Opera Mufa II
Ex titular de Trabajo se despachó a sus anchas ante comisión investigadora, y casi los convence.

Jorge Mufarech abandona el Congreso, tras maratónica sesión de la comisión investigadora.

TENIA todo el tiempo del mundo. El lunes 3, el ex ministro de Trabajo Jorge Mufarech se despachó de lo lindo ante la subcomisión del Congreso que investiga sus denuncias y aguantó a pie firme las embestidas parlamentarias, durante más de seis horas.
Soportó incluso un corte de energía eléctrica cerca de las 10 y 45 de la noche, y cuando el presidente de la subcomisión, Gilberto Siura -tras conseguir un cable extensión quince minutos más tarde-, le preguntó si tenía algún límite de tiempo, respondió: "Tengo tiempo ilimitado, estoy a su entera disposición".
Todo, para ratificarse íntegramente en las denuncias sobre la existencia de una red de contrabando en Aduanas, con la sola excepción del nepotismo que endilgó a Nora Flores Arce y que resultó un exceso verbal del verborreico Mufa.
En medio del maremagnum de palabras que soltó ese día, el ex ministro dejó un cabo suelto. Reveló que fue la propia Nora Flores Arce quien desde la Intendencia Nacional de Fiscalización (INFA) revisó y valorizó el famoso Jaguar en US$ 26,775. "imagínense señores congresistas si Nora Flores va a concederme algo a mí", señaló.
El asunto se torna interesante porque revelaría que en el fondo de la tormenta desatada entre el presidente de la Comisión contra el Contrabando y la Superintendencia Nacional de Aduanas (SUNAD) habría un antiguo recelo en el asunto de la importación del auto con marca de felino.
Y además, porque se tenía entendido que la valorización del Jaguar en poco más de US$ 26 mil (contra US$ 18 mil que asegura Mufarech) la hizo una supervisora internacional de Aduanas, la SGS.
En el camino aparecieron luego documentos probatorios de Chile que demuestran que el precio que se pagó por el Jaguar fue de US$ 40 mil. (CARETAS 1565).

El caso aduanas llegó al Congreso. Fiscal Hilda Valladares recibiría esta semana nuevas pruebas.

YO ACUSO

Por momentos Mufarech se presentó, cual Quijote, luchando sólo contra inmensos molinos de viento, llamados supervisoras. "Yo asumo personalmente la denuncia contra las supervisoras, y las que éstas estén dispuestas a hacer contra mí, porque tengo las pruebas de su irregular actuación en el Perú".
Fueron palabras. Como cuando las emprendió contra CARETAS ante una batería de preguntas de la congresista Edith Mellado (C.90-NM) que, revista en mano, usó los argumentos aquí esgrimidos en el caso del auto y el yate.
"En esa revista han dicho que mi hijo se ha fugado, cuando en realidad mi hijo está colaborando con la justicia peruana", dijo el ex ministro. Y alzando la voz agregó: "Porque ha de saber doctora Mellado que yo tengo 40 años de empresario y yo no dejo de pagar todas mis deudas de mis acreedores y de mis trabajadores".
Lo que no explicó el ex ministro -no podía hacerlo en realidad- es cómo así su hijo Yamil Mufarech, en su declaración de Aduanas, niega tener vinculación con su proveedor extranjero y si esta relación ha influido en el precio de la mercadería importada.
Finalmente, cuando Mellado insiste en la documentación chilena y los 40 mil dólares, Mufarech replica: "Sí, doctora, yo también he leído esa revista y la tengo muy bien guardada, pero, ¿quiere que le diga una cosa?, a lo más este es un problema que podría ser una irregularidad administrativa en Chile y no en el Perú".
Reiteró que la factura (de los 18 mil dólares) fue verificada en Chile, país en el que creó una empresa distribuidora de telas para que sea administrada por sus hijos aprovechando que éstos estudiaban allá.
Cuando dejaron de operar y regresaron al Perú se traen también el auto que, según dijo, tenía un precio entre 10 mil y 18 mil dólares, y que al final fue valorizado en 26 mil dólares.

CUENTAS ATRASADAS

Lo que no sabe el ex ministro es que probablemente la SUNAD le endilgue en los próximos días una demanda para cobrarle el impuesto por el adicional de los 40 mil dólares del Jaguar.
"Desconozco ese documento, ese documento es falsificado", respondió el ex ministro cuando se le mostró nuevamente los documentos en cuestión: la Declaración de Exportación ante la Cámara de Comercio de Chile, la Factura de Exportación, las Declaraciones de Exportación y la Orden de Embarque.
"Todos los trámites fueron legales y regulares, si yo hubiera traído el auto por 40 mil dólares me hubieran denunciado por sobrevaluación", se defendió.
Y agregó que, como en toda importación, sus hijos enviaron cuatro documentos vacíos "porque así se estila en este tipo de transacciones".
"Si el Banco Central de Chile registró 40 mil dólares es problema del gobierno chileno. Estoy viendo los términos de la denuncia para empezar una demanda en Chile".
Al final de la batahola se produjo el milagro. Más de seis horas frente al micrófono parecieron satisfacer a los congresistas del oficialismo. La propia Edith Mellado -tan difícil de convencer al comienzo- dio su anuencia.
La confianza de los miembros de la subcomisión llegó a tal punto que Gilberto Siura le dijo si en una sesión reservada estaría dispuesto a abordar específicamente el tema de las supervisoras.
"Con el mayor gusto, cuando ustedes digan. Allí van a saber de todos los lazos que estas empresas mueven", respondió Mufa.
El jarabe de lengua había hecho efecto.