vez la crisis estallara justo cuando dejó de llover. Más bien, la profunda recesión económica es producto de la sequía. Sequía financiera, claro está. Sus orígenes en la Crisis Asiática y Crisis Rusa, y los errores monetarios y fiscales internos para contrarrestar la debacle internacional, son por todos conocidos. El asunto es cómo salir del atolladero.
"La buena noticia es que hemos tocado fondo", dijo Velarde en el ya tradicional desayuno con la prensa en el Banco Continental. "La mala noticia es que la recuperación va a ser lenta". Y advirtió:
"Si se mantienen los niveles de demanda actuales, muchas empresas no serán viables".
Las cifras del BCR indican que la demanda interna se desmoronó en 1998 de 7,9% a -7,0%, pero lo más grave es que la inversión privada cayó de 20.7% a -17.8%.
¿Cómo incentivar entonces la demanda? En los últimos días, el debate entre quienes reclaman políticas monetarias y/o fiscales más expansivas ha estado a la orden del día.

EL BAILE MONETARIO

Dionisio Romero, en el 110 aniversario del Banco de Crédito, puso la Pica en Flandes al pedir que se baje 3 puntos (de 38% a 35%) el nivel de encaje promedio en moneda extranjera, y de 20% a 10% el encaje marginal, lo que permitiría a los bancos reducir sus tasas de interés y liberar recursos que ayudarían a salir de la recesión.
Germán Suárez, presidente del BCR, replicó que la rebaja de encaje de fines de 1998 no fue acompañada de una reducción en la tasa de interés, pues otros factores también influyen en la misma. El debate pudo llegar a nivel técnicos inimaginables cuando Emilio Navarro, de la SNI, pateó el tablero y calificó de "usureros" a los banqueros. Los adjetivos reemplazaron entonces a los puntos decimales.
Pero no cabe duda que la política monetaria tiene mucho que ver con las expectativas devaluatorias y la disponibilidad de líneas de crédito frescas. El par de hipos cambiarios de verano, y su secuela inflacionaria, como resultado del frustrado esfuerzo por parte del MEF de bajar la tasa de interés en soles, es un buen ejemplo.
Pero para no pocos analistas, el hecho que la economía peruana esté dolarizada en un 75%, ofrece severas limitaciones en la implementación de una política monetaria.

La recesión. Desde octubre de 1998, la industria (sin incluir la harina de pescado ni las refinerías) cayó 10.1%, la construcción 14% y el comercio 8.5%.

EL CAMINO FISCAL

Si el camino monetario está plagado de meandros no es más fácil la salida fiscal a la recesión. Julio Velarde recordó que mientras que los ingresos disminuyen (la recaudación ha caído 10 %, equivalente a 1.3% del PBI), el FMI sólo autorizó un déficit fiscal de 0.8%.
Ciertamente gastar sólo lo que ingresa es una virtud cuando los capitales del exterior financian al sector privado, pero puede resultar contraproducente en época de crisis, cuando los ingresos fiscales caen agravando la recesión.
"Esa no es política fiscal, sino el razonamiento de cualquier cajero", sostiene Bruno Seminario.
Para que el carro de la economía vuelva a caminar, según Seminario, no bastarían solamente los publicitados préstamos del exterior, sino también un gran empujón fiscal para restablecer la demanda, vía un aumento de sueldos o reducción de los impuestos.
Suena a perogrullo, pero nunca está demás recordarlo: las reservas están para ser utilizadas en tiempos de crisis. Lo contrario es suponer que el BCR se ha convertido en el tesorero real inglés que sólo se dedica a limpiar con Braso las joyas de la corona. Sobre todo cuando la repercusión social suena tanto al tocar fondo la economía.