Javier Iguíñiz considera que el gobierno confirma que no le alcanzan los dólares para pago de la deuda.
``Este tercer acuerdo consecutivo con el FMI explicita el fracaso del modelo económico del gobierno, porque reconoce que el Perú no cuenta con los dólares suficientes para asumir anualmente el pago de la deuda externa" señala Javier Iguíñiz de la Universidad Católica.
De esta debilidad de la economía peruana es consciente Michel Camdessus, director gerente del FMI, quien luego de las rondas de negociaciones de la deuda externa señaló: "Los pagos de deuda externa del Perú se han estabilizado en un promedio anual muy alto".
Con esta séptima Carta de Intención, el FMI ha matado dos pájaros de un tiro: exige una inflación de 6 % y un superávit primario de 0.9 % del PBI (US$ 600 millones), de manera que asegura los pagos de deuda al promover un tipo de cambio constante. Con un precio del dólar sujetado por el BCR es más fácil cubrir los pagos de deuda en un escenario en que la recaudación fiscal en el primer trimestre ha caído en 10.1 %. (México, Brasil y Ecuador a raíz de su devaluación tuvieron que reprogramar los pagos de la deuda externa).
Un tipo de cambio cuasi fijo (a estas alturas ya nadie se preocupa en leer el periódico para ver si ha subido), si bien crea condiciones favorables para un escenario re-reeleccionista, ya que mantiene contentos a electores en su mayoría endeudados en dólares; no ayuda en cambio a potenciar la exportación con mayor valor agregado.
En la década del noventa el modelo no ha contribuido a incrementar el potencial exportador, según precisó hace poco el ex ministro de Energía Pedro Pablo Kuczynsky. Peor aún, el ex ministro de Economía Javier Silva Ruete siempre que puede apunta que "el valor de las exportaciones medido en dólares constantes es ahora menor que en 1979".
Para Iguíñiz, el potencial exportador no sólo se pierde con el shock de desconfianza que ha generado la Carta de Intención. Para otros, como Bruno Seminario de la Universidad del Pacífico, la Carta de Intención no es sino la derrota de los intentos del ministro de Economía Víctor Joy Way y su "superequipo", que en los primeros meses de este año se abocaban a dejar flotar el tipo de cambio (algo así como limpiar o desechar la receta de la flotación sucia usada desde 1990) y en bajar la tasa de interés en soles hasta que el presidente Fujimori recurrió al BCR para volver a congelar el tipo de cambio.
Pero la pregunta clave que ni el presidente Fujimori ha sabido responder es "¿por qué otros países pueden estar sin el control del FMI y el Perú no?"
Existe una curiosa coincidencia entre el oficialismo y la oposición. Los primeros señalan que la suscripción de la Carta ayuda a promover el regreso de los capitales de corto plazo, y los segundos, a que se impida la farra fiscal (olvidan lo que pasó en 1994).
El propio vicepresidente del Congreso Carlos Blanco señala -con la sinceridad que lo caracteriza- "que el acuerdo garantiza que la economía será manejada de manera responsable".
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