Una hinchazón insólita de créditos japoneses parece acudir en auxilio de Fujimori, en momentos en que el intento reeleccionista de éste se enfrenta a una opinión pública adversa, motivo por el cual acude a las pedradas -físicas y contundentes- contra su rival más peligroso.
En la entrevista con el premier de Japón, Keizo Obuchi, se concretaron créditos blandos, con 1.7% de interés, pago en 25 años y plazo de gracia de siete, que serán concedidos mediante un órgano estatal nipón.
PARA celebrar el centenario de inmigración japonesa, el presidente Fujimori emigró al Japón.
Más lógico hubiera sido que representantes del Imperio del Sol Naciente viajaran a nuestro esmirriado imperio del nuevo sol. Pero, en fin, la paradoja parece arrojar buenos resultados crediticios.
Conviene precisar que la mayoría de los medios de comunicación se han encargado de confundir sobre montos y fines de los créditos y, sobre todo, no han considerado necesario precisar que lo cosechado son sólo convenios de crédito, que todavía están por formalizar.
Pero lo prometido es deuda, y confirma que si bien el capital privado japonés no se anima a invertir en el Perú, el Estado nipón sí pone de la suya.
El paquete anunciado por Fujimori desde Tokio -"el chorro de dólares", como él lo denominó- suma en verdad 658 millones de dólares. Solamente si se le añaden 300 millones relacionados con el Acuerdo de Facilidad Ampliada con el FMI, que es otro cantar, se puede llegar a casi mil millones de dólares.
Fujimori recordó en Tokio que hasta el momento de su partida del Perú la cooperación económica japonesa ascendía a 2,350 millones de dólares. Si se agregan los 658 millones pactados en esta gira, arribaríamos a la suma de 3,008 millones.
Esto permitió al Presidente declarar en la capital japonesa: "Alguna vez había prometido traer de Japón la suma de tres mil millones de dólares en créditos blandos. Creo que con esta visita se concreta esa meta".
Princesa Sayako: grata visitante consagrada a la ciencia. Estará en Lima, Cusco y Puno.
Olvidadizo el mandatario. Lo que él prometió durante la campaña electoral de 1990 fue traer de inmediato tres mil millones de inversiones japonesas, que hasta ahora estamos esperando. Sentados, para no cansarnos.
Una arista punzante de este viaje y de sus anuncios es su tufillo electoral. Es un deber agradecer la fina cortesía del gobierno japonés de otorgarnos créditos, aunque en varios casos estén amarrados a la adquisición de bienes de su país; pero resulta difícil no ver detrás de todo la mano invisible del auspicio político.
Crece la suspicacia si se ve que en los nueve años del régimen fujimorista, la cooperación económica de Tokio ha tenido un promedio de 261 millones de dólares al año y que ahora, de súbito, en un instante preelectoral poco propicio para Fujimori, esa cooperación se hincha hasta los 658 millones (958 millones si se agrega el Acuerdo de Facilidad Ampliada con el FMI).
No sólo eso. La mayor parte de los créditos ofrecidos son del organismo estatal japonés Overseas Economica Corporation Fund (OECF), y se destinan fundamentalmente a sectores neurálgicos para la pretensión reeleccionista de Fujimori: zonas marginales de Lima y áreas de gran descontento.
En total, la OECF va a otorgar 416 millones de dólares. Ellos se descomponen así:
Ventura Napa reemplaza a Afuso (Der.) en Foncodes.
Otra franja de créditos es la que va a conceder el Eximbank de Japón, que pertenece al Estado, pero actúa como banco independiente. Sus acuerdos se protocolizan no por medio de las embajadas, sino entre el banco y el gobierno local. Dos campos abarca este crédito: 200 millones de dólares para pequeñas y microempresas, y 42 millones para bienes y servicios de proyectos de desarrollo gubernamentales.
La impresión es que alguien hizo sonar en Tokio las palabras moichido, que quiere decir "otra vez", y saisén, que significa "reelección", o, más aún, saisaisén, vale decir: "re-reelección".
EL CASO FONCODES
El desbalance social de los créditos se acentúa cuando observamos lo que ocurre en Foncodes desde la salida del Dr. Alejandro Afuso, un nikei peruanísimo de los que enaltecen a la colonia que hace cien años se instaló en el Perú y que tantos dignos vástagos ha dado en los diversos campos de la ciencia, la técnica y el arte, y el trabajo en general.
Afuso, profesor en universidades de Inglaterra y Estados Unidos, ingeniero electricista por la Universidad Nacional de Ingeniería, con maestría y posgrado en Investigación de Operaciones en universidades de Estados Unidos, vino al Perú llamado por Santiago Fujimori para colaborar en el programa de lucha contra la pobreza. En ese momento llevaba veinte años trabajando exitosamente en México. Ahora es solicitado por varios gobiernos.
Fue ejemplo no sólo de calidad profesional, sino también de austeridad en lo económico y coraje en lo práctico. Fue un místico de la lucha contra la pobreza, quizá porque la había conocido desde niño. Sin embargo, en julio de 1998 fue sacado de la dirección ejecutiva de Foncodes porque, según diversos testimonios, no quería "colaborar". Es decir, se negaba a politizar la lucha contra la pobreza, a invertir allí donde, según Absalón Vásquez, convenía a los intereses electorales del régimen.
La frase lapidaria fue: "¿Cómo es posible que se pierda tiempo y plata en gente que ni siquiera tiene libreta electoral?".
No hay que olvidar que la salida de Afuso provocó una reacción de disgusto en el Banco Mundial, que apoyaba proyectos de Foncodes.
Todo indica que ahora hay nuevos vientos en Foncodes. Por lo pronto, los gerentes se han duplicado el sueldo, y la caja chica ha subido de siete mil a setenta mil soles mensuales. La dirección del gasto huele a elecciones.
Hay que esperar que no haya manga ancha (de kimono) con los créditos provenientes de Japón. En todo caso, corresponde a los ciudadanos peruanos agradecer la ayuda de Japón y vigilar para que ésta no sea malgastada por burócratas o invertida con mezquinas miras electorales.