CUANDO en 1990 se dijo en CARETAS que con Vladimiro Montesinos había nacido un nuevo Rasputín, nadie imaginó que la influencia de la versión arequipeña llegaría a tales niveles. Después de todo, el Rasputín ruso sólo fue un curandero hipnótico y seductor que, si bien pudo influir en momentos fatales en la composición del gobierno zarista, nunca se presentó en público al lado del monarca vestido en idéntica túnica.
Al abogado asesor Vladimiro Montesinos se le distingue del asesorado presidente Alberto Fujimori por el elegante pañuelo. Los patrocinados no siempre siguen todos los consejos.
El domingo pasado, en cambio, el asesor y el asesorado aparecieron en La Revista Dominical uniformados como miembros de una misma orquesta y, por momentos, como partes de un dúo cómico al estilo el Gordo y el Flaco o, digamos, el Sordo y el Sapo.
El programa había sido anunciado como una primicia porque se entrevistaría por primera vez al cada vez menos misterioso Dr. Montesinos, pero el cada vez más tedioso Ing. Fujimori se coló en el espectáculo. Sin embargo, el Doc logró conservar su mejor ángulo frente a la cámara instalada en sus predios del SIN sin asomar la pelada, aunque el Chino acaparara buena parte del proscenio.
REVISION DE CONDENA
En esta edición se comenta textual y gráficamente este curioso `show', pero para la dirección de CARETAS una frase vertida en esa media hora ha terminado de sellar un proyecto que tiene en mente desde hace algún tiempo.
Montesinos dijo: "Son 9 años que vivo aquí en estas instalaciones (del SIN), las 24 horas del día, como lo sabe el presidente Fujimori, dedicado exclusivamente a cumplir las obligaciones propias de la función".*
Resulta que en agosto de 1991 el director de CARETAS fue condenado a un año de cárcel con libertad condicional, pero todas las restricciones del caso, y al pago de una multa equivalente a 10,000 dólares por criticar el rol público asignado a Montesinos y, como dice la propia sentencia, por pretender "aconsejar al Primer Magistrado de la Nación para una adecuada selección de sus asesores".
Pero la sentencia del Cuarto Tribunal Correccional que entonces presidía Carlos Hermoza Moya prosigue negando este derecho periodístico legítimo porque "con la nutrida documentación aportada por el ofendido se acredita que éste ejerce su profesión en su Estudio de Abogados desde hace mucho tiempo y que no tiene cargo público, tal como se afirma; que en base a los hechos descritos resulta pues probado que don Enrique Zileri Gibson ha incurrido en responsabilidad penal..."
En agosto de 1992 la Sala Penal de la Corte Suprema confirmó esta condena sin quitar o añadir una coma a su razonamiento.
Ahora bien, el Código de Procedimientos Penales señala en su artículo 361°, inc. 5°, que cuando con posterioridad a la sentencia se acrediten hechos no conocidos durante el juicio capaces de establecer la inocencia del condenado, se puede pedir la revisión de la condena.
Ya entonces se sabía de la dedicación del Dr. Montesinos, pero al escucharlo a él mismo decir en vivo y en directo que ha estado desde 1990 "dedicado exclusivamente a cumplir las obligaciones de la función" se cuenta con una prueba de descargo hermética e indubitable.
Por eso, con video en mano, CARETAS pedirá la revisión de esa sentencia tan absurda -sentencia que, sin embargo, establece un arriesgado antecedente penal al periodista.
Es de esperar que el Poder Judicial esté a la altura de estas pequeñas circunstancias.
___________
* En su columna, Fernando Rospigliosi también destaca esta frase por otro motivo.