Fiorella Tozzini Bertello y su hija recién nacida que lleva el nombre de su madre, Ana.
La ex ama de llaves de los Tozzini Bertello, Alicia Alvarado, acusa a Fiorella del asesinato de sus padres.
-¿Cómo era su relación con Fiorella Tozzini Bertello?
-Fiorella era una buena chica hasta que se fue a vivir con José Luis Llanos. Allí empezó a usar drogas y sólo regresaba a robarse los adornos y la platería de su mamá. Como yo le reprochaba su actitud, ella se resintió conmigo.
-¿Cómo se llevaba Fiorella con su padre?
-El señor Nello regresó a casa de la señora Anita a pedir auxilio. Como Fiorella lo había denunciado penalmente, él se arrodilló ante ella implorándole perdón; "ya no me hagas más daño", le decía. Y esa mujer, nada. Pagó policías para que lo siguieran, lo atraparan y lo metieran preso.
-¿Y qué decía la señora Ana Rosa?
-"Tengo una hija maldita".
-Usted también ha acusado a Bernabé Palomino, el chofer.
-En más de una oportunidad lo vi cuchicheando con Fiorella, ella en paños menores. Cuando le llamé la atención, ella me dijo: "ese cholo es buena gente, me hace favores, dice que hay un hombre que está dispuesto a matar a mi padre por dos mil dólares".
-¿Y qué dijo él?
-"Fiorellita ya no es la de antes, ha tratado de asfixiar a su madre prendiendo fuego en el baño".
-¿Eso le dijo?
-Y no sólo eso. También que una vez, a eso de las dos de la mañana, Fiorella había metido dos cóndores en la habitación de su madre, para que éstos animales le arrancaran los ojos.
-¡!
-Y la señora Anita me contó que mientras dormía, su hija la había tratado de ahogar poniéndole un almohadón de plumas contra el rostro.
-¿Qué es lo que ha visto?
-Una noche de 1996, cuando Fiorella ya se había ido con ese hombre, entró en silencio a la cocina, abrió un cajón y sacó un cuchillo, de esos grandes que se usan para cortar asado...
Ana Rosa Bertello y Fiorella, juntas en la residencia de Camacho.
-¿...?
-Cuando estaba subiendo las escaleras con dirección al cuarto de su mamá, logré quitárselo. Mire, todavía tengo la herida que me hice en el forcejeo (muestra una cicatriz en el dedo).
-...
-Además, Fiorella tenía la costumbre de echarle droga a las bebidas que tomaba su mamá. Por eso cuando la señora iba al baño, siempre iba con su vaso y su billetera. O si no me decía que me quedara al cuidado de su habitación mientras se bañaba.
-Quiere decir que la señora Ana Rosa Bertello confiaba en usted.
-Por mis manos pasaba la propina de los hijos, los US$1,500 semanales para Fiorella, la plata para pagar a los empleados, al contador, al notario y al abogado, el hoy congresista Antero Flores Araoz.
-¿Por qué guarda usted fotografías de Fiorella Tozzini? (en medio de la conversación la señora Alvarado mandó traer un sobre con unas cincuenta fotografías que mostraban a Fiorella adolescente, en ropa sport y trajes de baño, posando en su dormitorio, embarazada de su primer hijo, etcétera)
-Al irse de la casa las botó a la basura y yo las recogí por el cariño que le tenía.
-¿Cómo fueron los días posteriores al crimen?
-Cuando me enteré me comuniqué con los hijos para decirles que estaba con ellos, que tuvieran fuerza y que nunca los iba abandonar. Pero cuando Franquito me llevaba a la clínica San Pablo, donde Nello agonizaba, me dijo: "dice Fiorella que no hables, que digas que fue un ajuste de cuentas y punto".
-¡...!
-Y Fiorella me dijo: "el viejo ha muerto, la vieja tenía que morir y ese tal por cual de Nello tenía que morir también porque si no las cosas no iban a cambiar".
-¿Y usted no ha tenido remordimientos por contar estas cosas a la Policía?
-Yo en ningún momento pensé denunciarlos. Sólo que cuando vi que en el programa Unidos Contra el Crimen se estaba acusando a Luiggi, casi me caigo al suelo. Luiggi había sido la adoración de su madre. Así que llamé a Juan José Vizcarra y le dije: Luiggi no ha sido, fue Fiorella.
