Erase Una Vez Mamá
Personajes de la política y la cultura evocan infancias y arrullos maternales.
Hay muchas maneras de recordar a mamá. A través de las fotografías se pueden eternizar los momentos en los que ellas lo eran todo. Las fotos tienen esa extraña capacidad de revelarnos quiénes somos, más aún cuando la infancia es un universo del que nos vamos alejando inexorablemente.

Con la
sonrisa de
estos
días
Alberto
Andrade y
su mamá
Delicia.
CUANDO se tiene que hablar de la madre a través de una fotografía, es inevitable que los recuerdos desborden el reducido formato de una imagen congelada, si se tiene en cuenta que en esos primeros años, ellas se imponían como realidades totalizantes. Es difícil hablar de nuestras madres, porque ello nos lleva a tener que hablar de nosotros mismos, y es que quizás, la entrañable relación madre-hijo se deba a una callada nostalgia, a una secreta necesidad de calma.
Doña Jesús Francisca de Borja Iturre y el pequeño Arturo Jiménez Borja
Para Carlos Ferrero Costa ella significó ese preciso equilibrio frente a la dosis disciplinaria del padre. "Recuerdo que mi papá nos había prohibido tomar raspadillas en la calle, pero como no le hacíamos caso, mamá compró una maquinita para hacerla en casa. Rápidamente descubrimos que nunca se podía hacer el jarabe tan sabroso, así que seguimos escapándonos para comer la de la calle". Ferrero pasó su infancia en el valle de Pisco, entre playa y carnavales y no olvidará la paciencia y cariño de Adelina Costa, quien tenía que lidiar con la total desobediencia de alguno de sus hijos, "por decir lo menos".
Alberto Isola y María del Rosario: "Le gusta ser mi mamá y que la gente le diga que no lo parece".
Alberto Isola habla mientras sostiene cuidadosamente una fotografía. "Se llamaba María del Rosario, en esta foto debe tener entre 24 y 25 años. Me gusta su mirada diáfana, esa calmada transparencia que transmite mientras carga a su primer hijo". Han pasado cerca de 46 años desde entonces y hasta el día de hoy su relación ha sido muy honda, de mutuo apoyo. "Pienso en las diversas edades que dejamos atrás -cuando somos niños, cuando tuve la edad que ella presenta aquí y ahora, que soy `mayor' que ella- y me provoca diversas sensaciones saber que he pasado y pasaré por etapas que ella dejó atrás; allí es cuando realmente entiendes a tus padres y llegas a saber por qué actuaron de tal o cual modo".
Carlos Ferrero Costa (el más pequeño) y hermano Alfredo con su madre, Adelina.
Los recuerdos de Anel Townsend están indudablemente ligados a la política. "Mi madre, quien también se llama Anel, era militante del partido aprista y mi padre era dirigente. Siempre la acompañaba a las reuniones del partido. Compartía mucho la vida de ambos ya que estaban vinculados fuertemente por la política". Pero está claro que todo en la vida de una niña no puede girar en torno a debates y Haya de la Torre. "Dos cosas fundamentales de mi infancia: la playa y la travesía al supermercado". Las tablas de multiplicar no fueron cosa fácil para la actual congresista. "Nos ayudaba a estudiar, incluso llegaba a grabarnos. Creo que todavía conservo un cassete de cuando aprendíamos a leer."
Anel de Townsend mucho antes de que a su hija Anel la sedujera la política.
Martha Hildebrandt leyó desde los 4 años. "Tuve la suerte de pertenecer a una familia muy especial. Mi padre era ingeniero, vivíamos en haciendas y no había buenas escuelas. Yo hasta tercero de media no asistí a ningún colegio. Mis padres me enseñaron todo. Con métodos inteligentísimos y simples, sin tareas, a pura lectura, a pura pregunta. Soy un vivo ejemplo de la desescolarización". Aurea Luz Pérez Treviño murió en el año 85' cuando tenía más de 80 años. "Fue una persona muy especial, muy intelectual, estudió letras y derecho, una de las 3 primeras mujeres universitarias en San Marcos. Luego se dedicó a la docencia, tuvo una abnegación admirable, que yo no tengo. Le faltó un poco de egoísmo, terminó dos carreras y no se graduó en ninguna. Bueno, quizás porque tuvo cinco hijos, qué más". (V.K.).

Jorge Santisteban
y su madre, Carmen
Rosa Noriega, cuando
acababa de incorporarse
al Colegio de Abogados de Lima.
Derecha: Martha
Hildebrandt a su regreso
de París.