
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Libertad de Empresa, No de Información
UNA de las cosas que le fascinan al presidente Alberto Fujimori es la notoriedad internacional. La persigue con ahínco y a veces la logra, como ha ocurrido en los últimos días. El Comité para la Protección de Periodistas, con sede en Nueva York, lo acaba de incluir en una selecta relación, la de los enemigos más destacados de la prensa en el mundo, junto con el serbio Slobodan Milosevic, el cubano Fidel Castro, el chino Jiang Zemin, el congolés Laurent Kabila y su dilecto amigo, el malasio Mahatir Mohamad.
Casi al mismo tiempo, una publicación de Freedom House señala que "los mayores declives en la libertad de información en 1998 se registraron en Perú, Ghana y Jordania, donde los medios de prensa pasaron de la categoría "parcialmente libres" a "no libres". (Leonard Sussman, Noticias del Siglo: Libertad de Prensa en 1999, un estudio que abarca 186 países).
Aquí también Fujimori se encuentra en la grata compañía de Fidel Castro, pues "en América Latina y el Caribe sólo existen dos países que no gozan de libertad de información, Perú y Cuba". (Idem).
A algunos les podrán parecer exagerados estos juicios, pero en realidad no lo son. Lo ocurrido con la Revista Dominical de América Televisión es una prueba palpable. El publirreportaje que realizó Alamo Pérez Luna el domingo 25, al ex capitán Vladimiro Montesinos y al presidente Alberto Fujimori fue tan burdo y vergonzoso, que detonó la renuncia del director del programa, Nicolás Lúcar, y la mayoría de su equipo.
Ahora Lúcar ha admitido que esa "línea informativa" viene aplicándose en el Canal desde hace años. Eso no es novedad, como revelaron varios informes y grabaciones de Rosana Cueva en el defenestrado programa de César Hildebrandt a fines del año pasado y como se ha señalado muchas veces en esta columna (ver por ejemplo "Montesinos y los Medios", 26.11.98).
Lo inédito es que Lúcar diga que estaba en desacuerdo con lo que hizo ininterrumpidamente los últimos ocho años. En efecto, a mediados de 1991, los entonces administradores de América Tv. decidieron liquidar el incómodo y crítico programa de César Hildebrandt y alinearse con el gobierno de Fujimori y Montesinos. Usaron como pretexto un reportaje de Cecilia Valenzuela sobre violaciones a los derechos humanos. Y Nicolás Lúcar, entonces reportero de ese programa, se prestó al juego y reemplazó a su antiguo jefe.
Durante todo este tiempo, Lúcar no mostró ningún indicio de fastidio con el parametraje pro gobiernista. Hasta que hace poco su cuñado, José Francisco Crousillat, un interlocutor preferido de Montesinos -según revelaron las grabaciones mencionadas-, retomó el poder que había perdido temporalmente y concertó el ya famoso publirreportaje directamente con el jefe real del SIN, usando al siempre complaciente Pérez Luna.
Pero más allá de la anécdota, estos hechos muestran que son acertados los análisis de prestigiosos organismos como el Comité para la Protección de Periodistas y Freedom House, sobre el estado de la libertad de prensa en el Perú.
Actualmente el gobierno controla casi totalmente el único medio realmente de masas, la televisión. Y mantiene una presión y un acoso constante sobre los pocos medios escritos independientes y sobre sus periodistas. Si no ha ido más lejos es porque la comunidad internacional no lo permite.
Eso -hay que reconocerlo- lo tenían claro los militares que prepararon el Plan del Golpe en 1989, cuando escribieron que, en las nuevas condiciones de fin de siglo, permitirían la libertad de empresa pero no la libertad de información. A diferencia de lo que hicieron en la década del '70, cuando sencillamente expropiaron todos las estaciones de Tv. y los diarios, esta vez ni la política económica liberal ni la situación internacional se lo permitían. Entonces idearon nuevos métodos de control de los medios, que han aplicado con éxito.
Por último, cabe precisar que el argumento justificatorio esgrimido por Lúcar respecto a su ex empresa es totalmente equivocado. Ha dicho que los propietarios tienen todo el derecho a tener la "línea informativa" que quieran, pero que él ha descubierto ahora que no está de acuerdo.
Por supuesto que un medio puede adoptar la opción editorial que le parezca. Tiene todo el derecho. Pero eso es una cosa y otra muy diferente es prestarse conscientemente a una sistemática manipulación informativa, ocultando deliberadamente ciertos hechos a la opinión pública y deformando otros, a cambio de ciertas ventajas.
¿O acaso ahora se justifica la manipulación informativa de los medios estatizados y parametrados durante la dictadura militar de los '70? ¿O es que el único problema era que les habían expropiado los medios, pero ahora están dispuestos a hacer lo mismo siempre que las utilidades sean privadas?
_________
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe