¡Ya pues, Genaro, ya pues César! Chóquense las manos y déjense de vainas.
¡Cosas que suceden!: ahora el general Nicolás Hermoza Ríos le resulta simpático a mucha gente que antes no podía oír hablar de él. Sucede lo mismo que en todos los velorios: todos hablan bien del muerto.
¿Y el general Bergamino, qué dirá del muerto?
El Presidente afirmó que el SIN no persigue a los periodistas. Al contrario, los escucha.
Cuando falleció Augusto Ferrando no dije ni una palabra, porque en verdad la mayoría de sus espectáculos me parecieron deplorables. Hoy día en verdad casi casi empiezo a admirarlo, sobre todo comparándolo a esa inmundicia que se llaman "Los cómicos ambulantes" y "Los ambulantes de la risa", que degradan a la sociedad peruana y a quienes participan en esos, por así llamarlos, programas, en lo que todo sobra menos la gracia y el humor. Sobran las mariconadas, los travestis más inverosímiles (a nivel infrahumano), las cachetadas, las patadas, las lisuras y, sobre todo, el más espantoso mal gusto. Espectáculo lumpen si los hay, digno de Lurigancho y no de la televisión. Cómplices de tan aberrante programación no sólo son quienes participan en ellos, sino los señorones propietarios de los canales que los transmiten. Debo señalarlo para que éstos no pretendan salir bien librados echándole a sus empleados la culpa de la degradación a la que someten al público peruano. Ellos y no otros son los responsables. ¡A ver si llevan uno de esos programas y sus participantes a la fiesta de cumpleaños de sus hijos! ¡A ver!
¡Te extrañamos, Ferrando, tú eras fino comparado a esta morralla!
Dicen que la presidenta ejecutiva del Ministerio Público, doña Blanca Nélida Colán, usa minifalda. Razón demás para prohibirla.
El ministro de Agricultura transfirió el uso de una poderosa camioneta 4 x 4 a la Asociación de Criadores de Caballos de Paso, entidad formada por empresarios por demás solventes, y a la que él mismo pertenece. Eso no se llama darle de comer al hambriento sino al pudiente. ¿O será que hay algunos pudientes muy hambrientos, por así decirlo?
¡Qué ministro tan generoso! ¿Será así con la suya?
Me parece absolutamente repugnante, además de contraria a la ciudad, la campaña que se ha desatado, en nombre de los intereses de los propietarios de empresas de publicidad exterior, pertenecientes a la Sociedad Nacional de Industrias, en contra de la ordenanza municipal metropolitana 210, que regula la publicidad exterior que maltrata aún a Lima. Quienes la propician utilizando los más bajos recursos a su alcance pretenden perjudicar con ello a Alberto Andrade, y la única perjudicada termina siendo la ciudad, y en especial sus principales avenidas, atosigadas como están de carteles y paneles cada vez mayores. Es un ejemplo de lo maligna que puede ser la política. Lamentable que un diario nacional sea el que encabece tal despropósito.
Sabiendo que recibirán acogida, los mercantilistas sin vergüenza piensan acudir al Poder Judicial, que viene sirviendo desde hace tiempo como órgano genuflexo e irreflexivo del poder.
Frente a mi oficina una empresa constructora ha empezado a levantar un edificio y allí, casi delante mío, constato el verdadero drama del Perú: decenas de trabajadores de la construcción esperan en la vereda de enfrente la posibilidad de ser llamados a trabajar. Están allí ansiosos y necesitados de ser contratados, dispuestos y voluntariosos, sus útiles en la mano por si acaso, pero el rostro cada vez menos animoso a medida que pasa el tiempo y la obra continúa sin que sean llamados. Obreros expertos, gente de trabajo que quiere trabajar, y no lo consigue. Atroz problema nacional, allí ante mis ojos.
No voy a mencionar ningún caso en particular, porque son varias las embajadas y consulados extranjeros que tratan como apestados a los turistas peruanos cuando concurren en procura de la necesaria visa para visitar y dejar sus dólares en sus países. Ya sé que también hay quienes solicitan visa con la intención de quedarse a vivir en el país elegido, pero ellos son también personas, seres humanos, y además son peruanos que merecen el debido respeto que algunas embajadas o consulados les regatean. Es absolutamente humillante verlos haciendo cola en la calle, en verano e invierno, bajo el inclemente sol o la mortificante garúa. Es un problema sumamente engorroso para las embajadas y consulados, ya lo sé, pero creo que hace falta que el Ministerio de Relaciones Exteriores vea la fórmula de hacer respetar a los ciudadanos peruanos, exigiendo a las representaciones extranjeras un trato adecuado a quienes solicitan de puro entusiastas viajar e ir a dejar su plata en sus países.