
La China Dominical
NADA, tenía que pasar: me llamaron para que me hiciera cargo de un programa periodístico en la televisión, hija, en un canal que no te puedo decir cuál es porque yo sí practico la decencia, en reemplazo de un joven puyudo que se casó con la hija del dueño y después lo mandaron a dormir al cuarto de la Benita, ¿me sigues?
Bueno, yo que aún no aprendo a decir no, porque o sea, en la meditación Zen me han enseñado que nada de lo humano me es ajeno -menos todavía si te marketeas regio- pucha, hecha una idiota acepté hablar con esa gente y te lo juro que me ofrecieron el oro, el moro y el culo del loro, en unas condiciones de libertad de prensa que hija, o sea, al día siguiente iba a venir el chairman de la SIP a pegarme una estrellita en la frente, cómo te explico.
Yo en la conversa con José Francisco sólo puse dos condiciones: la primera, o sea, que no me obliguen a hablar entre reportaje y reportaje parada en un set que más parece discoteca de pueblo joven, con una pantalla de karaoke al fondo y menos, o sea, con las manitos agarradas sobre la barriga, como si fuera una abadesa a punto de dar la noticia del mensaje de Fátima. Y dos, que me despidan sin CTS a todos esos reporteros que hablan alargando las frases y enfatizando las vocales, y que a esos otros que construyen oraciones como "espectemos imágenes de un bombardeo dantesco y draconiano en Belgrado", los manden a desasnarse a algún colegio para excepcionales, qué quieres que te diga.
Me las aceptaron y me dieron una cita para grabar la prueba. Pucha, yo en una angustia de locomotora con anfeta, pedí la pauta del programa para ir ensayando en mi casa y ahí me enteré de que abría con un especial sobre niños sordomudos, full Vangelis de fondo. "Un plomo", opiné para mí misma, "pero de vez en cuando hay que hacerse el bueno". Corte comercial. Segundo reportaje: la señora esa árabe que le dio chamico con pájaro bobo al cuñado para quedarse con la plata, le vende su casa de Santa María a un congresista más cholo y feo todavía que Abanto Pongo (siempre es posible ser peor en la vida, grábate eso), a través de la inmobiliaria fantasma de un viceministro de Gonzales Reátegui que se tiró al santo y la limosna cuando era prefecto de Iquitos, y hay un video del gordo guarapero bailando lambada con su mujer en sus bodas de plata a orillas del Nanay, pucha, que parece un cuadro de Polanco. "Déja vu", pensé, "coimas de lorchos hay en todos los canales". El tercer especial: un joven mariconete que bailaba disfrazado de Liza Minelli en las discotecas "de ambiente" (¿y eso?), escribe un libro en el que cuenta cómo se cepillaba al gato de la cucaracha de servicentro esa que chismea a diario en el canal de la competencia. "Dios de la clemencia", me dije a mí misma, "¿diez años en la Católica, cuatro en La Sorbonne, cinco en la Tavistock y quince de psicoanálisis didáctico para terminar mostrando los calzones cagados de esta gente tan fea? Todavía estás a tiempo, Lorena".
Bueno, así y todo fui a la grabación. No sabes: yo que me imaginé un súper set con un súper equipo de producción y me encuentro con una maquilladora medio dormida que me sienta ante un espejo de peluquería unisex de La Huayrona, para intentar retocarme la cara con lo que salía de una extrachata de plástico Angel Face, ¿tú te puedes imaginar? "No hijita, le dije, ponte nomás tú esos polvos porque si a mí me tocas con esa mota, mañana se cumple la profecía de Santa Rosa y los barcos encallarán en la Plaza de Armas".
Bueno hija, para hacértela breve, ya estaba a punto de empezar la grabación, cuando escucho que un técnico grita: "¡Preparen las corbatas de conejitos que ya están por llegar!!!". Ay hija, ahí recordé que hasta Larry King hace pila, así que pedí permiso un segundo para ir a la casita, agarré puerta de salida, llamé desde el celu a la Kelly's Jesseniah's para que me llene la tina con alcohol alcanforado, llegué a la casa y me metí al baño ese, pucha, a meditar en las colinas brumosas de Bután, mirándome de vez en cuando en el espejo a ver si no me habían crecido trinches en la cabeza. Felizmente no, lo que es la vida, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).