En La Tierra de Koryo
Luego de su espectacular crecimiento, Corea vive hoy cambios radicales en su economía.
La ciudad de Seúl, además de moderna y ostentosa, llama la atención por su orden. Alberga a poco más de diez millones de habitantes.
Corea será una de las sedes de la Copa Mundial 2002. Derecha, presidente Kim Dae-jung y Kim Woo-Choong, mago de las finanzas.
No sólo estuvimos en Seúl, también visitamos las ciudades de Pusán -tanto o más bella que la capital- y Kyongju, que guarda sus más grandes monumentos del pasado.
Viajando en bus, en barco, avión y hasta en helicóptero; alojándonos en tres hoteles; degustando sus comidas típicas, cuyo plato estrella es la carne de perro; contemplando arrobados sus danzas tradicionales que contrastaban con "números gringos" dentro de un espectáculo titulado Las Vegas, recorrimos sus espectaculares fábricas automotrices -donde el 70% del trabajo es robotizado- y, de paso, observamos el astillero de la Daewoo, el más grande del mundo que, por esos días, se encontraba de huelga debido a que sus trabajadores están recelosos de su futuro, luego de ser transferido a capitales extranjeros, posiblemente japoneses. Todo esto pali pali, como dicen los coreanos, es decir rápido rápido, destrozando horarios convencionales, que es sin duda la fórmula que los llevó a construir un país sorprendente. Acaso cansados por el esfuerzo, pero sin pedir chepa en ningún momento fuimos, así, descubriendo un país que conocíamos sólo de oídas y que, a cada paso, nos apachurraba con su avance tecnológico, el orden y la disciplina de sus gentes.
En los años sesenta Corea era un país pobre. El Producto Nacional Bruto (PNB) de Corea andaba por los 50 dólares y hoy, al cabo de 35 años, supera los 5.000. "Claro que en la actualidad todavía hay gente pobre, pero durante los años que siguieron a la guerra de Corea la pobreza estaba generalizada" -apunta en su libro El Mundo es tuyo pero tienes que ganártelo Kim Woo-Chang, el prohombre de la Daewoo, que fundó una empresa con sólo 10 mil dólares y hoy realiza operaciones de venta que suman billones.
Nuestro redactor en Kyongju. Derecha, la exportación de autos, una escena cotidiana.
Como consecuencia de la crisis asiática y las nuevas exigencias del mercado mundial, sus grandes corporaciones se están reestructurando. Por ejemplo la Hyundai, que abarcaba alrededor de 70 empresas, ahora, por presión del gobierno, deberá reducirse a 32, dejando de lado el ramo automotriz para dedicarse a otros renglones como la construcción, la electrónica e industria pesada. La Daewoo, otro de los gigantes, también se desprenderá de muchos de sus otros negocios -la cadena de hoteles Hilton, su astillero y empresas electrodomésticas- para abocarse, principalmente, en la industria automotriz.
Mucho más habría que decir sobre este pueblo laborioso en el que los chicos estudian doce horas diarias; el tiempo es oro y que uno de los gurúes de sus finanzas compara con una saeta para subrayar el hecho que nunca regresa, y los jóvenes ya son mayores a los treinta años de edad. Todo esto y mucho más en el marco de una sociedad que se ha adecuado a los nuevos tiempos sin perder su identidad y el ritmo de su enfebrecido trabajo -excesivo, por decir lo menos- ahora felizmente, bajo un clima democrático.