Un Siglo De Paros
Historia de luchas que cambiaron el rumbo del país en más de un caso.

1979: la violencia no impidió un paso rápido a la transición democrática.

EL del miércoles último fue calificado por algunos sectores como paro político. En realidad, todo paro general es político, puesto que sus reclamos no se dirigen contra un patrono en particular, sino que abarcan objetivos económicos y políticos más amplios.
En el Perú hasta se ha dado el caso de una especie de paro específicamente político. Fue realizado por artesanos y obreros de Lima y Callao el día de las elecciones de 1912, en que se enfrentaron Guillermo Billinghurst, improvisado candidato popular, y, a nombre de la derecha, el magnate azucarero Antero Aspíllaga. Un sector del pueblo capitalino decidió boicotear las elecciones, y el día del voto arrasó con las mesas electorales. Hay hasta una anécdota sobre el ilustre parlamentario y catedrático de San Marcos Manuel Pérez, apodado "el burro" Pérez. Presidía éste una mesa de sufragio en el Correo Central, cuando vio acercarse a una turba colérica. De inmediato emprendió veloz fuga. Un amigo le sorprendió en plena carrera y le increpó su conducta. Pérez explicó:
-¡Prefiero que digan: "de aquí corrió Pérez por cobarde", a que digan: "aquí murió Pérez por cojudo"!
Billinghurst fue elegido luego por el Congreso.
En verdad, la serie propiamente sindical de los paros había arrancado un año antes.
Paro del 9 de abril de 1911. Fue una primera manifestación colectiva de los trabajadores de Lima, guiados por el grupo anarquista de "La Protesta". Fue en solidaridad con una huelga de los textiles de Vitarte, que reclamaban suspensión del trabajo nocturno y aumento salarial en el turno de día.
La medida sólo obtuvo éxito parcial, en el aspecto económico. Pero aún así envalentonó al naciente sindicalismo.

Julio de 1977: una movilización masiva. En Comas murieron cinco personas. Derecha: el tempestuoso paro de las subsistencias, en mayo de 1919. Hubo muchos muertos en Lima y Callao, pero el pueblo se apoderó de las calles. Fue lo más parecido a una revolución.

1913: Paro por las ocho horas. Desde diciembre de 1912, un volante del Grupo "La Protesta" había llamado a reuniones que se llevarían a cabo en la "Carpa de Moda" de la Calle Lima, en el Callao. El Callao había sido escenario, en mayo de 1904, de la primera huelga por las ocho horas, reclamadas por los trabajadores del Muelle y Dársena. No lograron el triunfo y ofrendaron la primera víctima de esa reivindicación, el joven Florencio Aliaga. Esta muerte sirvió de bandera para las manifestaciones de Primero de Mayo en años sucesivos.
Eso explica por qué el paro del 6 de enero de 1913 por las ocho horas condujo al primer triunfo de la conquista, el 10 de enero. El logro fue sólo para los estibadores chalacos y uno que otro centro de trabajo del puerto. Un Decreto de Billinghurst, el 11 de enero, consagró esa victoria.

1919: Triunfo de las 8 horas. Este fue un paro que abarcó a todos los centros de trabajo de Lima y Callao. Víctor Raúl Haya de la Torre recuerda, en una crónica escrita 25 años después, que en la capital sólo circulaban los vehículos del Comité Central del Paro. Los tranvías habían sido detenidos por la multitud. Claro que la capital y el vecino puerto no eran esa selva de vehículos en que se han convertido (y que es más difícil de paralizar, por cierto). Lo cierto es que el paro duró tres días y obligó a que el presidente José Pardo firmara, el 15 de enero, el decreto que instituía la nueva jornada a escala nacional (jornada que la desregulación neoliberal y el hambre de empleo han convertido en un buen recuerdo).
El mismo año 1919, pero en mayo, se produjo el Paro de las Subsistencias. Era en pro de la rebaja de precios de éstas. Fue realmente masivo y tempestuoso, y reprimido con saña. Hubo numerosos muertos, sobre todo en el Rímac. No se consiguió ninguna reivindicación.

Paro del 19 de julio de 1977. La paralización de esa fecha fue iniciativa de la CGTP, más propiamente de las bases de la CGTP y de algunas organizaciones sindicales independientes.
A diferencia de la plataforma del paro del miércoles último, que es mucho más abierta y menos ajustada a lo salarial, la del paro de 1977 tenía como punto número uno el de "aumento general de sueldos y salarios de acuerdo con el alza del costo de vida". Otros reclamos eran la plena vigencia de la estabilidad laboral y la no intervención en las universidades.
La medida y el eco que encontró en amplios sectores que no eran sindicales ni de izquierda expresaban un malestar general en lo económico -era la época en que muchos pobres comían nicovita, alimento para aves- y un creciente hartazgo respecto de la dictadura militar. En ambos aspectos, el paro de ayer tiene cierto aire de familia con el tempestuoso paro de julio de 1977.
Hubo una enorme participación ciudadana, focalizada sobre todo en los conos de Pueblos Jóvenes. En Comas murieron cinco manifestantes. La tragedia se produjo, según una agencia de noticias, "cuando una turba atacó un ómnibus, e infantes de marina que patrullaban la zona abrieron fuego para proteger el vehículo".
En esa época, el gobierno dictatorial del general Francisco Morales Bermúdez, que había reemplazado al del general Velasco, no vacilaba en aplicar mano dura a los medios de expresión. Nuestra edición 523, del 25 de julio de 1977, que daba cuenta del paro, fue sometida a censura previa.
Dicha edición publicaba, por ello, esta advertencia: "Esta edición se publica involuntariamente bajo un diplomático procedimiento de censura previa. Nadie aquí ha alterado su estilo de ver las cosas, contar u opinar sobre ellas, y al momento de escribir estas líneas no sabemos cuál será el resultado de la revisión. De lo que los lectores pueden estar seguros es de que CARETAS no alterará el contenido de sus notas para amoldarse a los criterios de la censura. En todo caso, la revista se verá forzada, bajo protesta, a suprimir ese material".
Como consecuencia del paro fueron despedidos alrededor de tres mil trabajadores.

Otros paros de 1979: en enero de 1979, la CGTP acordó un paro general, que no fue acatado por la inmensa mayoría de trabajadores. El Apra no se había plegado a la paralización, y consideró un triunfo su fracaso.
Curiosamente, el número de CARETAS del 15 de enero de 1979 que dio cuenta del fiasco sindical, significó una nueva clausura para esta revista, que había sufrido varios cierres durante la primera y segunda fase del gobierno militar. Esta vez, el silenciamiento se debió a un informe sobre espionaje chileno, y duró 112 días.
Más tarde, el 19 de julio de 1979, hubo otro paro de la CGTP, que fue relativamente exitoso en la zona fabril de Lima, una zona que entonces existía. Su virtual extinción pesó sin duda en el paro de esta vez.