En estos días los sanmarquinos Juan Carlos Tello, Carmen Rosa Cardoza, Aldo Bolaños y Alina Wong, miembros del equipo técnico multinacional del Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra, debían iniciar en algún lugar de Bosnia Herzegovina o Croacia nuevas labores de exhumación en fosas comunes y de protocolo forense. Su labor no es sólo humanitaria: se trata de víctimas de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra de Bosnia cuyos restos son evidencia judicial contra criminales de guerra. Cuando en abril de 1998 los arqueólogos llegaron a Sarajevo, ya habían pasado las dos primeras advertencias del Consejo de Seguridad de NN.UU. a Milósevic y sus fuerzas armadas para que cese la "limpieza étnica". Este año su misión fue suspendida temporalmente por el problema de Kosovo. Testigos excepcionales de las atrocidades cometidas bajo el hechizo ultranacionalista serbio, este grupo de peruanos narra sus dramáticas experiencias.
De izquierda a derecha, peruanos Alina Wong, Aldo Bolaños, Juan Carlos Tello y Carmen Rosa Cardoza. "Es duro enfrentarse a un amontonamiento de cuerpos en diferentes posiciones y condiciones de descomposición", dice Tello, derecha: en dramática rutina en B¨rcko junto a colegas de otros países. Las jornadas no duran más de dos semanas.
"Es población civil la que hemos hallado y muerta por asesinato", precisan los arqueólogos.
Desde luego, no todos los encausados por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia son serbios, aunque sí la mayoría: aproximadamente 60%. El resto son croatas y musulmanes: alrededor de 30% y 10%, respectivamente. En el conflicto de Bosnia esa esencia criminal y al mismo tiempo humana afloró en los distintos bandos. Pero ahora la flamígera monserga nacionalista de Slobodan Milósevic y sus aterradoras consecuencias parecen indicar que las ya recargadas labores del Tribunal lo serán aún más.
De esto, en realidad, hubo un primer indicio cuando entre setiembre y octubre pasados la fiscal principal del Tribunal, la canadiense Louis Arbour, intentó ingresar a Kosovo para recabar información sobre lo que venía sucediendo. Pero el gobierno de Milósevic le negó la visa de entrada al país. Esto no obstante que el Tribunal tiene jurisdicción en todo el territorio de la ex Yugoslavia, ergo en cualquier momento podría trabajar en Kosovo.
Hasta ahora, los trabajos de exhumación han
estado concentrados en Bosnia Herzegovina y Croacia. La fosa común señalada en el mapa corresponde a Brcko.
Es decir, a juzgar por las informaciones de refugiados albano kosovares y las evidencias aerofotográficas de presuntas fosas comunes difundidas por la OTAN recientemente, en un futuro cercano los arqueólogos forenses peruanos Tello, Carmen Rosa Cardoza, Aldo Bolaños y Alina Wong, entre otros de 16 nacionalidades, podrían realizar en Kosovo exhumaciones similares a las que han venido realizando en Bosnia. Al respecto, se ha logrado determinar más de un elemento común en el modus operandi de los ejecutores: "en el proceso de guerra (en Bosnia) la gente era separada, eso está publicado en varios lugares. Las mujeres y los niños eran llevados a los límites del poblado, en el mejor de los casos, y en el peor, las mujeres eran violadas. Los hombres eran reunidos en un campo de concentración, que en realidad era sólo un paradero hacia las fosas. Por eso no se les volvió a encontrar", dice Tello.
Publicaciones de la Cruz Roja Internacional dan cuenta de 50 a 80 mil desaparecidos durante la guerra de Bosnia Herzegovina. "Hay listados de personas por territorio, ciudad, poblados, etc. que también deben tener las Naciones Unidas, el Tribunal y las agencias internacionales que trabajan con esto para tratar de identificar quiénes eran las víctimas, si eran civiles o militares. Lo que hemos observado es que en casi todos los casos son civiles", agrega Tello.
"Las autoridades serbias niegan la existencia de campos de concentración, de masacres y asesinatos masivos y dicen que todo responde a una labor municipal de salubridad", señala Bolaños.
Una de las tareas que llevaron a cabo Bolaños y Tello estuvo relacionada con el caso de Goran Jelisic, campesino serbio-bosnio de 22 años que se autodenominaba "el joven Adolf" y que tuvo a su cargo un campo de concentración en Brcko, al noreste de Bosnia Herzegovina. "Trabajamos en tres fosas en un mismo terreno. Es una especie de muestra de lo que hay, porque no se llega a recuperar la totalidad de cuerpos. De este caso recuperamos 15 ó 20 de las 3,000 personas que se le acusa de haber asesinado", dice Bolaños. "Lo importante es que lo que se recupera sirve para identificar el tipo de crimen cometido. No se necesita la totalidad de cuerpos para saber que la gente no murió en un bombardadeo en un teatro de guerra como normalmente se dice", señala por su parte Tello. "Había de todo. Gente vendada y a veces esposada, mutilada, abaleada, personas mayores de 60 a 70 años -que no participan en la guerra- con tiros de bala en la cabeza hechos con pistola de reglamento policial".