La exuberante personalidad de Nello Tozzini y su esposa, la discreta y elegante Ana Rosa Bertello.
-...
-Fui al canal y le dije que no quería dar la cara porque ella me podía eliminar. Así que quedamos en que sólo saldría mi voz. Después, cuando me vi en televisión, lo llamé para increpárselo y él me respondió: "disculpe, los técnicos se equivocaron". Así es como fui a parar a la Fiscalía.
Y así es como empezó este embrollo. Los fiscales admitieron como incriminatorio el testimonio -corroborado por el Instituto Médico Legal- de una persona que tiene la manía de decir mentiras y relatar, como se demuestra acá, cosas fabulosas.
Para el presidente del Instituto Peruano de Criminalística y Pericias, César Benavides, los investigadores locales han tomado a pie juntillas lo que sus colegas franceses aplican en todo caso de homicidio: cherchez la femme (buscar a la mujer). Pero opina que se han equivocado de plano en la persona, porque al autor de un parricidio generalmente lo delata su sentimiento de culpa. Y, dos años después de los hechos, no se ha dado el caso.
Para el experimentado médico legista Víctor Maúrtua, las pericias deberían empezar de fojas cero. Primero estudiando el acta de levantamiento de cadáveres y los protocolos de autopsia, para reconstruir el momento de la masacre. Segundo, investigando los antecedentes familiares de las víctimas. En el caso de Ana Rosa, se sabe que su padre fue un emprendedor aventurero venido de Italia que, de fabricante de caldera, se convirtió en un prominente banquero. Y que su hermano Luis Felipe terminó en la quiebra y en la cárcel y luego murió de cáncer. De hecho, el destino trágico es un factor común en esta familia.
Por el lado de Nello Tozzini también hay mucho por investigar. Un individuo del cual nadie ha dicho una palabra a favor, y además, que se sabe tenía una vida desordenada en la que el consumo de drogas no era un acto ajeno.
Esa sería una línea de investigación más sólida que versiones de génesis televisivas con graves consecuencias judiciales.
Del Mito al Delito
Parricidio: dramas policiales y profecías mitológicas.
EL caso de la familia Tozzini Bertello -parricidio doble- tiene resonancias que se pierden en lo mitológico. En su drama y desgarro, el atentar contra la vida de los padres lleva el sello atemporal de la tragedia griega. En ésta, a pesar que la desgracia se profetizaba siglos antes, los humanos en su vano intento de enfrentarse al destino terminaban siendo los únicos responsables de su desgracia. El caso de Edipo es emblemático. Los dioses mitológicos intentaban burlar el sino fatal devorando a sus hijos antes que éstos tuvieran edad para empuñar un arma. Urano sucumbió ante su hijo Cronos. Y Cronos, ante su hijo Zeus. Al nacer, su madre Rea lo ocultó, ofreciendo a su esposo una piedra envuelta en pañales. Ya se había comido a cinco hijos anteriores. Posteriormente Zeus forzó a Cronos a vomitar la piedra y a sus cinco hermanos. Y en venganza lo despojó de su olímpica masculinidad, arrojándolo al abismo más oscuro y profundo.
Al otro lado del espectro, el filicidio, encuentra su manifestación arquetípica en la historia de Abraham. Cuenta la Biblia que Dios le ordenó que como muestra de su fe diera muerte a su hijo Isaac. Su incondicional obediencia hizo que la sangre de Isaac no llegara al río y que la fe del patriarca centenario fuera renovada.
El Código Penal vigente no habría considerado como parricidio el asesinato del padre natural de Edipo. Simplemente, porque el hijo no sabía en realidad que mataba a su padre. El oráculo le había dicho a Layo que sería muerto por su propio hijo. Es así que ató los pies de su hijo recién nacido y lo abandonó para que muriera en una montaña solitaria. Un pastor lo recogió y le puso por nombre Edipo, que quiere decir "pies hinchados". Años más tarde, enterado Edipo de la profecía huye para no hacer daño al buen pastor. Pero en el camino, se encuentra con su padre biológico, Layo, y confundiéndolo con un ladrón le da muerte.
Julio César corrió la misma suerte. Y cuando Bruto, su hijo adoptivo, se presenta frente a él con la daga en la mano, al padre no le quedaron más fuerzas sino para musitar el ya famoso y triste emblema del parricidio: "También tú, hijo mío".