Luego de recuperar los cuerpos, en la morgue se lleva a cabo un proceso de identificación a cargo de policías especializados y de patólogos, quienes trabajan conjuntamente. "Nosotros, dice Cardoza, hacemos la antropología forense: nos ocupamos de precisar edad, estatura, sexo. Datos muy concretos que pueden coincidir con la lista de la Cruz Roja Internacional. Cuando hay perforación de cráneos y otros huesos por efectos de una bala hacemos la reconstrucción. La información del patólogo que se adjunta con la del antropólogo que jefatura la morgue es el protocolo que se alcanza al Tribunal." Al momento que el cuerpo entra a la morgue pasa por un aparato detector de metales (balas, esquirlas de granada, principalmente). "Hay que ser muy cuidadosos. Una vez recibimos un pedazo de tórax que tenía dentro de la chaqueta una granada. Entonces tuvimos que evacuar inmediatamente la morgue" dice Cardoza. "Según el desminador, si al momento de manipular los restos a la hora de cavar, o al ponerlo en la bolsa y colocarlo en el container -donde los cuerpos van unos encima de otros- la posibilidad de activar la granada era una entre 100, pero si sucedía implicaba que hubiéramos volado 50 metros a la redonda."
Zeljo Raznatovic (47), alias Arkan, precursor de las prácticas genocidas en los Balcanes a la cabeza de sus "tigres", en realidad ex convictos convertidos en paramilitares. Ha dejado entrever que Milósevic sabía de sus actividades en Bosnia y Croacia. Funcionarios estadounidenses y británicos sostienen que Arkan y sus hombres han participado de operaciones de "limpieza étnica" en Kosovo.
Este riesgo no es el único que implica el trabajo. Por lo general las zonas aledañas a las fosas comunes están rodeadas de campos minados. Por eso, quienes se encargan de exhumar los cuerpos son precedidos de un equipo de desminado. Después se hace la identificación de las fosas y se instala el campamento base para la operación. "En el proceso, dice Tello, siempre nos acompaña gente especializada en desminaje, que trabaja con detectores de explosivos, etc. Hay zonas de Bosnia con líneas amarillas que delimitan la zona desminada, pero cuando hay líneas rojas y uno va por la carretera ni siquiera puede bajarse."
Y en ocasiones, tras superar estos riesgos, las excavaciones resultan infructuosas." Lo que pasa es que mataban a la gente y la metían a una fosa. Pero cuando interviene la OTAN y se firman los acuerdos y los compromisos de entregar a los criminales de guerra estos militares fueron a las fosas, sacaron los cuerpos y se los llevaron a otro lado para desaparecerlos. Entonces se encuentran fosas saqueadas y quedan sólo restos de cuerpos. Sin embargo, un fotógrafo serbio tomó fotos desde el asesinato hasta cuando eran echados los cuerpos a las fosas. Una foto muestra el momento en el que están dejando los cuerpos en la fosa. Tenemos la foto original y la evidencia que muestra la misma ropa, la misma posición. Encontramos los cuerpos en la misma forma como la captó la foto. Allí encontramos 60 cadáveres. En un terreno se pueden encontrar cercanas tres a cuatro fosas y algunas de ésas pueden estar removidas", relata Tello.
Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra, en Sarajevo, y señales del conflicto en Bosnia.
En otras ocasiones, las excavaciones dan cuenta de una dimensión más. Tello recuerda que "en una de las excavaciones encontramos restos de paredes de una mezquita, que había sido destruida para tapar la fosa. Justo había en el pueblo una mezquita que había sido destruida. En el área que ocupaba ésta se había construido una gran plataforma de cemento y se había puesto una tremenda cruz de 10 metros de alto".
La comparación con lo que sucede en Kosovo es inevitable. "Hay lugares en Bosnia donde uno puede transitar una o dos horas por el campo y no ve a nadie. Todo ha sido destruido y nadie vive allí. Ahora se está procediendo igual. Se destruyen los archivos de nacimiento, de matrimonio. Entonces cómo comprueban que han vivido allí. No hay forma de demostrar que pertenecen a tal territorio. Lo mismo hicieron en Bosnia Herzegovina", concluye Tello.